Amargo redujo de forma drástica la cantidad de droga que movía cuando sospechó de la vigilancia policial

Su casa era el punto de venta de «cristal» con más movimiento de Malasaña en el confinamiento pero la Policía Municipal levantó varias actas por tenencia a sus clientes y frenaron

Las fiestas que se formaban en ese piso de la calle Palma eran conocidas en todo el barrio. El problema era que normalmente no se celebraban los fines de semana. Jaleo, música, gritos... siempre caras nuevas entrando y saliendo por aquella puerta, siempre a deshora, a menudo en estado de embriaguez. Al parecer, un vecino ya había denunciado el incordio de esa escalera y a eso se agarra ahora Jesús Rafael García Hernández, más conocido como Rafael Amargo, cuando la Policía Nacional le acusa de pertenecer, junto con otras tres personas, a una organización dedicada al tráfico de metanfetamina: que aquello no era más que una casa de fiesteros, donde la gente nunca salía con «más de lo que entraba» (sic) y que su piso, situado en pleno barrio de Malasaña (justo encima del mítico «Penta») siempre está lleno de gente alternando. «En mi casa lo que hay es mucha alegría, porque nos gusta celebrar», dijo en clara referencia a las sustancias incautadas nada más salir de los Juzgados de Plaza Castilla, borracho de euforia al saberse en libertad tras haber rechazado la jueza la petición de prisión de la Fiscalía.

Rafael Amargo
Rafael AmargoinstagramLa Razón

No son de la misma opinión, lógicamente, los responsables de la «operación Corax», un nombre que hace honor a una foto que colgó Amargo en su perfil de instagram, donde aparecía con unas alas de cuervo grande (corvus corax en latín). Era últimos de julio y, para entonces, los agentes ya habían detectado que Amargo y su grupo ya habían reducido de forma considerable las cantidades que movían. La cosa parece que fue más descarada antes y durante en confinamiento. Las visitas pasaban menos desapercibidas pero allí, aunque de forma más discreta, seguían puliendo.

Actas de Policía Municipal

La Policía Municipal de Madrid levantó media docena de actas por tenencia al salir de la casa del artista: era lo que los investigadores necesitaban para evidenciar ante el juez que aquello era un punto de venta y que autorizara intervenciones telefónicas, de donde podrían acreditar todo lo demás. Pero esa frecuencia con la que pararon a sus presuntos clientes llegó a sus oídos y, lógicamente, se mosqueó. Ayer bromeaba sobre el tema quitándole importancia: «Si yo les vi en abril y les dije si querían subir (los agentes) a mi casa a tomar algo», en referencia a que había «mordido» la vigilancia. No perjudicó tampoco, según las mismas fuentes, las investigaciones y prueba de ello es que el Juzgado número 48 de Madrid, instructor de la causa, ha ido renovando la autorización de las escuchas a los investigadores durante tanto tiempo. Por lo que ha podido saber este diario, no se ha podido llegar hasta los proveedores de Amargo o, si bien saben algo, no es sencillo acreditarlo ante el juez. No es una cuestión baladí ya que la metanfetamina no es tan fácil de adquirir como otras drogas más populares en España. En los últimos dos años la Policía Nacional se ha incautado de cerca de 2.000 kilos pero, según expertos en este tipo de drogas, España suele ser un punto de tránsito, no de destino. La tradición de las drogas sintéticas siempre ha tenido su origen en Países Bajos pero, según estas fuentes, su origen puede ser diverso: en México cuentan con pequeños laboratorios y una vez cogieron 600 kilos en polvo que venían desde allí pero el origen suele ser Asia. China, de hecho, es el principal productor de efedrina, el precursor de la metanfetamina. Los agentes aseguran que, si bien es cierto que se esperaba coger más cantidad de droga (60 gramos tras el análisis de pureza de laboratorio quedará reducido), es la suficiente para acreditar que se dedicaban a la venta. Es más, en el momento de su arresto, el bailaor portaba con él una «tanita», una báscula de precisión.