“Preparados para recibir la acometida de los alemanes”

LA RAZÓN publica uno de los textos inéditos de Manuel Chaves Nogales que forman parte de la edición de su obra completa, editada por Libros del Asteroide y la Diputación de Sevilla. Se trata de un artículo sobre la preparación de París tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939

Manuel Chaves Nogales, paradigma de la «Tercera España» y autor de los textos de «La ciudad», «A sangre y fuego», «La defensa de Madrid» y «El maestro Juan Martínez que estaba allí», entre otros

Libros del Asteroide y la Diputación de Sevilla publican la obra completa de quien es uno de los grandes nombres del periodismo español, con la incorporación de textos desconocidos del autor. A continuación, reproducimos parte del inédito que ahora aparece:

“Preparados para recibir la acometida de los alemanes”

París, octubre, 30. Ya todo está dispuesto. Entre Estrasburgo y Kehl, separados exactamente por doscientos ochenta metros, están los dos ejércitos más formidables del mundo perfectamente preparados y entrenados. Francia, que ha sufrido en el curso de los siglos veintinueve invasiones germánicas, espera tranquilamente el asalto número treinta. Falta sólo que Hitler se decida a pasar de la amenaza a la acción, que firme la orden de ataque. Esto es todo. Esperando esta trágica hora, Francia se esfuerza por proseguir su vida normal detrás de la coraza del ejército. Cada día renacen nuevas actividades civiles que son nuevas victorias en esta guerra de nervios. Francia sabe que el tiempo trabaja a su favor. Un día es el tratado con Turquía, otro la encíclica papal, otro el levantamiento del embargo de armas en el senado de Estados Unidos, y pueden esperar serenamente. París recobra su vida de animación. Este domingo de espera, París da la impresión de haberse acomodado perfectamente a las nuevas circunstancias, de haber rehecho su vida bajo la guerra.
Hoy, domingo, hay en París teatros, cines, exposiciones, ópera musical, cabarets, partidos de football, concursos de natación en la piscina Lutecia, carreras de ciclistas americanos en el velódromo de invierno y hasta distribución de premios de virtud por la Academia Francesa. La actividad deportiva es de lo más intensa. Se ha reanudado el torneo de football.
El próximo día 12 se celebrará un gran match entre la selección de los ejércitos inglés y francés. Hasta se discute sobre los preparativos de los Juegos Olímpicos de 1940 en Finlandia y se dice que serán trasladados para Detroit. La actividad teatral renace pujante: los empresarios reclaman piezas alegres, pues el público quiere reaccionar divirtiéndose. Los boulevards vuelven a estar poblados, los camelots velan sus luces de acetileno con papel azul para una defensa pasiva. Porque toda esta actividad parisién está regulada por exigencias de defensa. Sólo se autoriza la reapertura de las salas de espectáculos que disponen refugios a una distancia menor de ciento cincuenta metros. En los puestos de socorro contra los bombardeos de gases siguen montando guardia día y noche los médicos, químicos, enfermeras, camilleros y los bomberos. También en las bocas del metro siguen en guardia día y noche los soldados de defensa pasiva, encargados de la custodia de las estaciones. Todo está a punto contra cualquier agresión. Todos los grandes hombres de bronce y de mármol que pueblan las calles y plazas de París tienen su refugio de sacos de arena. Dícese que éstos son los únicos emboscados de esta guerra. Hasta el obelisco de Luxor, en la plaza de la Concordia, está protegido primero, por una caja de jabón, luego yeso y después por sacos de arena.
Sólo la Columna Vendôme ha requerido para su protección quince mil sacos. Todo está preparado para soportar cualquier ataque. París está esperándolo tranquilamente, pugna por continuar su vida tradicional presidida por el alto vigía que desde el pináculo de la Torre Eiffel vigila constantemente no se sabe si las nubes o las ondas etéreas. El pueblo de París, consciente de hallarse defendido, vive confiado de esta guerra de nervios simbolizando la vigilancia en este supuesto vigía de la Torre Eiffel, puesto de honor, que si no existe debía crearse como los ingleses crearon hace mil años un vigía contra las invasiones de los normandos que de padres a hijos sigue oteando desde los acantilados de Hastings por si todavía volviesen invasores. El cargo de vigía de la Torre Eiffel a partir de ahora debía ser vitalicio y hereditario.
«Noticiero del Lunes»
30 de octubre de 1939

Un periodista ante todo

Era el hombre de la libreta. Esa fue la única arma que desenfundó Manuel Chaves Nogales a lo largo de su carrera como periodista, probablemente el más brillante del siglo pasado en nuestro país. Reivindicado y aplaudido por autores como Muñoz Molina o Trapiello, la suya ha sido una historia que ha ido del injusto silencio y olvido a la salvación de alguien que tuvo en la observación de la realidad, y en el saber contar la vida política y social de su tiempo, su principal lucha, su objetivo primordial en el momento de acercarse a los lectores.

