García de Cortázar: «Vivimos un momento de extrema gravedad»

Sostiene que una nación no se sostiene solo por la Constitución y los derechos, sino, sobre todo, por su legado histórico y cultural, y afirma hoy en día “existe demasiada policía política”

Fernando García de Cortázar afirma que en nuestro país "se ha producido un deterioro cultural"
Fernando García de Cortázar afirma que en nuestro país "se ha producido un deterioro cultural"

El historiador Fernando García de Cortázar regresa con un libro esencial, «Cuando digo España» (Arzalia), que es un recordatorio de los saberes y la memoria de este país. Esta es una obra que repasa lo que nunca debe caer en el olvido y siempre debe permanecer presente para que no descuidemos nuestro pasado ni de dónde venimos. Una obra redactada contra los pesimismos y las miradas funestas que imperan hoy en día. Esas voces negativas que solo se detienen en las faltas y nunca en las virtudes y que, por norma, desprecian los triunfos y solo remarcan las derrotas, dando una visión parcial, tergiversada o disminuida de lo que somos y hemos sido. «En mis 72 libros, he tratado dos cosas: hablar de España con un lenguaje, claro, directo y cuidado el estilo, teniendo siempre presente mi vocación por estilo literario y, por otro lado, transmitir a mis lectores el sentimiento de España. Trato de decirle a españoles que están en un país bello y que es una superpotencia cultural, y que, por eso, merece vivirse».

-El sentimiento de España... No está de moda eso.

-Se está tratando de herir. En este libro sale a la luz la extrema gravedad de este problema. Durante unos años ha faltado en la consideración de España el sentimiento como nación. Prácticamente la hemos visto como un Estado. Hay que dar un paso más. Hay que vivir España. Y vivirla a través de su gran legado cultural. Me baso en los grandes escritores de la generación del 98, de la generación de Azaña y la del 27 que sostenían que con un país te identificas no únicamente porque garantiza los derechos y las libertades individuales; no solo porque afirma democracia, sino por el patrimonio cultural. A través de la literatura y de ese legado que es el patrimonio, te enorgulleces y te afirmas como español. Mi libro tiene este objetivo cultural. En este sentido se podría decir que es el más patriótico, porque trata de deshacer las insidias que nos hacen pensar que somos un país de fin de raza y, también, porque trato de resolver lo que la gente se pregunta: cuáles son los iconos que nos identifican en el mundo, por lo que se nos puede conocer; cuáles son esos mitos, a veces perversos y a veces gloriosos, y también las fechas y momentos más emocionantes de nuestra historia; cuáles son los personajes que nos han ayudado a definirnos, pero no en el sentido de panteón, sino en un sentido vivo, porque aquí aparecen desde Séneca hasta Nadal o Amancio Ortega. Es un libro para un momento de gravedad en que las insidias, falsificaciones y mentiras de los nacionalismos se suman otros movimientos que erosionan a España y afirman que España no existe.

-¿Otros movimientos?

-Habría que decir que se han creído las versiones de los nacionalismos y de las falsificaciones sobre nuestra historia que han vertido. Y son unas versiones tan peligrosas como ellos, porque nos encontramos en toda España a personas que se han alienado con las interpretaciones independentistas, falsas, erróneas y perversas que proceden de los nacionalismos. Estos movimientos, que vertebran algunos partidos, son peligrosos porque tienen fuerza en nuestro país. En otras naciones, los movimientos nacionalistas se consideran la caverna, pero tristemente aquí han sido apoyados por una izquierda desnortada, que, después del 89, se ha quedado sin cargamento ideológico y se ha agarrado a esos nacionalismos que tocan la víscera, que presentan mitos de guardarropía y cuya historia está falseada como el nacionalismo catalán y vasco.

-Un momento grave, ha dicho

-Estamos en un momento grave, porque Sánchez, para mantenerse en el poder recurre a unos y de otros. Pacta con ellos a base de erosionar y desnudar nuestra nación. Me duele lo que está pasando porque están negando e insultando al país y a los españoles. Y, también, porque no se cuenta la verdad sobre nuestra historia, porque la historia se ha olvidado, porque, algunos, para situarse en el poder, no les importa acabar con la idea España y herir a sus ciudadanos.

-Ambición de poder

Estamos en un mundo trivializado, prácticamente sin principios. En nuestro país se ha sufrido un deterioro cultural mucho más intenso que en otros. Creo que habría que hacer una historia moral de España. Ocuparían un lugar preeminente los que dejándose llevar por un buen impulso, trataron de llegar a acuerdos. Esos que, dejando buena parte de lo que consideraban importante, apostaron por un consenso para todos . Ahora, llamativamente lo que está creciendo es el enfrentamiento. Se quiere acabar con la Transición porque era el gran acuerdo de los españoles. Es un esfuerzo por la división, por crear odio, por plantear la ira como elemento constitutivo. Se ve en algunas propuestas políticas.

-Y la cultura se ha convertido en entretenimiento.

