«El mundo post-covid será distinto, este virus obliga a pensar y a desapegarse de lo irrelevante»

Entrevista Francesc Torralba, filósofo, teólogo, peadagogo y autor de «Vivir en lo esencial. Ideas y preguntas después de la pandemia» (Plataforma Editorial)

Francesc Torralba acaba de publicar "Vivir en lo esencial. Ideas y preguntas después de la pandemia"Mireia Torralba

De todo lo que vivimos, ¿qué es lo que realmente importa? En un mundo que vive a toda velocidad, pasando pantallas como en un videojuego, apenas hay tiempo para hacerse esta pregunta y menos para pensar. Pero hace cinco meses un virus diminuto que no llega a una milésima parte de un cabello humano empujó a la humanidad a confinarse. Francesc Torralba, doctor en Filosofía, Pedagogía y Teología, recuperó horas para pensar. Y de sus reflexiones salió «Vivir en lo esencial. Ideas y preguntas después de la pandemia», un libro que edita Plataforma Actual y en el que tras auditar cómo vivimos, habla del futuro desde una nueva mentalidad.

– Las crisis plantean muchas preguntas. ¿Corren buenos tiempos para los filósofos?

-El confinamiento ha sido una parada. Y esto, en un mundo acelerado y lleno de estímulos, es una oportunidad para pensar. Pensar es un proceso lento, que requiere quietud. En casa, hemos podido dar vueltas a la manera en cómo queremos vivir, trabajar o consumir. Esto nos pasa a todos, no sólo a los filósofos.

-También a los enfermos que han estado solos en la cama de un hospital.

-El confinamiento ha dado pie a la reflexión. Y a veces esto es peligroso, porque cuando una persona da vueltas a cómo vive, a las relaciones que tiene, a si el trabajo le llena o no, empieza a darse cuenta de que su vida quizás no es como quería o que es un asco. Pensar es un proceso revolucionario. Pero la velocidad en la que estamos inmersos es una vía de escape, sobre todo, cuando tenemos tantos estímulos, series y miles de mecanismos de evasión que permiten obviar el ejercicio de pensar

-Desde el inicio de la pandemia, hemos vivido una montaña rusa emocional. ¿Qué actitudes ha observado?

-Además de pensar, la pandemia nos ha hecho sentir. El virus nos ha privado de la libertad y este veto genera un montón de emociones tóxicas: indignación, desasosiego o rabia porque ves frustrados muchos proyectos. Pero una vez aceptada la situación, surgen otras emociones y miramos de extraer lo mejor del contexto: he ganado tiempo con el teletrabajo, puedo conversar más con mis hijos, he reconocido a vecinos. Habrá personas que dirán que no ha estado tan mal y otras que añorarán el mundo perdido, porque el mundo que viene será diferente.

-¿No recuperaremos nuestra antigua normalidad?

-El mundo tras la pandemia será distinto. En vez de coger trenes y aviones para reunirnos cinco personas en Madrid, nos reuniremos a través de una app. Ya veremos como se reinventa el teletrabajo para que el hogar no sea una extensión de la oficina. La digitalización ayuda a prevenir una crisis ecológica.

-¿Nos tomaremos en serio en calentamiento global?

-Aprender requiere un esfuerzo. Para aprender una nueva forma de vivir, hemos de experimentar crisis que nos pongan de manifiesto que nuestro sistema hace aguas por todos lados. Las crisis cuando son bien digeridas son como despertadores, igual pasa en las crisis de pareja o de trabajo. Pero si uno mira hacia otro lado o piensa que la crisis ha estado coyuntural y podemos continuar viviendo cómo vivíamos, cronificas el problema en vez de responderlo.

-En esta crisis hay personas que han perdido a un ser querido y otras que su mal mayor ha sido estar confinado. Pero vivir en una sociedad que fluye tan rápido, ¿hace que corramos el peligro de olvidarlo todo?

-Hay una amnesia acelerada de la enfermedad y la muerte. Me gustaría pensar que el retorno a la frivolidad es imposible. Hemos visto gente sola, intubada, sufriendo. Pensaba que dejaría huella y sería un revulsivo. Pero esto ha tocado de manera desigual. Hay gente que sólo lo ha visto en televisión batas blancas desesperadas y cifras, pero si no toca de cerca el aprendizaje es más difícil. Los que han perdido al padre o un amigo del alma, saben que es importante cuidarse y cuidar a los vulnerables.

-No todos los valores son negativos, hay valores positivos ¿con cuál se queda?

-Con la ductilidad, es imprescindible. Hablamos de solidaridad o tolerancia, pero en contextos tan variables, las organizaciones que se han adaptado a un nuevo contexto sobrevivirán.

-¿Cómo ofrecer un relato esperanzador con actitudes como la de Estados Unidos que se ha lanzado a comprar todo el redemsivir, el primer tratamiento aprobado contra la covid-19?

-Cuando ves estupideces y actitudes egoístas es fácil caer en el desánimo y el escepticismo. Pero nos ha de dar esperanza el potencial que tenemos los seres humanos. Hemos vivido crisis más graves con miles de víctimas y de las cenizas hemos reconstruido sistemas democráticos. Los seres humanos tenemos la potencia de destruir y de construir. Tenemos una capacidad de adaptación que otras especies con urpas no tienen. Pese al gen egoísta que hay en la condición humana, también hay un gen altruista.

-¿Un mensaje para los jóvenes?

Como profesor en la universidad, cada semana me pongo ante 250 jóvenes y veo su desilusión y su escepticismo. No se creen a nadie porque se les ha mentido. Pero no pueden caer en la pasividad. Ellos son quienes pueden construir realidades nuevas. Han de ser críticos sin caer en una actitud de resentimiento hacia la generación que les ha dejado este cubo de basura llamado mundo. Han de crear cosas nuevas y lo han de hacer juntos, porque individualmente son muy débiles. Llorar en la cocina de casa porque soy mileurista y limitarme a ver «Blackmirror» no va a sacarlos de esta situación. Han de tomar conciencia de su potencial y vincularse.

-¿Qué futuro ha imaginado?

-Es fácil pensar en un futuro oscuro, de rastreo digital, de privacidad de libertades, de desigualdades norte-sur y de desastre ecológico. Pero hemos de ser capaces de imaginar futuros luminosos, para trabajar por este objetivo. El contenido de lo que esperamos no es irrelevante, afecta a nuestra acción. Si no esperas nada, no te pones a sudar la camiseta. La esperanza es el motor de la acción.

-Cómo reduciría en una frase la lección que de esta crisis.

-Con el título del libro: «Vivir en lo esencial». Las crisis ayudan a desapegarnos de lo irrelevante,. Te permite depurar la mirada y ver más claro. Lo que cuenta es la salud física y emocional.