Cómo entender “Tenet” y no morir en el intento

Tenet, la última película de Christopher Nolan, está causando más de un dolor de cabeza. En este artículo explicaremos todo lo que tienes que saber sobre su ciencia.

Christopher Nolan es un director con firma propia. Cada fotograma de sus películas tiene su impronta, una huella que no gusta a todos, pero que ha cosechado un buen número de fans que esperan encontrar reflexiones profundas, juegos mentales y guiones enrevesados. Si ese es tu caso, te aseguro que disfrutarás de Tenet. Pero disfrutarla no significa entenderla, y ahí es donde entra la ciencia.

No es la primera vez que Nolan coquetea con la física. La película Interstellar popularizó complicados conceptos de astrofísica y relatividad general. Gracias a ella a la gente le suena que las inmediaciones de un agujero negro como Gargantúa, el tiempo avanza a otro ritmo, por ejemplo. De hecho, Interstellar cuidó tanto su rigor que de ella derivaron varias publicaciones científicas de altísimo nivel. Pero entonces: ¿qué tengo que saber para entender Tenet?

Durante la película, los personajes se explican entre sí cómo funciona la tecnología que tienen entre manos. Unos dispositivos capaces de dar la vuelta a objetos y personas de tal modo que, en lugar de avanzar hacia adelante en el tiempo, como de costumbre, viajen hacia el pasado. Algo así como si viéramos el mundo rebobinar a nuestro alrededor. Durante estas conversaciones se nombran multitud de conceptos físicos que agrupan en dos: lo relacionado con la física cuántica, y la segunda ley de la termodinámica.

La flecha del tiempo

Lo que dice la segunda ley de la termodinámica es, más o menos, lo siguiente: los sistemas tienden a evolucionar hacia estados más probables. Suena raro, pero imaginemos una baraja de cartas a estrenar, con los palos separados y cada uno en orden ascendente. Si comenzamos a barajarla al azar ¿cómo crees que quedarán? Es muy poco probable que sigan en el mismo orden que al principio porque solo existe una forma en que pueden colocarse para ello. En cambio, hay exactamente doce decillones cuatrocientos trece mil novecientos dieciséis nonillones de otras combinaciones posibles, que en números es, aproximadamente, un 12 seguido de 60 ceros. En otras palabras: es extremadamente improbable que algunas cosas vuelvan espontáneamente a su estado inicial, como los fragmentos de un vaso roto. Este es el motivo por el que el humo se escapa de un cigarrillo, pero nunca vuelve a entrar. Ahora queda más claro qué significa eso de que “los sistemas tienden a evolucionar hacia estados más probables”.

Pues bien, suele decirse que los estados más probables tienen más entropía, una palabra que en Tenet escucharás más de una vez. Y el motivo está justificado, porque es así como invierten el tiempo. Históricamente, los físicos han relacionado el tiempo con el aumento de entropía de un sistema. Con el tiempo un café se enfría, cede su temperatura al entorno y queda bien repartida en la sala en lugar de concentrada en la taza. Es como nuestra baraja donde las cartas pasaron de estar separadas por palos a completamente mezcladas.

Estos procesos tienen la peculiaridad de que, si los grabamos y reproducimos marcha atrás, se verán muy extraños. Veríamos cómo un café se calienta solo o cómo se ordena una baraja mezclándola al azar. Al igual que el tiempo solo avanza, la entropía de las cosas solo aumenta, es lo que se conoce como la “flecha del tiempo”, otro palabro repetido en Tenet. La única forma de ver cómo se reduce es esa: rebobinando.

Así que ¿y si pudiéramos invertir esa flecha del tiempo? Si consiguiéramos que la entropía de las cosas se redujera espontáneamente ¿estaríamos viajando en el tiempo? Veríamos cómo unas cenizas se arrejuntan solas robando temperatura al aire para recuperar su aspecto de tronco. Eso suena a viajar hacia atrás en el tiempo, desde luego. Pero ¿cómo conseguirlo? La respuesta, para Nolan, está en la física cuántica.

