Fernando García de Cortázar: «Queriendo combatir el franquismo nos han dejado sin nación»

Sale al camino para ofrecernos un recorrido por las herencias culturales de nuestro país en «Viaje al corazon de España», un volumen de novecientas páginas y cuidada presentación que recoge la tradición de los antiguos viajeros y reivindica el patrimonio histórico y artístico de nuestras ciudades y pueblos.

Foto: Jesús G. Feria
Foto: Jesús G. Feria

Sale al camino para ofrecernos un recorrido por las herencias culturales de nuestro país en «Viaje al corazon de España», un volumen de novecientas páginas y cuidada presentación que recoge la tradición de los antiguos viajeros y reivindica el patrimonio histórico y artístico de nuestras ciudades y pueblos.

El viaje siempre como descubrimiento y autodescubrimiento. El paisaje como espejo de sus habitantes, de las vidas que lo pueblan y lo gastan. Fernando García de Cortázar ha salido al camino con el macuto de sus conocimientos y saberes, porque la senda gana en interés desde el pensamiento, cuando la cabeza es habitada por nombres, fechas, ideas. «Viaje al corazón de España» nos trae así a un historiador peregrino, de pluma cuidada, que barzonea entre ciudades, del norte a sur y de este a oeste, porque la senda, a diferencia de las provincias, no conoce qué son las demarcaciones, y está libre de fronteras, límites.

–¿Cuál es la intención del libro?

–En mi obra he tocado casi todos los palos, pero me faltaba descubrir a los españoles lo hermoso que es este país. Es un esfuerzo nacido de algo que llevo dentro. Después de tantos esfuerzos dedicados a la Historia de España, ahora intento difundir la historia y el arte. Creo que es importante que nos eduquen en la conciencia nacional. Igual que las familias inculcan la piedad en los hijos, hay que fomentar el amor a tu país, sobre todo en este momento de desaliento y tristeza, de la impugnación de la idea de España en Cataluña. Esta obra es un asidero sentimental.

–Lleva un viajero dentro...

–Vivir es revivir, evocar. El viaje para mí también se traduce en dar pie a una de mis vocaciones: la literaria. Esta es mi obra más ambiciosa, en ese sentido, porque quiero trasladar estos viajes a los lectores con una voluntad plenamente literaria, comunicándoles y haciéndoles ver que los paisajes y las ciudades han tenido sus escritores y que Madrid no se entiende sin Galdós ni Bilbao sin Unamuno.

–¿Cuál es la influencia del 98 en estas páginas?

–Mucha, porque, aparte de su pesimismo, que no comparto, ya que España vivía un gran momento, el 98 elige a Castilla como una expresión de España. El 98 es muy periférico, pero se vuelca en España. Muchos no son castellanos, sino vascos, gallegos, andaluces, pero me han transmitido su contemplación de Castilla, la de algo bello y hermoso. Cuando me encuentro en Salamanca, mi patria universitaria, o Tierra de Campos, recuerdo los versos de Machado o la expresión de músicos españoles (porque la música tiene un gran papel en este libro). Sigo la misma tradición que Unamuno, que adoraba Castilla. Yo la llevaba dentro a través de las lecturas de Azorín o Juan Ramón Jiménez

–Ortega y Gasset consideraba que para entender el paisanaje había que fijarse en el paisaje.

–La de mi libro es una España sentida y vivida. Es verdad lo que decía Ortega, o los ilustrados, que aseguraban que los caminos hacen la nación. Y esos caminos confluyen en este libro. Ellos nos muestran una España hermosa y bella. Esta obra está escrita en positivo, no cabe lo feo, lo vulgar, sino lo que en buena medida provoca la adhesión.

–Se aparta de Cela y Gutiérrez Solana.

–España es una gran creadora de arquetipos literarios: El cid, la Celestina, Sancho, El Quijote, Don Juan, Carmen... pero no quiere decir que los españoles seamos ni celestinas ni sanchos ni quijotes. Hay que superar esa imagen que ha dado Gutiérrez Solana, por ejemplo, o la pintura española, porque los extranjeros pedían a los artistas españoles ese arquetipo. Se ve en el enfrentamiento entre Sorolla y Zuloaga. Sorolla le decía que no sabía dónde veía él esa España de negruras y momentos siniestros si España era el país de la luz. Pero lo que le reclamaban a Zuloaga eran esos atardeceres negros.

