¿Por qué la extrema derecha está obsesionada con la película "Break Dance 2: Electric Boogaloo”?

Grupos radicales pro armas han tomado el nombre de la película de los 80 como broma para remarcar que regresa “la segunda parte de la guerra civil americana”

BREAKIN' 2: ELECTRIC BOOGALOO, Adolfo Quinones en el centro. A su derecha, MIchael Chambers, en una película de la productora. ©TriStar Pictures
BREAKIN' 2: ELECTRIC BOOGALOO, Adolfo Quinones en el centro. A su derecha, MIchael Chambers, en una película de la productora. ©TriStar PicturesLa RazónArchivo

Si alguien vio en su niñez la película “Break Dance 2: Electric Boogaloo” no entenderá por qué iba a estar esta película asociada con la extrema derecha. Pero lo está, hasta tal punto que el grupúsculo más extremista y radical de la nueva ultraderecha estadounidense se llaman “boogaloos”. Todo empezó como una broma. Muchos consideran aquella segunda parte como una de las peores de la historia y se ha asociado a lo malas que son todas las continuaciones que buscan rascar de forma fácil el dinero de los fans. Los radicales han tomado esta idea y han empezado a hablar de “La guerra civil: electric boogaloo” por el cariz que va tomando el país estadounidense. A partir de allí se les ha quedado el nombre de “boogaloos bois”. ¿Es serio que una broma de nombre a un grupo violento? No, no lo es, el absurdo es completo, pero el daño de sus acciones sigue siendo fatal.

Su nombre ha corrido como la pólvora en las redes sociales y sus actuaciones, en medio de las protestas por la muerte de George Floyd y el movimiento Black Lives Matter, ya han provocado graves altercados. Su nombre completo sería anti-government boogaloo. Aseguran que el Gobierno intentará confiscar las armas de la población y entonces, como reacción, nacerá la segunda guerra civil. En principio, su ideología no es estrictamente supremacista blanca, pero muchos de estos se han añadido. La diferencia es que los boogalos centran sus obsesiones bélicas contra el gobierno y los liberales, no contra grupos raciales.

Su popularidad ha crecido en el último año y según los últimos estudios, más de 20.000 personas se han unido a grupos de facebook que preconizan sus ideas sólo entre el pasado marzo y abril. En dichos grupos se encontraron discusiones sobre estrategias tácticas, armas y creación de explosivos. Ha llegado a tal extremo que Facebook ya ha afirmado que no recomendará dichos grupos a otros usuarios de su red social. La semana pasada, por ejemplo, dos de los tres detenidos en Las Vegas por planear actos de violencia contra las protestas antiracistas participaron en algunos de estos grupos.

La película “Break dance 2: Electric Boogaloo” se estrenó en 1984 por la icónica productora Cannon, que se especializó en grandes producciones de serie b de la época. La primera película “Break dance” era un producto que quería capitalizar la popularidad de esta nueva rama de baile y presentaba a tres personajes principales, Ozono, Turbina y Kelly. Ellos eran bailarines callejeros y ella una estrella en ciernes del ballet. Al final, unían sus mundos y conseguían revolucionar los escenarios. Entre los personajes figuraba un joven Ice-T haciendo de mc y dj. El éxito fue instantáneo y en seguida se puso en marcha la producción de la siguiente película. En esta ocasión, la historia era más sencilla. Ozono y Turbina dirigen una especie de gran centro cultural donde la gente del barrio va a bailar, pintar y actuar. Los poderes económicos entonces intentarán tirar el edificio abajo para construir un centro comercial. El objetivo de los protagonistas será impedirlo. ¿Cómo lo conseguirán? Como no, bailando, recaudando fondos en una especie de proto crowdfunding que hará bailar hasta a los trajeados hombres blancos. En la banda sonora había grandes canciones como “Din Daa Daa”, de George Kranz, “I believe in the beat”, de Carol Lynn Towes, y por supuesto la homónima “Electric boogaloo”, de Olly & Jerry.

La respuesta del público no fue tan entusiasta como en la primera parte. La sensación es que era lo que se llama un “crash grabber”, un producto para exprimir lo que está de moda antes de que ésta pase. Sin embargo, sigue teniendo grandes números de baile y respira el mismo espíritu naive que la primera. Si “Beat street” mostraban el lado oscuro y marginal de la nueva cultura hip hop de la costa este, “Brakin’”, su título en inglés, quería ser una propuesta más colorista y luminosa que enseñase el poder transformador de la nueva cultura.

A partir de entonces “Boogaloo” entró a formar parte de la cultura popular como intento desesperado de hacer dinero rápido y ha dio parodiado en el cine y en la televisión infinidad de veces. Ojalá la guerra civil que anuncian estas milicias de extrema derecha se resuelva con una batalla de baile.

Los que no entienden qué demonios está pasando son los protagonistas de la película, los bailarines Adolfo “Shabba-Doo” Quiñones, que interpetaba a Ozono, y Michael “Boogaloo Shrimp” Chambers (Turbina). “Esto sólo demuestra el momento más extraño que nos ha tocado vivir. Es realmente bizarro. La verdad es que he visto cómo han utilizado la palabra en todo tipo de contextos durante estos años, por lo que no me sorprende, pero sigue siendo extraño”, afirmaba Quiñones, cuya carrera incluye videoclips de Madonna, la serie “Corrupción en Miami” y películas como “Lambada” o “Tango y Cash”.

Para Quiñones, los que ahora se denominan Boogaloo bois, “no tienen nada que ver con bailarines callejeros”, así que no ve ninguna relación entre el título de la película y lo que representan. “La estupidez es la estupidez, da igual el nombre que utilices para describirla”, concluyó. “Espero que, de una forma y otra, las resoluciones pacíficas de la humanidad prevalecerán y podamos enseñar nuestros colores como hijos de Dios”, aseguró Chambers, ahora un devoto cristiano.

Lo cierto es que el término “boogaloo” entre grupúsculos de la extrema derecha se inició hace unos 15 años, pero ha sido en el último año en que su popularidad se ha disparado. En sus inicios, “boogaloo” quería significar algo extraordinario, fuera de lo común, y que su utilización por las ramas extremistas era un intento de dar un toque moderno y “cool” a sus atávicas ideas. La verdad es que volver a ver “Break dance II: electric boogaloo” sigue siendo un magnífico placer culpable. Esperemos que nadie lo estropee.

Una de las mejores escenas de la película, con el baile de “Din DaDa”