Aniquilación

La física cuántica habla de cómo se comportan las cosas extremadamente pequeñas, las partículas más básicas que nos forman. Nosotros nos vemos la piel muy continua, pero está hecha de células que a su vez están formadas por moléculas, como las proteínas o las grasas. Estas moléculas, están son agrupaciones de átomos, como el carbono, el azufre, el oxígeno, etc. Durante mucho tiempo se creyó que no había nada más pequeño que los átomos, pero descubrimos que podían dividirse en partículas menores llamadas electrones que rodeaban un núcleo formado por otras, los neutrones y los protones. Para rizar el rizo, y como si fueran muñecas rusas, esos neutrones y protones han resultado estar formados por quarks, aparentemente los ladrillos básicos de la materia.

Pues bien, la física cuántica estudia estos ladrillos fundamentales y aquí vienen otro par de conceptos que salen en la película. Ese electrón del que hablábamos es una partícula que apenas tiene masa, pero cuenta con carga eléctrica de signo negativo. No es importante entender qué es el signo, solo que el electrón tiene un gemelo casi idéntico, el positrón. Y digo casi porque es idéntico en todo salvo en el signo de su carga eléctrica, que es positiva. Esa única diferencia convierte al positrón en lo que llamamos: la antipartícula del electrón. Ten fe, pronto entenderás a dónde nos lleva todo esto, porque en la película sugieren que la forma de invertir la flecha del tiempo de un objeto es convirtiendo a sus partículas en antipartículas.

Nolan deja pequeñas pistas de esta explicación, como que una persona temporalmente invertida no puede tocar a su yo no invertido o se aniquilarían. Curiosamente, “aniquilar” es como se llama la violenta reacción que ocurre cuando una partícula se encuentra con antipartícula. Ambas desaparecen en el contacto y transforman toda su masa en energía, como una pequeña bomba tremendamente eficiente.

La clave

Pero ¿qué tiene que ver la dichosa flecha del tiempo con las antipartículas? Pues en la película hablan de la “teoría de Wheeler-Feynman”, cuyo oficial es algo más largo, pero que efectivamente existe. Esta teoría incluye una ecuación que responde a nuestras dudas. En ella, entre muchos otros términos, aparece el dichoso tiempo y la carga multiplicándose entre sí. Cuando el tiempo va hacia adelante tiene signo positivo, “llegaremos en +1 minuto” es que nos queda un minuto, pero “llegaremos en -1 minuto” es que llegamos hace ya un minuto. La carga eléctrica que lo multiplica puede ser negativa como en los electrones, o positiva, como en su antipartícula, los positrones. Y lo que sigue es relativamente sencillo.

Si la ecuación es correcta, un electrón que viaje hacia adelante en el tiempo (tiempo positivo) multiplicará un tiempo positivo y una carga eléctrica negativa. Dicho de otro modo: más por menos, que desde el instituto nos han dicho que da como resultado otro menos (1x-1=-1) Y aquí viene la magia, porque entonces, un positrón (con carga positiva) viajando hacia atrás en el tiempo es “menos por más”, que también da “menos” (-1x1=-1). Lo estamos simplificando bastante, pero esa es la idea, el resultado de la ecuación es el mismo y, por lo tanto, un electrón viajando hacia delante en el tiempo sería indistinguible de un positrón viajando hacia atrás. De aquí saca Nolan la idea de que, convirtiendo las partículas de un objeto en antipartículas, le daremos la vuelta a su flecha del tiempo, haciendo que evolucione espontáneamente hacia estados menos probables, reduciendo su entropía.

Pero ¿tiene sentido?

No, en absoluto. Pero tampoco necesita tenerlo, es una película de ciencia FICCIÓN. Sabemos que el tiempo no se invierte solo por reducir la entropía de un sistema, sabemos que la interpretación de Wheeler-Feynman es poco plausible y, sobre todo, sabemos que crear personas hechas de antimateria para rodeadas de materia no es buena idea por eso de la explosión por aniquilación materia-antimateria.

En la película hay incorrecciones científicas, causas incausadas y otros fallos lógicos, pero eso no resta calidad a su historia ni a la forma tan original en que la cuentan, porque se puede ser cinéfilo y cientófilo sin morir en el intento.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La flecha del tiempo no es el tiempo en sí mismo, es un concepto de termodinámica. También existe la flecha cosmológica que sigue la evolución del universo o la psicológica, que representa nuestra percepción del avance del tiempo.
  • La antimateria no viaja necesariamente hacia atrás en el tiempo. De hecho, sintetizamos constantemente antimateria en hospitales para tomar imágenes del interior de nuestro cuerpo y no se ha observado nada parecido.

REFERENCIAS (MLA):