Concha Jerez, una okupa en el Reina Sofía

La artista toma el museo con sus instalaciones y hace de las cuatro escaleras de piedra del edificio sabatini una sala más de exposición

Todos tenemos algún vicio, muchas veces inconfesable, y Concha Jerez (Las Palmas, 1941) no iba a ser menos. Además, la artista canaria no tiene reparos en airearlo: «Sí, soy una viciosa de las escaleras». Dice la artista que cuando Manuel Borja-Villel (director del centro) le dio plenos poderes para abordar el Museo Reina Sofía se fue rápidamente a las cuatro esquinas de un edificio Sabatini que, afirma, «incitaba» a meterle mano. Allí se encontró con unas escaleras muy particulares. De escalones muy bajos «para que pudieran subir las camillas empujadas por los caballos» del antiguo Hospital General de Madrid. Nada ostentoso que recordase a los palacios barrocos y desatase la imaginación, sino todo lo contrario. Una austeridad que, si cabe, le ha dado a Jerez más libertad para abordarlas.

Se crea así una exposición «que ha invadido todo el museo y, particularmente, los lugares no museísticos», explicaba, ayer, Borja-Villel durante la presentación de «Que nos roban la memoria», una muestra que estaba programada para abril, pero que las circunstancias han retrasado y se ha convertido en la primera muestra eventual (abierta hasta el 11 de enero) tras del parón. Es la memoria el hilo conductor de una muestra que se extiende de la tercera planta del museo a las salas de Protocolo y de Bóvedas, además de por esas cuatro escaleras de piedra, claro, en las que la artista ha querido formar diferentes «espacios de memoria»: Escrita y oralizada, autocensurada, olvidada y silenciada. En la primera de las instalaciones, se genera un laberinto sonoro a partir de grabaciones de poetas internacionales (muchos ya desaparecidos) leyendo su propia poesía, además de cuatro escaleras de aluminio intervenidas con acetatos transparentes que ocupan el hueco central de los escalones que proceden del «Jardín de palabras escritas» (2001).

En «Memoria autocensurada», Jerez también se atreve a tomar como propias las ventanas del museo para jugar con el propio paisaje de los alrededores de Atocha. La tercera subida (o bajada) corresponde a esa «Memoria olvidada», que pone el foco en las realidades de peso acaecidas en el siglo XX que han pasado a mejor vida. Dialoga con esta escalera otra intervención que parte de su obra en proceso «Paisaje de memoria» (2006-2020), integrada por necrológicas aparecidas en la Prensa a lo largo del tiempo. La última instalación es «Xm3 de Memoria silenciada», donde se abordan testimonios de la represión franquista. Una serie de jaulas reproducen audios de personas que sufrieron directamente la violencia de la dictadura: «Es básico que en España afrontemos de una vez por todas la memoria histórica, si no caeremos en los mismos errores. Hay que reflexionar sin odios, tranquilamente. Ver no solo qué ha supuesto la Guerra Civil, sino también toda la represión franquista, que hizo desaparecer a mucha gente», defiende la artista. Con la memoria, una cuestión que ha ocupado gran parte de su trayectoria, como fondo, la artista recupera y revisa su trabajo desde los años setenta, «cuando no usaba más que papel y tinta en unos escritos ilegibles y autocensurados», dice, hasta la actualidad desde una perspectiva en la que se entrecruza su propia memoria personal con la colectiva.

Más allá de las escaleras, las obras e instalaciones multimedia (vídeos, audios y también un conjunto de fotografías) de Concha Jerez se reparten por un recorrido que se mueve alrededor de la ambigüedad, la cotidianidad, los límites, el tiempo, la utopía y la vigilancia electrónica. A sus habituales recortes de Prensa y los escritos autocensurados con una caligrafía ilegible se han incorporado en esta ocasión temas de actualidad relacionados con el feminismo y la inmigración, a través de los que denuncia la artista el olvido y/o maltrato de los medios y de las políticas oficiales.

En el sótano del edificio, en la Sala de Bóvedas, se continúa esa exposición de la tercera planta en la que se presenta una retrospectiva parcial con algunas de las primeras obras de la artista sobre papel, que han sido expuestas en contadas ocasiones desde los años setenta, así como instalaciones realizadas a partir de los ochenta. Mientras, la Sala de Protocolo acoge unos dibujos originales de proyectos de Jerez, un enlace virtual a la Base de Datos Ideas Instaladas y a la Base de Datos de Jerez y el músico José Iges Expanded Radio, bocetos de experimentaciones con diversas materias (1972-73), bocetos y obras minimalistas (1972-75), obras originales de Mail Art, objetos intervenidos y publicaciones de la autora.