Los libros de la semana: del turbador debut literario de Jessica Andrews al celebrado sentido del humor de Mark Twain

La escritora Jessica Andrews debuta con su novela “Agua salada” y Javier Recas recopila algunas de las mejores obras de Mark Twin en “Encuentros y extravíos”

La mayoría de edad de Jessica Andrews

Lo de la “voz distinta” empieza a ser una cantilena que termina convirtiendo cualquier libro en uno más de los de siempre y, a cualquier autor presumiblemente diferente, en alguien reconocible en aquellos que le antecedieron. Pese a lo dicho, debo reconocer que en el presente caso, esta novela-debut resulta ¿turbadora? Esa podría ser la definición de un libro que se traza a través de unidades narrativas muy eficaces que realzan el relato. Una suerte de poemas en prosa que al principio parecen aleatorios y fuera de orden, pero que terminan construyendo una secuencia con lógica propia. “Agua salada" trata de responder a la pregunta de quiénes somos al tiempo que reconocemos nuestro lugar en la línea genética a la que pertenecemos. Conformado por capítulos cortos que sugieren pequeños parpadeos, la historia navega entre el pasado y el presente. La narradora Andrews, Lucy en la ficción, hereda (junto a su madre Susie) una tosca cabaña de piedra que perteneció a su abuelo, en la costa noroeste de Irlanda. Allí decide huir de su caótica vida londinense en la que nunca se ha sentido cómoda pese a sus estudios, su trabajo –precario–, su desclasamiento y una vida social que se reduce a noches de desenfreno y mañanas de resaca.Un mundo en el que ella se siente excluida por las tribus depredadoras y adineradas, maltratadas por sus “formas impenetrables” y “codos feroces”.

Creciendo entre cambios

Madre e hija recorren la mohosa casa, cantando canciones de los Ronettes y los Shangri-Las y prendiendo fuego a los tóxicos contenidos en una espectacular pira. Después, la madre volará a casa, “aunque las cosas todavía no estaban bien entre nosotras”. Lucy está demasiado arruinada para ir a otra parte y, de todos modos, el ritmo de esta aldea rural y clandestina así como su clima crudo se adaptan a sus propósitos. Es el lugar correcto desde el cual mirar hacia atrás e interrogarse sobre su precaria educación y los complejos legados familiares. La constelación familiar perseguirá a Lucy y nos proporcionarán los momentos narrativos más interesantes: la rara relación con su madre llena de silencios tensos, las espinosas relaciones con su progenitor alcohólico y errático, la disturbadora presencia de su hermano sordo... Con frecuencia, el agua salada es sinónimo de las ansiedades internas de nuestra protagonista así como de los cambios externos del mundo en el que está creciendo. Pese a que muchas de sus imágenes son persuasivas, es preciso admitir que Andrews se apoya demasiado en sus letanías hasta sobrecargarlas de sensorialidad. Su escritura es voluptuosa, evoca gustos colores, olores y sonidos, en los que no es difícil reconocer a su madrina literaria Edna O’Brien, pero su voz está destinada a emocionar a los seguidores de Fleabag o Sally Rooney. Un buen debut este trabajo autobiográfico sobre una mujer joven que descubre su lugar en el mundo para encontrar la versión más absoluta de sí misma.
Ángeles López

Un humorista amargo

Una permanente sensibilidad infantil y una visión crítica de la sociedad harían de Mark Twain un autor muy popular desde que debutara con el libro de cuentos “La famosa rana saltarina de condado de Calaveras”, en 1867. Con los años, su celebrado sentido del humor se convertiría en sarcasmo a medida que los Estados Unidos, con su idealizada ideología democrática, la ampliación de su territorio a modo de imperio expansionista, el genocidio aborigen y la esclavitud, se volviera a sus ojos un lugar decepcionante. Su mirada mordaz ya estaba sembrada en su escritura cuando, radicado en San Francisco, se distinguió con sus trabajos periodísticos, incluido un viaje a Europa desde Nueva York que volcó en “Guía para viajeros inocentes”, cubriendo la noticia de lo que iba a ser uno de los primeros grandes tours organizados. De esta obra, que tuvo una edición española en 2009, se han extraído diversos pensamientos, y de muchas otras, para nutrir una iniciativa tan estupenda como “Encuentros y extravíos”, libro de aforismos por cuanto Javier Recas ha extraído las frases más llamativas del autor de Misuri, estructurando el trabajo de modo alfabético.

Ocurrencias y desencantos

Así, desde “Abogados” hasta “Zola, Émile”, la genialidad del autor de personajes tan entrañables como Tom Sawyer o Huck Finn cobra todo su esplendor. Un disfrute lector, además, que tiene el aliciente de que está proporcionado no sólo a raíz de las numerosas obras que tenemos al alcance de Twain en castellano, sino de otras que aún no han sido traducidas y en las que Recas ha indagado muy bien. En el prólogo, éste destaca el “extraordinario despliegue de ingenio, ironía y sentido del humor” de Twain, que también mostró albergar «una honda sabiduría de vida, con frecuencia amarga, y una ácida crítica social, política y moral de los desmanes de su tiempo, que, en buena medida son también los nuestros». De tal modo que tomando su autobiografía, sus novelas juveniles, cuentos y ensayos –en especial aquí el titulado “¿Qué es el hombre?”–, pero también su correspondencia, entrevistas o conferencias, podemos encontrar mil y un aforismos relampagueantes. Enseguida comprobaremos tal cosa cuando, por ejemplo, leamos la entrada “Adán”, del que en la novela “Wilson Cabezahueca” dijo: “No quería la manzana porque le gustara, la quería sólo porque estaba prohibida. El error fue no prohibir la serpiente; entonces se habría comido a la serpiente". Ocurrencias como esta se suceden con otras –”Hemos introducido una palabra de contrabando en el diccionario que no debería estar en él: altruismo. Describe algo que no existe"– que captan a la perfección el alma del mejor humorista de la historia.
Toni Montesinos