–Somos uno de los países con más patrimonio histórico y artístico, pero da la sensación de que no lo valoramos.

–Quizá porque no nos han enseñado a hacerlo. Sobre todo en las últimas generaciones. Hay un escritor del siglo XVIII que decía: «Haced vosotros las leyes y dejadme a mí cantar las canciones de mi nación». Hoy nadie las canta y hemos permitido que los nacionalistas catalanes, vascos o gallegos se desahoguen en «pro» de lo que ellos creen que es su nación y no se ha fomentado en España la nación española. No se ha permitido la España del sentimiento porque creíamos que eso era patriotismo. El «Visca Catalunya» y «Gora Euskadi» se consideraban admirables en sentimiento; en cambio el «viva España» a muchos les parecía una manifestación de fascismo. Es el drama: que nos han dejado sin nación queriendo combatir el franquismo. Y la forma fue permitírselo todo a las periferias, pero dejarnos al resto sin país. Si hasta se ha quitado el nombre de España por esa vejación que es «Estado español».

–¿Qué le ha enseñado la contemplación de nuestro legado?

–Repetiré algo que me dijo un amigo norteamericano, y uno de los grandes latinistas, cuando contemplaba Mérida o Segovia: «Qué suerte tenéis, sois romanos». Al viajar se nota que somos un pueblo de mestizaje, que España es abanderada en la convivencia de culturas, idiomas, razas. Esto se ve con claridad en el arte y la literatura y en la confluencia del Cristo cristiano, el Alá musulmán o el yahvé judío. Es el único país en el que confluyen las tres culturas del Libro, por eso es bueno que cuando hagamos viajes los emprendamos con el corazón abierto a la curiosidad intelectual.

–El arte salta por encima de las divisiones territoriales.

–Es cierto. No hay fronteras, no hay limitaciones ni separaciones cuando recorremos España. Hay arte y cultura, y zonas para exaltarnos con el paisaje natural. Conviven muchas artes y no nos sentimos extranjeros en ninguna ciudad. A veces, cuando voy a Salamanca, me preguntan: «¿Qué le parece nuestra Plaza Mayor?». Yo les contesto que esa Plaza Mayor también es mía. Tengo un sentido de la propiedad sobre toda España, porque he recibido una educación más nacional que regional.

–Ha calado la historia regional...

–No solo la culpa es del nacionalismo sino también del regionalismo, que olvida al gran poeta para destacar al poeta local. Estos localismos han hecho mucho daño a la idea de España. Se han creado extremeños, andaluces, pero nadie se ha preocupado de hacer españoles. Un libro como este, en un momento definitivo como el actual, intenta difundir la belleza de España –un cierto patriotismo cultural– y fomentar los libros. No solo porque nuestra nación nos ofrece hoy las grandes ventajas de la democracia.

–¿Cómo han influido sus años con escolta debido a ETA?

–Tiene mucho peso en mi experiencia del país. Por eso, para mí, la idea de España es una idea de libertad, más que la de un himno de nacional. Como decía Rushdie, él solo supo qué era la libertad cuando se quedó sin ella. Yo he vivido con escolta durante 12 años, por eso he sentido con más intensidad mi amor hacia España, cuando España era decir libertad y también era decir algo contra el terrorismo.

–¿Qué le parece este resurgir del nacionalismo?

–Los nacionalismos son como la caverna en Europa y España, pero la izquierda les dio vitola y prestigio. Entendería que hay que poner las cosas en su sitio. El nacionalismo se cura viajando, aunque algunos ni viajando se curan. La necesidad de un libro así es hacer justicia a la belleza de un gran país y sus realizaciones culturales, no mirarlo con los ojos sucios de envidia, para destruirlo solo porque fue un imperio, y ya se sabe que los imperios suscitan odios y deseos de venganza. A este país, durante años, no se le han cantado baladas; las baladas han sido las de los independentistas catalanes y vascos.

–¿Son ciertos los tópicos?

–En nuestra mochila hay muchos. Algunos nos han beneficiado y otros, perjudicado. Existen también los literarios. Esto quiere decir que en muchas ocasiones hemos contemplado España a través de los ojos del Quijote. Hay que superar esa visión. De hecho, uno de los propósitos de este libro era enriquecer la visión del país.