Las niñas de 9 años y las adolescentes que han sufrido agresión sexual son las principales víctimas de la violencia a la infancia y la adolescencia

La Unidad de Atención a las Violencias hacia la Infancia y la Adolescencia de Vall d’Hebron, que aborda el tratamiento de las víctimas desde un enfoque multidisciplinar e incluyendo a la familia cuidadora, atendió 304 nuevos casos en 2021, el 81% de los cuales fueron por agresión sexual

Giuliana Ríos, trabajadora social sanitaria, Anna Fàbregas, pediatra, y Mireia Forner, psicóloga clínica, diseñan e implementan de forma conjunta un tratamiento personalizado para cada paciente
Giuliana Ríos, trabajadora social sanitaria, Anna Fàbregas, pediatra, y Mireia Forner, psicóloga clínica, diseñan e implementan de forma conjunta un tratamiento personalizado para cada paciente FOTO: Vall d'Hebron

Los casos de violencia sobre la infancia y la adolescencia conllevan una especial complejidad en lo relativo a su abordaje, puesto que la víctima, por su propia edad, puede presentar dificultades a la hora de identificar y expresar esa violencia y frecuentemente carece de herramientas para gestionar y afrontar la situación, pero también porque habitualmente son personas del entorno más cercano, principalmente del ámbito intrafamiliar, quienes han cometido esa agresión.

Por lo tanto, estos casos requieren de un abordaje multidisciplinar, en el que no solo se contemple un acompañamiento y tratamiento orientado a favorecer la recuperación de la propia víctima, sino que también es imprescindible incluir en este proceso a la familia cuidadora. En esta línea, en 2019, el Departament de Salut diseñó un protocolo de tratamiento de la violencia sobre la infancia y la adolescencia que establecía la creación de equipos multidisciplinares por toda Cataluña, ya que hasta el momento tan solo existían dos unidades de estas características, una en Sant Joan de Déu y la otra en el Hospital Germans Trias i Pujol.

Así fue como en noviembre de 2020 se puso en marcha la Unidad de Atención a las Violencias hacia la Infancia y la Adolescencia en el Hospital Vall d’Hebron, que desde entonces ha realizado 343 nuevas visitas, 304 de las cuales se llevaron a cabo a lo largo del 2021, de las cuales el 81% correspondían a casos de violencia sexual, en los que las niñas de 9-10 años y las adolescentes -que cuando llegan a esta etapa identifican el episodio de violencia que sufrieron cuando eran más pequeñas y lo reconocen como tal- son las víctimas principales.

Esta unidad es un recurso especializado en el abordaje y tratamiento de las violencias sobres la infancia y la adolescencia y, por lo tanto, se caracteriza por apostar por un trabajo multidisciplinar que desarrollan conjuntamente y en constante colaboración profesionales de la pediatría, de la psicología clínica y trabajadores sociales sanitarios, lo que permite llevar a cabo un tratamiento de las posibles secuelas y un acompañamiento a la víctima y su familia cuidadora mucho más eficaz, intenso y de calidad.

Primera visita

Así pues, en una primera visita, los tres perfiles profesionales se reúnen con la familia de la víctima para valorar y diseñar una intervención conjunta, integral y personalizada y, en función de la edad y circunstancias de la víctima, ésta también puede estar presente en esta primera reunión. El hecho de que el pediatra, el psicólogo y el trabajador social participen simultáneamente en esta visita evita que la víctima y sus familiares tengan que revivir lo sucedido múltiples veces y permite al psicólogo valorar cómo se encuentra la víctima y si presenta sintomatología o secuelas por lo vivido, como estrés postraumático, dificultades para dormir, alteraciones en el estado de ánimo...para poder establecer un tratamiento psicológico.

Giuliana Ríos, trabajadora social sanitaria, en consulta junto a la madre de una víctima de agresión sexual
Giuliana Ríos, trabajadora social sanitaria, en consulta junto a la madre de una víctima de agresión sexual FOTO: Vall d'Hebron

