Nieves Herrero: «He rescatado a la diosa de Machado»

Asistirá mañana a un acto en el Ateneo de Madrid donde se leerán poemas que el escritor dedicó a su amante, Guiomar, el seudónimo bajo el que suspiró por Pilar Valderrama. Se inspiró en su historia de amor para crear su libro «Esos días azules»

El libro «Esos días azules» (La Esfera de los libros), lleva cosechando estupendas críticas desde que saliera a la venta hace varios meses. Como colofón a una promoción y un año exitosos, su autora, la periodista y escritora Nieves Herrero, regresará al Ateneo de Madrid mañana a las 20:00 horas. Allí, actores como Juanjo Artero, Dani Muriel y Candela Serrat, dirigidos por Juan Carlos Pérez de la Fuente, leerán poemas de los protagonistas de esta historia de amor imposible: la de Antonio Machado y Pilar de Valderrama.

–¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

–En la vida las cosas siempre me pasan por casualidad. Estaba metida en otra historia que quería escribir y de repente apareció Alicia Villadomat, que es la nieta de Pilar Valderrama, y me dijo: «Me encantaría que pudieras escribir la historia de mi abuela». «¿Pero quién es tu abuela?», le dije. Y ella me contestó: «Guiomar». Yo siempre pensé que las canciones de Guiomar de Machado eran una excusa para escribir y nada más, que Guiomar no había existido. Así que cuando quedamos y me llevó sus cartas hasta me temblaron las manos al recibirlas.

–¿Ha reconstruido a Pilar a través de la ficción?

–He procurado imaginar lo menos posible porque sé que hay mucha gente que conoce la vida de Machado hasta la extenuación. Por eso quería andar con pies de plomo. Ella es más desconocida, pero tenía muchos elementos, documentos y gente que la había tratado. Para reconstruirla me basé en testimonios de familiares suyos y de gente que la conoció. Por ejemplo, la cartera que le llevaba las cartas de Machado, que entonces era una niña y hoy es una señora muy mayor, pero perfectamente lúcida. O los Nájera, que hacían cantidad de bailes y actos sociales en Palencia a los que ella acudía y que me han sido muy útiles para reconstruir sus fiestas, su día a día, cuando estaban de vacaciones…

–Decía que usted creía que Guiomar no existía y la realidad es que nunca hubiéramos sabido de la existencia de Pilar Valderrama si no se hubiera decidido ella a contarlo. Era una mujer casada y con hijos. ¿Por qué lo contó?

–Lo contó porque sintió la necesidad de hacerlo, de dejar constancia a través de esas cartas de esa relación de confianza que solo se tiene cuando de verdad compartes cosas. También de que la protagonista de «Canciones a Guiomar» era ella. Necesitaba hacerlo aunque le pesara mucho su formación católica. Y lo hizo cuando su marido ya había muerto.

–Un marido que la engañaba, ¿no?

–Así empieza la novela, con la frustración total de un engaño prolongado en el tiempo. Para ella fue como si de repente se hiciera un telón en su vida: hasta aquí he llegado, aquí acaba una vida y empieza otra. Es entonces cuando se va a pensar. Y no a Bilbao o a Levante, sino a Segovia, donde está la persona que más admira. Esa persona que, según ella, siempre escribe el reflejo de lo que ella siente, como si fueran dos almas muy parecidas. Ella, que además quería ser poeta y ya estaba con su segundo libro, decide irse al sitio donde está Antonio Machado. María Calvo, su institutriz, que es íntima amiga de la familia Machado y del propio Antonio, le da una carta de recomendación y le dice: «Es el momento de que conozcas a tu poeta». No lo encuentra a la primera porque él viajaba constantemente y en cuanto podía se venía a Madrid a ver a su familia. Pero a la segunda, ya en primavera, se encuentran (o como dice Machado, se reencuentran) porque era la mujer que él siempre había soñado pese a la diferencia de edad y a las distintas ideologías.

–¿No es extraordinario que ella se pudiera ir a pensar en aquel tiempo?

–Ella pertenecía al Lyceum Club, una sociedad a la que pertenecían muchas mujeres de distintas ideologías que querían el voto femenino, el trabajo femenino, la emancipación femenina… Realmente no podían dar un paso sin que el marido les diera el visto bueno. Pilar se rebelaba y discutía mucho con él.

–Ése era el famoso «Club de las maridas», ¿no?

–Lo llamaban así porque se suponía que las que llevaban los pantalones eran ellas. Era una manera de ridiculizar a los maridos. Por eso su esposo, Rafael Martínez Romarate, le pedía que lo dejase. Eran muy criticadas todas. Sin embargo, eran todas mujeres de peso. Carmen Baroja, María Extremera… Mujeres muy activas a nivel intelectual.

–El caso es que ella se va y conoce a Machado…

–Y él se queda sin palabras porque está viendo a su diosa, que es como siempre la llamaba. Así que lo que he hecho ha sido rescatar a la diosa de Machado.

–Seguro que al poeta le hubiera gustado, ¿no?

–Creo que sí, porque él en su día escribió cartas a críticos literarios, a gente del mundo intelectual de esa época. Incluso a Unamuno. Lo hizo para pedirles que se leyeran el libro de Pilar y conocieran su trabajo. Se esforzó mucho en que la reconocieran. Por desgracia, ella no tuvo el reconocimiento que se merecía.

–¿La relación que mantuvieron incluyó intimidad?

–Según Pilar no hubo cama. Él se ve que insiste, pero ella sostiene que si rompen ese pacto su amor se diluiría. Ella creía que las cosas carnales acaban con el amor más puro.

–¿Por eso crean ese tercer mundo suyo?

–Sí, es un mundo que se crea a las 12 de la noche cuando el uno piensa en el otro. Al final, Machado dice que ya no sabe en qué mundo vive y que para él el más real es el tercero.

–¿Vivió la pareja «esos días azules»?

–El otro día cuando firmaba libros en el Rastrillo de Nuevo Futuro pasó la Reina Letizia, que sabe mucho de Machado, y me dijo: «Ése no es el verso original, el original es: “Estos días azules y este sol de infancia”». Y le conté que lo parafraseé porque Guiomar/Pilar creía que los días azules que escribió el poeta en ese último verso eran los días que pasó con ella.

Personal e intransferible