La historia de amor de unos cisnes que ha conmocionado a las redes sociales

Ya hay miles de peticiones a Disney para que haga una película de una cisne en el lago del parque de Hampstead Head en Londres

La cisne viuda y su nuevo amor en el estanque de Hampstead Heath en Londres
La cisne viuda y su nuevo amor en el estanque de Hampstead Heath en LondresLa RazónArchivo

En tiempos de coronavirus, todos estamos rodeados de historias tristes, pero una pequeña cisne ha conseguido cautivar en los últimos días la imaginación de miles de personas y mostrarles que, a veces, con el tiempo, un pequeño gesto puede cambiar para siempre nuestra suerte. El amor, dicen, nunca muere, sólo se trasforma. Esta es la base de la esperanza, saber que siempre hay un mañana. Sino, siempre estaríamos encerrados en nuestras historias tristes. Y esta cisne es un maravilloso ejemplo.

La historia se remonta a hace cuatro años, pero ahora los responsables del parque donde vive la cisne, en Hampstead Head, al norte de Londres, lo han compartido en un hilo en twitter y han puesto una sonrisa en el corazón de miles de personas, convirtiéndolo en un fenómeno viral. “¡Queremos la película de Disney!", exclaman sus seguidores, porque de verdad lo tiene todo para ser el próximo gran éxito de Pixar.

La hermosa ave conoció a un cisne macho en el lago y, como ocurre en estas situaciones, al ser cisnes animales que se aparean de por vida, empezaron a construir un nido. Siempre se les veía juntos, volando por las inmediaciones del parque y nadando por la tarde en el lago, sin nada que hacer salvo su mutua compañía. Un día, mientras volaban juntos, él se chocó incomprensiblemente con la chimenea de un edificio y al caer murió. Ella, desorientaba, no sabía dónde estaba y volvió triste al lago. Regresó al nido que habían hecho y allí puso seis huevos que todavía no habían sido fecundados. No dijo nada, no hizo sonido alguno, ni siquiera un tenue sollozo, sólo un silencio que la envolvió por completo.

Su tristeza era enorme. Siempre iba sola, cabizbaja, y los esfuerzos de los responsables del parque de encontrarle un nuevo cisne se encontraron con el rechazo más absoluto de ella, que sacudía fuerte sus alas si otro cisne se acercaba.

Durante cuatro años, volaba por las inmediaciones del parque como si todavía estuviese buscando a su viejo compañero. Y poco antes de que estallase la crisis del coronavirus y comenzase el confinamiento, los responsables del parque trajeron al lago una pareja de jóvenes cisnes. Al ser aves territoriales, no sabían cómo respondería la cisne, pero lo cierto es que desde que apareció la joven pareja, la cisne desapareció. Nadie sabía donde estaba y muchos hasta afirmaban que había muerto de tristeza.

Dos días después, los cuidadores del parque recibieron una llamada de una mujer que vivía a escasos kilómetros del parque. Aseguraba que tenía un cisne que se había quedado atrapado en su tejado y no sabía lo que hacer. Los vigilantes fueron a la casa y confirmaron que era la cisne viuda. Llamaron al santuario de cisnes para que vinieran a rescatarla y lo hicieron. Llevaron a la pobre ave del techo a la furgoneta, donde la trasladaron al santuario, en una bolsa azul de Ikea.

En el santuario, la dejaron en la enfermería, donde había un cisne malherido desde enero. Una guerra territorial había hecho que acabase con dos anzuelos de pesca atrapados en el cuello y todavía seguía su convalecencia. Cuando llegó el lunes y prepararon todo para devolver a la cisne a Hampstead Heath, el cisne se puso entremedio e impidió que se la llevaran. Cuando por fin lograron apartarle a un lado y cogerla a ella, la cisne empezó a graznar desesperada. Los vigilantes estaban desconcertados. Estaba claro que los dos cisnes parecían haber alcanzado algún tipo de conexión, como una historia de amor desesperado entre dos almas tristes.

Los responsables del parque, ante la visión de aquella romántica maravilla, decidieron que llevarían a los dos de vuelta al parque. Los metieron de nuevo en bolsas azules de Ikea y los dejaron en el pequeño lago o estanque. Allí construyeron un nuevo nido lejos de la joven pareja de cisnes y ahora se les puede ver nadando tranquilamente con sus seis crías. Nos guste o no, a veces la vida nos impide confinarnos en nuestras historias tristes y nos da una segunda oportunidad.

Las cuidadoras llevando a nuestros cisnes en bolsas de Ikea de vuelta al lago
Las cuidadoras llevando a nuestros cisnes en bolsas de Ikea de vuelta al lagoLa RazónArchivo