Cultura

Los libros de la semana: de Ann Patchett hasta el manual de estrategia más famoso

“Upanishad”, de Juan Arnau: El hinduismo y la divinidad

La que el filósofo alemán Karl Jaspers denominó Era Axial caracteriza, en un mismo periodo clave del desarrollo intelectual de la humanidad, entre el 800 y el 200 a.C., a algunos de los desarrollos espirituales más apasionantes de la antigüedad, que marcan el surgimiento de la conciencia de la humanidad moderna. Son corrientes que surgen en ámbitos culturales aparentemente remotos, a lo largo de un mismo paralelo que discurre desde la revolución de los llamados presocráticos en torno a Mileto y la Magna Grecia, al pensamiento del subcontinente indio, pasando por la Persia zoroastriana. Sin duda, uno de los episodios que, desde la «Religionswissenschaft» de Müller, se ha estudiado con más interés en pos de esa emblemática comparación es el surgimiento del corpus de textos conocido como «Upanishads», que implicó una transición desde el politeísmo del Rigveda en pos de la divinidad única, o Brahman, y su relación con el alma individual en el camino de la no-dualidad, en lo que, tiempo después, sería una de las interpretaciones más exitosas del hinduismo.
Hoy saludamos la importantísima publicación de una cuidada edición de los más relevantes de entre el centenar de estos textos poéticos y religiosos. Las «Upanishads» que publica Atalanta, en su decidida misión de rehabilitar en toda su potencia poética y hermenéutica a los clásicos del pensamiento de la antigua India, están a cargo de Juan Arnau, el más conocido de los sanscritistas españoles actuales, que coordina un gran equipo que ha logrado lo imposible: verter a una prosa fiel pero poética en castellano el núcleo de las escrituras sagradas del hinduismo. Las reflexiones en torno a lo divino en el universo y lo divino que hay en el ser humano suponen unas enseñanzas para ser escuchadas sentado reverencialmente y que desvelan –jugando con sus posibles etimologías– las correspondencias místicas entre lo uno y lo múltiple, el rito y el mito, el pensamiento y el lenguaje, la vida y la muerte, lo real y lo aparente.
Entender la urdimbre secreta del cosmos es lo que permiten estas páginas de sabiduría condensada en poesía pura. Me gustaría recordar que ya es obligado comparar la India y Grecia, desde posturas diversas, escépticas o comparatistas, como hacen últimamente los «Fragmentos presocráticos» de A. Bernabé (en reedición de Abada, 2019) o el estudio actualísmo de R. Seaford, «The Origins of Philosophy in Ancient Greece and Ancient India» (Cambridge, 2019). Y es que las analogías entre los desarrollos de las Upanishads y la escuela milesia de un Anaximandro o la eleática de un Parménides, como algunos de los grandes capítulos de la historia de la filosofía y de la espiritualidad, han resultado obvios a los estudiosos desde antiguo y se viene trabajando intensamente sobre ellos al menos desde hace varias décadas. No se pierdan, en fin, esta edición de las «Upanishads» en tersa prosa castellana, de la altura merecida, y con una clara introducción para hacer las delicias del lector.
David HERNÁNDEZ DE LA FUENTE

