Millo: “El independentismo ha descargado toda la rabia de su fracaso en mí”

Entrevista con el exdelegado del Gobierno en Cataluña durante el 1-O

Enric Millo, en una imagen de archivo.
Enric Millo, en una imagen de archivo.

Instalado en Sevilla al frente de la secretaría general de Acción Exterior de la Junta de Andalucía, Enric Millo (Terrassa, 1960) conversa con este diario vía telefónica tras haber publicado “Derecho a saber la verdad” (Península). En el libro explica con detalle su experiencia al frente de la Delegación del Gobierno en Cataluña durante la fase más frenética del “procés” que culmina con el 1-O, la declaración de independencia y la aplicación del 155 en octubre de 2017. Desgrana sus actuaciones y encuentros con el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, y los líderes independentistas y trata de desmontar el relato creado por el separatismo.

Cuando asumió el cargo de delegado, era consciente de que la situación era complicada, pero ¿se imaginaba un desenlace como el que hubo?

Había sido portavoz del grupo parlamentario del PP entre 2010 y 2016 y conocía la situación, los movimientos y los personajes que había al frente y sabía la dificultad que entrañaba.

¿Llegó a temer realmente por un conflicto civil, como deja entrever en el libro?

Sí, la verdad es que la situación se llevó hasta tal extremo de confrontación que podía haberse dado perfectamente una situación de conflicto civil en las calles. Para mí un objetivo primordial era evitar que esto sucediera. Si de algo me siento orgulloso de aquella etapa de tanta confrontación, es que no tengamos que lamentar la pérdida de ninguna vida humana. Esto que ahora puede parecer exagerado, en aquel momento era perfectamente factible porque disponíamos de información que indicaba que en algunos núcleos separatistas había personas que consideraban que la única manera de conseguir llegar a la independencia es a través de la violencia, aunque costase vidas humanas. Y esto hoy aún existe.

Usted tenía relación con Carles Puigdemont desde hacía años. ¿Se esperaba que llegaría hasta el final (el 1-O y la DUI) al frente de la Generalitat?

Yo conocía a Puigdemont de Girona, porque él era alcalde y yo era presidente provincial del PP y habíamos tenido algunas negociaciones en el ámbito municipal. La relación había sido cordial. Se alegró de que me nombraran delegado del Gobierno porque nos conocíamos personalmente. Mi primera llamada fue a él. Le dije que nos teníamos que ver y reconducir la situación. Durante los primeros meses de mi mandato, entre noviembre de 2016 y marzo de 2017, hubo una serie de reuniones que explico en libro con mucho detalle en que Puigdemont, mirándome a los ojos, me decía estar dispuesto a frenar y desactivar la convocatoria de un referéndum ilegal si era posible negociar cuestiones competenciales, de gestión de la Generalitat.

¿Le dio credibilidad?

Esto dio esperanza porque parecía que era sincero en ese planteamiento, pero con el paso del tiempo comprobamos que era falso. El Gobierno siempre estuvo dispuesto a dialogar, pero nunca a autorizar un referéndum. Yo siempre he pensado que ellos creían que el Estado al final cedería para el referéndum, pero pese a las advertencias de que el Estado no iba a ceder ni cedió, pasó lo que pasó.

¿Preveía cargas el 1-O?

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado actuaron el 1-O bajo mandato judicial. Si las personas que estaban en los colegios concentradas no se hubieran enfrentado a la policía para impedir su actuación, esas imágenes hubieran sido muy diferentes. No sabíamos qué pasaría el 1-O, exactamente. Había dos escenarios: por un lado, que los Mossos d’Esquadra cumplieran con su compromiso y a primera hora de la mañana del 1-O mantuvieran los colegios cerrados, aunque era poco probable; por otro lado, que los colegios hubieran estado cerrados desde el viernes. No es lo mismo ver a la policía intentando abrir camino para cumplir con la orden judicial que consistía en incautar el material electoral, que si hubiéramos visto los colegios cerrados y custodiados por la policía y viendo a personas intentando entrar. La imagen sería la contraria.