Ya sea retratando a Juan Belmonte, visitando Rusia, entrevistando a Lluís Companys o describiendo los desastres de la guerra, sus crónicas son todavía hoy un monumento a lo que debe ser un auténtico periodista, un espejo en el que muchos nos gustaría reflejarnos aunque estamos ante un maestro de gran altura. En Chaves convergen, como dijo de él Vargas Llosa, tanto la integridad moral como la decencia cívica. Eso es lo que hace que hoy lo sigamos leyendo, que queramos continuar releyendo las páginas de «A sangre y fuego» o «La agonía de Francia». Hace tiempo que Libros del Asteroide viene haciendo un trabajo encomiable acercando las obras que nos dejó el periodista andaluz. Hoy se presenta el proyecto más ambicioso para el mejor conocimiento de Chaves Nogales y su circunstancia como es la edición de su obra completa, tanto la periodística como la narrativa.

Formada por cinco tomos, se reúne por primera vez en una única edición todos los escritos literarios y periodísticos surgidos de su mano. Todos aparecen ordenados cronológicamente, desde sus inicios en los periódicos de su Sevilla natal hasta sus últimas colaboraciones en el exilio londinense para varios medios internacionales, un viaje como reportero que nos lleva de 1915 a 1944. Por tanto, en estos tomos se encuentran los libros «La ciudad», «Narraciones maravillosas y biografías ejemplares», «La vuelta a Europa en avión», «La bolchevique enamorada», «Lo que ha quedado del Imperio de los zares», «El maestro Juan Martínez que estaba allí», «Juan Belmonte, matador de toros», «A sangre y fuego» y «La agonía de Francia». A ello se le suman sus muy celebradas crónicas sobre la Alemania nazi o su rigurosa mirada a la defensa de Madrid durante la Guerra Civil.

Pero uno de los platos fuertes de esta edición, bajo el cuidado de Ignacio F. Garmendia, es la incorporación de sesenta y ocho textos, uno de ellos reproducido en exclusiva hoy en LA RAZÓN. Los cinco tomos, que cuentan con prólogos de Andrés Trapiello y Antonio Muñoz Molina, suman más de tres mil quinientas páginas. Es todo Chaves Nogales, el conocido y el inédito. Se trata del paso final a una reivindicación que se remonta a los tiempos en los que el periodista era objeto de culto entre los libreros de viejo, cuando sus volúmenes eran una rareza al alcance de unos pocos. Fue Trapiello uno de los principales promotores de su rescate al hablar de él en la primera entrega de «Las armas y las letras». Tras él, en un primer impulso del librero sevillano Abelardo Linares, llegaron las ediciones de Chaves y que iban más allá de su retrato de Belmonte que durante muchos años fue el único de los títulos del periodista que podía encontrarse con relativa facilidad en el mercado.

Periodista silenciado

Poco a poco empezó a salir el sol y, además de los textos, surgieron materiales que servían para comprender mejor a un periodista silenciado durante medio siglo por motivos que no llegamos a comprender. La biografía de María Isabel Cintas Guillén «Chaves Nogales. El oficio de contar», publicada en 2011, fue un paso fundamental, así como la monografía y el documental de Daniel Suberviola y Luis Felipe Torrente, «El hombre que estaba allí». Previamente, la Diputación de Sevilla en 1993 inició la ambiciosa edición de sus obras completas, aunque dividiendo los textos entre aquellos que eran periodísticos y la narrativa.

Chaves Nogales pertenece a una de las mejores generaciones de reporteros que ha tenido nuestro país, la surgida en los años veinte y que se encontró con la Segunda República y el desastre de la Guerra Civil como carne para sus crónicas. A la par que Josep Pla, Julio Camba, Gaziel e, incluso, César González-Ruano, ellos fueron los ojos de una sociedad que necesitaba saber lo que pasaba a su alrededor, que no podía seguir viviendo y mendigando en la ignorancia absoluta.

Como ocurre con los buenos periodistas, Chaves Nogales fue incómodo para muchos, pero no solamente en suelo español, sino incluso más allá de nuestras fronteras, como demuestra el interés que tuvo la Gestapo por apresarlo mientras se encontraba en Francia. Liberal y cercano a lo que muchos han definido como una tercera España, el destino final del reportero fue acabar en Londres víctima de la soledad. Murió en la capital británica y su tumba en North Sheen Cemetery, un cementerio en Kew, sittuado en el distrito londinense de Richmond upon Thames, es una buena metáfora de lo que fue su final, parecido al de muchos de los que acabaron en el exilio: todavía hoy no tiene lápida alguna. Durante años, nadie supo dónde estaba enterrado aquel hombre.

Afortunadamente ,hoy a Chaves Nogales no le persigue el silencio. El hombre que no tuvo reparos en denunciar los grandes totalitarismos de su tiempo, el cronista que supo estar allí, es una figura indiscutible. En la necrológica que se le dedicó en la BBC, escrita por Antonio Soto, se dijo que fue «uno de los mejores periodistas españoles y seguramente el de más nervio y tesón para organizar una empresa de periodismo, dirigirla hasta sus mínimos detalles y llevarla siempre al mejor de los fines: el liberalismo que fue su pasión de toda la vida». En esa misma nota, radiada el 9 de mayo de 1944, Soto recogía las últimas declaraciones de Chaves y que demuestran la fidelidad a unos principios: «Si los españoles abusan alguna vez de la libertad, démosles más libertad aún. Los males de la libertad solo con libertad se curan». El hombre que fue libre escribiendo, que logró ser el ejemplo para todos aquellos que aman –amamos– el periodismo, ahora podrá ser leído íntegramente. Esta edición, que pasa a ser ya la canónica, llegará a las librerías el día 23 de noviembre. Será en ese momento cuando tengamos todo el saber de Chaves Nogales.