Estamos de moda: España

El Juan Sebastián De Elcano en su primera jornada de eventos en la ciudad de Barcelona.
El Juan Sebastián De Elcano en su primera jornada de eventos en la ciudad de Barcelona. FOTO: Armada española

Llamé al stand del Ejército de la Fira d’Enseñament porque sabía que ese día iba mi hija Irene. “Teniente, como cada año hemos tenido que reforzar el personal, es una locura el stand desde que abrimos hasta los topes”. Yo mismo fui testigo otros años mientras otros centros de formación perseguían a los alumnos para entregarles folletos, nosotros acabábamos cada día todo el merchandising. Más de nueve mil consultas realizadas, de largo el que ha despertado más interés.

Ya no es una sorpresa, como tampoco las colas kilométricas para visitar el Juan Sebastián Elcano en nuestro muelle, la previsión doce mil visitas, previsión desbordada. Me comentaba un mando del buque que no recordaban nada parecido a lo sucedido en Barcelona y sobre todo lo que les decían los catalanes, el ansia de que volvieran pronto, de volver a tener entre nosotros esta embajada flotante.

¿Y qué decir del partido de España celebrado en el estadio de mi equipo? La cantidad de gente joven con banderas, con sus cánticos, con una pasión desbordada después de tantos años de no ver a la selección aquí en Barcelona. ¡Barcelona con la Selección!, como reza el nombre de esos chavales, transversales, apolíticos, futboleros y españoles.

Imagino que para disgusto de más de uno y de una, se ha normalizado sentirse español y cualquier oportunidad es buena para demostrarlo. Me lo dicen mis hijos que tienen 17, 19 y 20 años. “Papá, España está de moda. Son muchos los jóvenes de nuestra generación, muchos incluso hijos de padres independentistas que están hasta el gorro de las imposiciones, de que les digan cómo y en qué idioma tienen que hablar, que les impongan unos símbolos con los que fracasaron sus propios padres en un intento que además nada tuvo de épico ni heroico”.

Los jóvenes que se acercan a nuestros soldados, a nuestros barcos, a nuestro equipo con normalidad, han comprendido que se puede ser catalán, muy catalán y al mismo tiempo no sólo no odiar, sino querer a España.