-Estamos en un proceso de identificación de la cultura con el ocio. Este fenómeno se ha acentuado en estos cuarenta años de forma gravísima, lo que ha hecho que sufra la historia, el pensamiento y el arte. En este libro trato de decir lo mínimo que debemos recordar, lo que tenemos que defender con ímpetu y lo que los españoles deben saber como mínimo: quién es San juan de la Cruz, Galdós, Cervantes; que se recuerde que tenemos El Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, la puerta más importante del mundo; y, también, la Alhambra de Granada; que tenemos el pensamiento de la escuela de Salamanca, la más importante culturalmente de toda la historia de la humanidad, porque estaba Vitoria, Mariana, Suárez, fray Luis de León, que supusieron una revolución en la historia de la humanidad.

-Pero eso cae en el olvido ahora.

-Hemos perdido mucho culturalmente, porque quizá la enseñanza no ha buscado la excelencia, sino la mediocridad. Ciertamente vemos en España, una especie de lucha contra la excelencia. Esta gente que predica eso son como policías del pensamiento. Y además calan en muchos los partidos, nos dicen cuáles son las ideas, el lenguaje sobre la mujer.... Hoy en día hay mucha policía del pensamiento. Los españoles necesitamos cargarnos de conocimiento para luchar contra ello y contra la malas interpretaciones de la historia que nos dan los políticos. La historia es la portera de la nación y cuando no existe, se inventa.

-La historia se manipula

-El drama de España en el terreno de la historia es que todo el mundo puede hablar. No hay respeto por los creadores del pensamiento y por eso se ven versiones histriónicas, porque la historia es una ciencia blanda, no es como las matemáticas y la física. Pero sí hay personas a las que habría que seguir, gente que sabe los conceptos fundamentales de la historia. Aunque no se las escucha. Por este motivo escuchamos barbaridades. Es necesario que los libros nos defiendan de la trivialización y la banalidad y la falta de hondura.

-Los ingleses, franceses no tienen este problema con su historia.

-Quizá por que tenemos una gran historia, con luces admirables, pero también con sombras desechables; porque hemos sido una superpotencia y los imperios tienen enormes detractores. Pero no solo está el haber sido un gran imperio, sino también porque este imperio estaba en contradicción con la militancia del protestantismo que, desde Lutero, tiene la suerte de aprovecharse de los medios de comunicación disponibles en cada periodo. El luteranismo se difunde porque es un “best seller”. El mundo protestante tiene una enorme inquina de España. El problema es que las maldades que se han dicho sobre nosotros desde el extranjero, las hemos interiorizado aquí. Pero España es depositaria de un idioma hermoso que hablan de 600 millones de hablantes y de una gran literatura. Para la idea de España este hecho ha sido dramático, al que hay que sumar la actividad perseverante de los nacionalismos, a los que cierta izquierda ha dado mucha cancha.

-¿Cómo ha influido el franquismo en nuestra relación con el país?

-Creó un patriotismo contrario a lo que debe ser un verdadero patriotismo. Supuso la identificación con los ganadores de la Guerra Civil. El problema es que por acabar con ese patrioterismo de la derecha nos hemos quedado sin nación. La forma en que se usa la momia de Franco es dramático, la exhuman con leyes las de la memoria histórica. Habría que recordar que franco murió hace 45 años y no se pude estar la alabándolo o denigrándolo todo el tiempo. No podemos estar hablando constantemente de él.

-¿Qué nos hace españoles?

-Nos identifica sobre todo el patrimonio cultural. No se puede dar todo por hecho por la Constitución y trabajar todos los días de España. También debemos emocionarnos con los poetas y artistas que hemos dado. Bajo ese punto de vista son admirables los nacionalismos que se permiten las diversiones más enloquecidas porque les parecen progresistas. Al resto de los españoles no se les permite tanto y, además, cuando tratamos de relacionar la razón y el argumento con el sentimiento se les tilda de fachas. Pero cuando lo hacen ellos, en cambio, son progresistas. Deberíamos afirmarnos más como nación, porque a nivel internacional nos hace mejores.

-Antes mencionaba la lengua. También se trata de cambiar con la duplicación de género.

-Eso es completamente absurdo. No se puede tener un discurso que doble el género a lo largo de toda una conversación. Antes de que esto ocurriera en «Niebla», la novela de ese genio que tendríamos que recordar más, Unamuno ya se ríe de este lenguaje. Estas barbaridades están llegando al límite y nos tenemos que defender de ellas. La Ministra de Igualdad, Irene Montero, ha llegado a decir que le parecían mal las series porque ves mujeres bellísimas y sofisticadas. Esto es propio de la policía. Los que poseemos una cultura interdisciplinar nos saltamos estas barbaridades como el lenguaje inclusivo aventado por este feminismo radical, pero los más jóvenes están más indefensos.

-Ya antes mencionó la política del pensamiento.

-Es lo políticamente correcto. Al terrorismo se le llama «conflicto vasco». En el lenguaje nos han ganado. Los que tienen el lenguaje tienen el poder. Y esa primera batalla la han ganado. Las cosas no significan ahora lo mismo que antes. Se trata de acomodar este lenguaje oficial a los centros docentes ,a la vida de los españoles. Usan el lenguaje porque con él nos cuelan sus visiones para que las aceptemos.