Sociedad

La falta de lobos podría debilitar a los grandes herbívoros

Un estudio sobre la prevalencia de la osteoartritis en alces pone en evidencia que la depredación selectiva desempeña un papel importante en la regulación de la salud de las poblaciones de sus presas.

Ejemplar de Lobo Ibérico.
Ejemplar de Lobo Ibérico. FOTO: WWF WWF

La naturaleza es implacable. Cuando el hambre acecha, los depredadores hacen una valoración sobre el riesgo que corren, lo que habrán de esforzarse para conseguir su captura y el beneficio que obtendrán, así que tienden a cazar las presas más viejas, débiles, enfermas o heridas. Al eliminar selectivamente a estos individuos “menos capacitados”, los depredadores pueden desempeñar un importante papel en la regulación de la salud de las poblaciones de sus presas.

El lobo en el punto de mira

Un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad Tecnológica de Michigan y publicado en Frontiers in Ecology and Evolution se ha dedicado a evaluar de qué forma los lobos (Canis lupus) seleccionan a los alces adultos (Alces alces) en el Parque Nacional de Isle Royale en función de la edad y de la presencia de osteoartritis en la presa. Además, han analizado cómo la disminución de muertes de alces por lobos puede favorecer el incremento de esta enfermedad de base genética. Para llevar a cabo el estudio han utilizado los registros de osteoartritis en los alces durante el periodo de 33 años entre 1975 y 2007. En palabras de Sarah R. Hoy, autora principal del estudio: “El descenso de la osteoartritis tras los años de mayor depredación se debe -creemos- a que los lobos eliminaron preferentemente a los alces con osteoartritis de la población”.

En conjunto, estos resultados sugieren que la depredación selectiva desempeña un papel importante en la regulación de la salud de las poblaciones de sus presas. Además, dado que la osteoartritis está influenciada por factores genéticos, también se pone de manifiesto cómo el lobo puede actuar como una fuerza selectiva contra los genes asociados al desarrollo de osteoartritis precoz. Por tanto, estos hallazgos apoyan la reintroducción de estos depredadores para que mejorar la salud de las poblaciones de grandes herbívoros.

Yellowstone y los lobos

Este no es el único caso en el que la reintroducción de los lobos supuso una mejora en un ecosistema. Un estudio llevado a cabo en parque nacional de Yellowstone permitió documentar cómo la reintroducción de estos depredadores mejoró la población de los cérvidos allí presentes, la calidad de los árboles y plantas e incluso modificó el curso de los ríos debido a las diferencias en la actividad de los castores.

En este caso, la presión ejercida por los lobos propició el movimiento de los ciervos por el parque, lo que, a su vez, permitía que las zonas donde estos animales pastaban con más frecuencia se recuperaran y se alzaran nuevos árboles que anteriormente eran devorados sin haber tenido la oportunidad de crecer. La recuperación de la vegetación atrajo a más animales a la zona, desde aves que podían crear más nidos hasta castores que se aprovechaban de la mayor cantidad de madera disponible y podían realizar más presas, necesarias para su reproducción. Los estudios de este tipo son oportunidades únicas para comprender la función de cada una de las piezas de la maquinaria que forman los ecosistemas y su evolución a lo largo del tiempo.

España y los lobos

La población de lobos en la península se ha recuperado de forma exitosa desde que alcanzara su mínimo en los años 70, cuando se estimaba que únicamente quedaban unos 200 ejemplares. Actualmente se realiza un seguimiento tanto por muestras indirectas como las heces como mediante marcaje y se calcula que el número de ejemplares ha aumentado hasta los 2 000 o 3 000.

El lobo ha sido objeto de polémica durante las últimas décadas en España al atribuírsele numerosos ataques al ganado que han causado cuantiosas pérdidas económicas. Y es que el manejo de la población de los lobos es un problema harto complejo ya que su recuperación trae sin remedio un descontento general por parte de los ganaderos, que ven amenazado su medio de vida. Generalmente, los pastores no hallan consuelo en las ayudas ni en las subvenciones concedidas debido al impacto emocional que les genera encontrar la escena posterior a un ataque. Bien es cierto que diversas asociaciones llevan años denunciando, con los estudios realizados por los organismos científicos en la mano, que la mayoría de los ataques a la ganadería los perpetran perros salvajes y no el lobo. A pesar de los argumentos que se aportan, son los lobos los que cargan con la mala fama, lo que los convierte siempre en los primeros sospechosos.

Lo que sí que podemos concluir con los estudios anteriores es que las evidencias apuntan a que el lobo es un elemento clave para el mantenimiento de los ecosistemas, tanto para la salud de los grandes herbívoros que habitan las praderas y montes, como para la salud del propio ecosistema. Por ello es de vital importancia encontrar el punto medio con las partes afectadas y minimizar los daños causados por su presencia.

QUE NO TE LA CUELEN

  • Las diferencias visuales entre los ataques de un lobo y un perro salvaje son prácticamente imposibles de detectar, pero los análisis del material genético pueden ayudar a identificar quién ha realizado el ataque.
  • Uno de los grandes problemas de conservación del lobo y otros cánidos es la hibridación con perros (Canis familiaris) y otros cánidos que producen descendencia fértil. Se estima que más del 50% de poblaciones de lobo en América tienen ADN mitocondrial de coyote (Canis latrans) y que el incluso el lobo rojo (Canis rufus) sería producto de la hibridación de ambos. En otras regiones como Etiopía, donde se encuentra el lobo etíope, (Canis simensis) el cánido más amenazado del mundo, del que solo quedan entre 300 y 500 ejemplares, también ha hibridado con las poblaciones de perros de los pastores que suben a la región donde habitan, a más de 3000m.

REFERENCIAS (MLA)