Por su parte, el trabajador social sanitario tendrá ocasión de evaluar la situación para diseñar un plan de acompañamiento centrado principalmente en la familia cuidadora de la víctima, ya que ésta no solo ha de enfrentarse al hecho de que ese niño o adolescente ha sido víctima de violencia, sino que además, en el 65% de los casos el autor de esos hechos es alguien de la propia familia y en un 91% se trata de alguien del sexo masculino, de manera que tiene una afectación sobre todo el entorno familiar. Esta es otra de las principales características diferenciales de la Unidad, que no solo se centra en la atención y tratamiento de la víctima sino que también acompaña en este proceso a la familia cuidadora, lo cual, según Giuliana Ríos, trabajadora social de la Unidad de Atención a las Violencias hacia la Infancia y la Adolescencia de Vall Hebron, “es indispensable a la hora de trabajar por la recuperación de estas víctimas, ya que son los que hacen posible la sostenibilidad de esa recuperación”. De hecho, tal y como apunta Ríos, “muchas madres, que son quienes más suelen acompañar a la víctima en el proceso de recuperación y sobre quienes recae un cuidado más intensivo, acaban presentando síntomas de estrés postraumático y ansiedad y si ellas no están bien, no pueden apoyar a su hijo”.

El pediatra también participa en esta primera visita, en la que aún no lleva a cabo una exploración física del paciente, que se pospone hasta el segundo encuentro, en el que también se realiza una analítica para descartar la presencia de enfermedades infecciosas de transmisión sexual, y durante todo el proceso está pendiente de posibles señales físicas que puedan dar muestra de síntomas o secuelas, como la pérdida de peso.

Evitar secuelas

A partir de ahí, los tres perfiles profesionales establecen un plan de actuación conjunto que se prolongará hasta que la víctima esté recuperada y no sufra síntomas ni secuelas que podrían tener un impacto en la edad adulta, para lo cual, son necesarias, de media unas 20 sesiones en los casos moderados, aunque en un 25% de los casos existe polivictimización y eso conlleva una mayor complejidad.

En este sentido, es importante tener en cuenta que “se ha visto que aquellas personas adultas que fueron víctimas de violencia en su infancia y adolescencia y no fueron convenientemente tratadas hacen un mayor uso de los recursos públicos de salud por diferentes patologías”, señala Mireia Forner, psicóloga clínica del Servicio de Salud Mental de la Unidad, quien, en lo que a su ámbito de actuación se refiere, indica que “el tratamiento para las víctimas de violencia en la infancia y la adolescencia se basa en las guías clínicas internacionales, que apuestan por la terapia cognitivo conductual centrada en el trauma”.

Al respecto Forner explica que “básicamente, se trata de generar, en primera instancia, una vinculación con el paciente con el fin de que se sienta seguro y cómodo para a continuación trabajar estrategias de estabilización que le permitan gestionar sus emociones, su ansiedad, el estrés...y a partir de ahí se podrá empezar a abordar el trauma en cuestión”. “Durante este proceso, siempre se incluye a la familia cuidadora, porque es clave para la recuperación de la víctima”, añade Forner, mientras que Ríos recuerda que “con ella, también llevamos a cabo una labor de asesoramiento en todos los procesos que se abren a partir de este episodio de violencia, tanto civiles, como penales...”. “Orientamos a las familias con estos procesos y nos coordinamos con Justicia, Interior y otros servicios de apoyo y dispositivos que intervienen en estos casos”.

Un único testimonio

En definitiva, la Unidad de Atención a las Violencias hacia la Infancia y la Adolescencia de Vall d’Hebron, que arrancó con una pediatra -Anna Fàbregas-, una psicóloga clínica y una trabajadora social sanitaria y desde el verano ha duplicado la plantilla para poder atender la elevada demanda, basa su labor en tres pilares: la credibilidad absoluta hacia lo que verbaliza la víctima, la protección inmediata de ese menor y el acompañamiento emocional, psicológico y social, tanto de la persona afectada como de su familia cuidadora, y eso ha mejorado la atención y recuperación de los pacientes y ha facilitado el trabajo de los profesionales que la forman, quienes, sin embargo, desearían dar un paso más hacia una atención aún más especializada que, además, permita reducir la victimización secundaria.

“Hace año y medio, en Tarragona, se puso en marcha un plan piloto que consiste en una casita a la que se desplazan los profesionales de Justicia, de los Mossos de Esquadra, de Salud, de los Servicios Sociales... para reunirse allí con la víctima de violencia para escuchar su testimonio, de manera que ésta no ha de explicar lo sucedido más de una o dos veces, como máximo, y además podrá hacerlo en un entorno agradable para ella”, explica la doctora Anna Fábregas, adjunta del Servicio de Pediatría y Coordinadora de la Unidad, quien al respecto comenta que “está previsto implementar esta iniciativa en 13 zonas de Cataluña y esperamos que en Barcelona se pueda hacer lo antes posible, tal y como ya se anunció”.