Pero guarda, sobre todo, un mal recuerdo de la actitud de Puigdemont de ese día.

La peor imagen del 1-O para mí es cuando el entonces president Puigdemont aparece en rueda de prensa a media mañana para hacer un irresponsable llamamiento a la población para que se dirigiera de nuevo a los colegios electorales no para votar, sino para defender los colegios y las urnas. Hizo esa comparecencia tras haberle pedido públicamente que suspendiera la convocatoria del referéndum ilegal. Este llamamiento era una clara indicación a enfrentarse con los cuerpos de seguridad. Pretendía obtener imágenes de confrontación violenta para ser usadas políticamente con posterioridad. Eso para mí es muy perverso e irresponsable.

¿En qué momento cree que se encuentra el “procés”?

El “procés” tiene dos puntos álgidos con el 1-O y la declaración de independencia, aprobada por Puigdemont. Sin embargo, yo creo que concluye con la moción de censura porque es cuando se retira el 155 al desbloquearse la constitución del nuevo gobierno de la Generalitat y a partir de ahí el nuevo Gobierno de España pone en marcha el contador a cero y pone las bases para intentar empezar a dialogar sobre lo mismo que se había hechos dos años y medio atrás.

¿Cómo ve la mesa de diálogo actual? ¿Cree que puede tener más recorrido que la “operación diálogo” del Gobierno del PP?

Esa mesa de diálogo es un engaño. Es un planteamiento falaz, no hay posibilidad de dialogar nada porque el independentismo mantiene la misma posición que antes del 1-O. Es un camino que ya se ha recorrido y ya sabemos cómo acaba.

¿Cree que va a acabar igual?

No, necesariamente, porque no evolucionará de la misma manera. Por eso digo que es un engaño porque creo que ahora mismo los grupos independentistas tienen claro que no van a retroceder ni modificar sus objetivos, ni tampoco se arrepienten de lo que hicieron. Lo volverán a intentar, aunque de manera diferente. Sería absurdo que cometieran los mismos errores y han aprendido la lección. Han visto cuáles son los caminos que no pueden recorrer y van a abrir nuevos caminos aprovechándose de la debilidad que tiene el Gobierno. Ellos están ganando tiempo para reorganizarse y refinanciarse e intentarlo de nuevo de manera mas imaginativa y efectiva.

¿Cuál es el camino, si ese ya se ha recorrido?

Hay unas premisas a las que no se puede renunciar. En política siempre he pensado que el diálogo es una herramienta fundamental. La primera premisa es que cualquier diálogo tiene que establecerse siempre dentro de la aceptación por ambas partes del cumplimiento del marco legal y esto hoy en día no se da de manera explicita. En segundo lugar, el paquete de medidas que se dio para frenar el golpe debería haber tenido continuidad en el tiempo después del levantamiento del 155. Y, en tercer lugar, creo que es imprescindible que se produzca un gran acuerdo entre las fuerzas constitucionalistas para estar unidos ante este desafío.

¿Por qué cree que quedó tan señalado por el independentismo? Los delegados del Gobierno hasta ese momento habían tenido perfil bajo.

El independentismo me ha puesto como diana para descargar sobre mí toda el odio y la rabia de su fracaso. Es decir, el independentismo no ha reconocido públicamente su fracaso. Planteó un pulso al Estado y perdió. Me ha señalado a mí como responsable de su fracaso. Además, en mí caso, como soy nacido en Cataluña y catalanoparlante, se perdona menos que defienda la unidad de España.

Continúa con escolta.

Sí.

¿Ha mantenido contacto con algún preso independentista?

No. Mantuve contacto con alguno antes de que entrar en prisión, pero, desde entonces, no he vuelto a tener.

¿Estaría a favor de un indulto?

Creo que quien quiera un indulto, lo tendrá que pedir y que las autoridades decidan. Como siempre, me he pronunciado a favor del respeto a las sentencias judiciales y no me voy a posicionar sobre ello.