“La casa holandesa”, de Ann Patchet: ...Y llegó la pérfida madrastra

En los cuentos populares, como los de los Grimm, los hermanos confían el uno en el otro para procurarse amor y supervivencia en los malos trances. Bien porque sean niños abandonados, desafiantes con las leyes o se hayan metido en algún problema por intrépidos. Indefectiblemente, el uno buscará la fuerza en el otro cuando los padres han desaparecido, resultan poco fiables o se encuentran desasistidos en el mundo. En la nueva y muy esperada novela de Patchett dicha lealtad fraternal, tras una desagradable expulsión del hogar de su infancia, cristalizará en estas páginas. Volvemos al mejor de los cuentos. A finales de la Segunda Guerra Mundial, Conroy hace una inteligente inversión que le permite poner en marcha lo que se convertirá en un gigantesco imperio inmobiliario. El negocio catapultará a su familia desde la pobreza a una ingente riqueza, y su primera decisión será comprar la Casa Holandesa –construida para el magnate del cigarrillo Van Hoebeek–, una mansión a las afueras de Filadelfia. Ese hogar, que pretende ser un regalo para su esposa Elna, terminará marcando los designios de todo su hogar. Su mujer, incapaz de soportar la vida en el caserón, abandonará a los suyos para entregarse a los necesitados y Maeve, la hermana mayor, se verá obligada a ejercer de madre para Danny, el más pequeño.
Mientras ambos exploran su nuevo país de las maravillas atendidos por un par de amas de llaves amables, la salud mental de su madre se debilita. Aturdidos y devastados, los niños no pueden confiar en la desatención de su padre, por lo que la hermana mayor se centra en su hermano: «Ella me enseñó la forma correcta de sostener un tenedor. Ella asistía a mis juegos de baloncesto y supervisaba mi tarea y me besaba todas las mañanas antes de que nos separáramos»... Pero una madrastra llegará a la casa con dos retoños, y quienes están familiarizados con los cuentos de hadas pueden adivinar lo que sucederá después. Patchett esquivará las expectativas con una estrategia literaria que mueve la cronología de la narración con absoluta maestría, de modo que seguimos al adulto Danny y a su hermana lidiando con sus circunstancias disminuidas y su terrible traición, así como el desarrollo de la vida en la Casa Holandesa. Todo es un caos. Ni siquiera el protagonista sabe que las dos cuidadoras que conoce de toda la vida son hermanas. Solo puede confiar en Maeve, que es la «memoria histórica» familiar.
A medida que pasan los años, ayer, hoy y mañana se unen para darnos lo mejor de sí a través de su conexión con la Casa Holandesa. Se definen, para bien o para mal, por su relación con ese hogar, acaso verdadero protagonista de la historia. Al final, como sucede con todas las buenas novelas, nunca veremos la casona de la misma manera porque los personajes tampoco lo hacen, lo cual resulta desgarrador y obra a favor de la propia historia compuesta por muchos momentos íntimos cuyo efecto es amplio y profundamente conmovedor.
Ángeles LÓPEZ

“Estrategia”, de Sir Basil Liddell Hart: El capitán ya lo sabía

«Por irónico que resulte, cuanto más hemos desarrollado el efecto «masivo» de las bombas, más hemos contribuido al progreso de una nueva estrategia, del tipo de guerra de guerrillas», escribía el capitán Basil Liddell Hart (1895-1970) en el prólogo de la edición de 1954 de «Estrategia», mostrándose clarividente sobre la guerra de la era atómica que acaba de entrar en escena. Esta obra es fruto de una larga evolución y decantación: su inicial versión es «1929. Guerras decisivas en la historia. Estudio de estrategia», que tuvo enorme influencia en grandes generales de la Segunda Guerra Mundial, especialistas en la contienda blindada, como Guderian, Rommel o Patton, hasta el punto de que los israelíes, maestros contemporáneos de las operaciones acorazadas, se refieren a Liddell Hart como «el capitán que enseñó a generales». En 1941, una segunda versión introducía ampliaciones justificadas por el comienzo de la Segunda Guerra Mundial; la tercera versión, ampliada a todo el conflicto 1939-1945 y a las bombas atómicas y termonucleares, data de 1954 y su redacción definitiva apareció en 1967, poco antes de la muerte del autor.
Esta última edición incluía un capítulo sobre la guerra de guerrillas, que acumulaba no solo las experiencias históricas, sino también las notables lecciones de la Segunda Guerra Mundial y en conflictos posteriores como Argelia, Indochina y inicio de Vietnam. De esta surge la recién publicada por Arzalia, auténtica novedad en España pese al medio siglo transcurrido, pues las ediciones anteriores en castellano procedían de las versiones iniciales y debe añadirse que es una obra fundamental, no solo para los militares, sino para los políticos, porque sus conclusiones son tan aplicables a la guerra como a la diplomacia. Entre las muchas lecciones que de aquí pueden extraerse resulta especialmente brillante una referida al tema atómico: tras la Segunda Guerra Mundial, «ninguna paz había traído consigo tan poca seguridad y, tras 8 años de vértigo, la producción de armas termonucleares ha intensificado la sensación de inseguridad en las naciones ‘‘victoriosas’’».
Esto se ha demostrado hasta la saciedad en los 60 años de vida de la obra, desde la locura del MAD (Destrucción Mutua Asegurada) durante las presidencias de Eisenhower y Kennedy (Estados Unidos) y de Jrushchov ( URSS), que incrementó los arsenales nucleares del mundo sin garantizar la seguridad, pero aumentando el pavor universal a un holocausto atómico, mientras proliferaban terribles guerras limitadas y se fabricaban cientos de millones de armas. Un libro tan interesante como aleccionador.
David SOLAR