David Viñas Piquer: «La teoría de la novela ha fracasado ante una definición de género»

Publica «Quédate más tiempo» (Destino) donde convierte en novela el alzhéimer que padece su madre

David Viña Piquer es el autor de "Quédate más tiempo"
David Viña Piquer es el autor de "Quédate más tiempo" FOTO: Miquel Gonzalez Miquel González / Shooting

Hasta ahora David Viñas Piquer había publicado ensayos sobre Jorge Luis Borges o Josep Pla, pero en «Quédate conmigo» se acerca a una enfermedad como es el azhéimer a partir de la experiencia de su madre. Todo ello lo hace en una novela que acaba de publicar Destino.

Ha escrito un libro que se construye a base de fragmentos. Define «Quédate más tiempo» como una novela. ¿Realmente es una novela?

Es muy interesante que esto se plantee en pleno siglo XXI. ¿Lo es «Pedro Páramo» que está hecha en fragmentos? Aquí hay una ficcionalización muy bestia de la realidad, pero también hay tres líneas narrativas: la historia de mi madre, la de amor totalmente inventada de dos residentes y una autoficción. Lo único que no convierto en ficción es lo que se refiere a mi madre, pero el resto sí lo es. Es una novela.

¿Es autoficción?

Sí, lo es y me sirve para hablar del vértigo que le provoca a un narrador que no sabe si es novelista. Son las dudas de un novato. Hasta ahora yo me sentía más seguro con la armadura académica. Ahora he notado el cambio y lo que supone desnudarme emocionalmente. Con la ficción miento mucho, así que muchos se han quejado por cómo salen aquí. Los paso por el filtro. Pero es que lo que hago es sacrificar la realidad por la literatura. Por eso reivindico que es una novela.

Muchas veces la crítica ha dicho de un libro que no es una novela pese a que su autor así lo afirma.

Sí, así es. Yo contestaría preguntando de manera incómoda: entonces, ¿qué es una novela? La teoría de la novela ha fracasado ante una definición del género. Todavía estamos situados donde los románticos nos dejaron con frases como «la novela es el reino de la libertad», «es la máxima culminación de la anarquía», «la única norma que respeta la novela es la de transgredirlas todas»... Es una retórica vacía y todavía estamos instalados ahí.

¿Escribir este libro ha tenido para usted un valor terapéutico?

No había pensado en esto. Es un libro que nace de la perplejidad de un hijo ante una enfermedad que veo que los médicos no controlan, que me explican cosas que son misteriosas y que resultan ser otras. Comienzas a dudar de que realmente sea cierto todo lo que te cuentan. Así que ante esta perplejidad de una enfermedad que parece que se lleva a mi madre, pero no es así, intento encontrar respuestas. Muchas cosas que me han anunciado los médicos no han pasado y es algo que cuento en la novela. Durante un año y medio, mi madre estuvo en una silla de ruedas y tuvo que ser ayudada para comer. En la actualidad, camina y come sola, pese a que los médicos me dijeron que se quedaría en la cama. Por otra parte, mi madre se pasó toda la vida pidiéndonos que no quería ir a una residencia, aunque finalmente la hemos ingresado en una.

¿Qué impresión tuvo usted cuando vio la residencia?

Como no puedes interactuar mucho con una persona en el estado en el que está mi madre, empecé a ver a los residentes como personajes literarios. Vi una potencia literaria en ello. El mundo de las residencias es muy especial y muy desconocido. En estos momentos el dueño de alguna de las residencias que sale en el libro lo está leyendo. Es curioso porque está desconcertado porque identifica a alguno de los residentes, pero lo modifico. La literatura es un juego con una cierta trascendencia. Durante el confinamiento no pude ver a mi madre, así que escribir sobre ella era invocarla y era una manera de estar a su lado.

En «Quédate más tiempo» habla también de la diferencia entre alzhéimer y demencia senil.

Hay un hilo muy fino que las separa. Mucha gente dirá que no le interesa un tema como el alzhéimer sin saber que están abocados a tener un caso en su familia. Mucha gente ya me ha escrito diciéndome que su padre está en una fase que es demencia. Durante mucho tiempo el neurólogo no nos decía que mi madre tenía alzhéimer sino demencia, pese a que era muy evidente que lo que tenía era lo primero.

¿Puede haber gente que se de cuenta de que padece alzhéimer?

Sí y ¿sabe como reaccionan estas personas? Poniéndose a la defensiva, excusándose ellos mismos ante un comportamiento que ven que se les escapa de las manos. A mi madre, cuando le hacían un test, ya se excusaba asegurando que no había estudiado eso y que iba a salir mal. Se avanzaba al resultado por si salía mal. Era ponerse la venda antes de la herida. Es tamos ante una enfermedad que es muy cercana.

¿Puede hacer algo la literatura?

Creo que los recursos literarios, si se aplican bien, pueden transferirse a otros casos. No es mi madre sino los casos de los demás.