“Los ensayos son mi única esperanza. Que la investigación no pare ni por la pandemia»

Pese a la crisis sanitaria, el dar continuidad a los estudios ha sido prioridad

Cristina Gutiérrez participa en un ensayo oncológico que se desarrolla en el VHIO
Cristina Gutiérrez participa en un ensayo oncológico que se desarrolla en el VHIO FOTO: 'la Caixa'

«Creo que he tenido todos los tipos de cáncer de mama posibles y ahora mi única esperanza para continuar viviendo el día a día son los ensayos clínicos», señala Cristina Gutiérrez, quien en estos momentos está luchando contra su cuarto tumor. «Estos estudios representan el poder vivir dignamente y con calidad de vida», asegura.

Su batalla contra el cáncer arrancó en 2005, cuando le diagnosticaron un cáncer de mama, del que se recuperó para recibir un nuevo varapalo seis años después tras detectarle un tumor en la otra mama. En 2013, llegaron de nuevo malas noticias con el diagnóstico de un nuevo tumor en la trompa de Falopio y en 2018, cuando parecía completamente curada y estaba a punto de recibir el alta médica, una metástasis ganglionar dio al traste con sus esperanzas de poder dejar atrás la enfermedad. Tras haber pasado ya por varias cirugías y múltiples y durísimas sesiones de tratamiento y puesto que no existe cura para el cáncer de mama metastásico, a Cristina le quedaban entonces dos opciones para seguir plantando cara al cáncer: o continuar con las sesiones de quimioterapia o entrar a formar parte de algún ensayo clínico.

«Tenía claro que ya no quería más quimioterapia, así que opte por entrar en un estudio que se estaba desarrollando en Bellvitge. Éste me funcionó durante los primeros nueve meses y después, nada, así que me derivaron al Hospital Vall d’Hebron. Ahí participé en un primer ensayo, que tampoco me fue bien, y desde hace 10 meses estoy en el segundo y por ahora la enfermedad está controlada», explica Cristina, quien matiza que “ayer hice mi tratamiento número 15 y, aunque parece que por ahora está funcionando, no sabemos hasta cuándo eso será así». «En cualquier caso, por ahora el cáncer está estable y los efectos secundarios son mínimos», de manera que Cristina puede seguir casi con total normalidad con su día a día, esperanzada con la posibilidad de cronificar algún día su enfermedad, y sin tener que soportar las durísimas y agresivas sesiones de quimioterapia que, en otro momento, le dejaban hecha polvo.

Así pues, para ella y para otros tantos pacientes en quienes los tratamientos convencionales se han demostrado ineficaces, los ensayos clínicos son de vital importancia, no solo porque gracias a éstos se producen revolucionarios avances médicos y se descubren nuevos fármacos, sino también porque formar parte de ellos es muchas veces su única opción de poder seguir luchando y con una mínima calidad de vida. En este sentido, la doctora Elena Garralda, directora de la Unidad de Investigación de Terapia Molecular del Cáncer (UITM) -Fundación ‘la Caixa’, -integrado dentro del Campus Vall d’Hebron- hace hincapié en que «en los ensayos en fase temprana, los pacientes participan sin saber si éste es eficaz y seguro, pero es una ventana de oportunidad de tratamiento para ellos pese a todas las incógnitas que hay detrás». Cristina, por su parte, es consciente de que en un futuro puede llegar a desarrollar efectos secundarios ahora impredecibles por participar en un ensayo en Fase I, pese a lo cual asegura «estar feliz porque me encuentro bien y la enfermedad está controlada» y por ello insiste en que «es vital invertir dinero en investigación» y reclama «que no se pare la investigación, ni por pandemias ni por nada».

Investigar en tiempos de COVID

De hecho, Cristina entró a formar parte del ensayo justo cuando se desencadenó la crisis del coronavirus y, aunque admite que en un inicio tuvo «miedo a tener que entrar con cierta frecuencia en el hospital», asegura que «el entorno hospitalario es seguro para pacientes como ella, que están muy protegidos, como en un búnker». Y es que la mayoría de hospitales han adaptado los protocolos y tomado todas las medidas de prevención necesarias para poder dar continuidad a los ensayos clínicos ya iniciados y arrancar con los nuevos ya programados con total garantías. Sin ir más lejos, la doctora Elena Garralda señala al respecto que «en 2020, en plena pandemia, en Vall d’Hebron alcanzamos la cifra récord de 1262 pacientes incluidos en 256 ensayos, de los cuales 74 se iniciaron durante ese año», pero para poder dar continuidad a esos ensayos y poner en marcha nuevos en el contexto de crisis sanitaria fue necesario «mucho trabajo, mucho esfuerzo y flexibilidad».

«Para que un ensayo funcione se han de garantizar dos cosas: que los pacientes que participan en él puedan venir al hospital con total garantías de seguridad y que se siga a rajatabla el protocolo establecido por la compañía para la aprobación del fármaco», explica la doctora, quien aclara que «para el desarrollo de un fármaco existe una estricta regulación y la industria farmacéutica realiza una monitorización del proceso para comprobar que no se produzca una desviación importante en lo que establece el protocolo aprobado». Así pues, para cumplir con estas dos premisas, por un lado, «Vall d’Hebron estableció un protocolo para que esos pacientes estuvieran en un área libre de COVID» y, por el otro, «dado que esa monitorización y mecanismos de control respecto al correcto desarrollo de los ensayos no se podía llevar a cabo desde el propio hospital, se organizó para que pudiera realizarse desde fuera, en el edificio del (VIHO), en el Campus».

De hecho, la doctora reconoce que «muchas compañías han frenado el desarrollo de fármacos por no poder cumplir con el protocolo», pero en Vall d’Hebron eso no ha sucedido ya que la estrategia se ha orientado claramente a garantizar la continuidad de esos ensayos «porque retrasar un ensayo supone más tiempo para aprobar un fármaco del que pueden beneficiarse muchos pacientes, así como una pérdida de oportunidades para aquellos que no cuentan con otra alternativa de tratamiento». Y es que tal y como comenta Garralda, “en los ensayos se pueden ver tasas importantes de respuesta. Hay estudios que demuestran que los pacientes que forman parte de un ensayo viven más que los que no».