Los espías de Cambridge: el arte de la traición

Fueron los mejores espías rusos en Gran Bretaña. Pasaron secretos de incalculable valor, como el proyecto atómico. La reciente muerte de Le Carré, quien se inspiró en uno de ellos, y una miniserie en Filmin han recuperado sus nombres

Kim Philby, uno de los "cinco" espías, en el centro de la imagen.
Kim Philby, uno de los "cinco" espías, en el centro de la imagen.Josephine PhilbyJosephine Philby

Treinta años trabajando para el enemigo. Formaban parte de la élite británica. Cultos, bien vestidos, sin problemas económicos. Unos intelectuales que se codeaban con las altas esferas. Se hacían pasar por anticomunistas o fascistas, pero en realidad trabajaban para la URSS. Lo hicieron entre mediados de la década de 1930 y principios de 1960. Fueron conocidos como «Los cinco de Cambridge», porque eran estudiantes del Trinity College de su Universidad. Fueron Anthony Blunt, Guy Burgess, John Cairncross, Donald MacLean y Harold Philby. Este último fue el más importante, tanto que John Le Carré, quien trabajó para el Mi6 cuando fue dirigido por Philby, se inspiró en su historia para la novela «El topo». El espía fue en su juventud de la asociación «Apóstoles de Cambridge», una sociedad secreta fundada en 1820 a la que pertenecieron personajes relevantes como los filósofos Bertrand Russell, McTaggart y Ludwig Wittgenstein, el escritor Lytton Strachey, el economista Keynes o el historiador marxista Eric Hobsbawm.

GUY BURGESS. Fue conocido por filtrar secretos, pero también por su aire pendenciero y sus borracheras
GUY BURGESS. Fue conocido por filtrar secretos, pero también por su aire pendenciero y sus borracherasArchivoArchivo

Philby, al que llamaban «Kim» por la novela de Rudyard Kipling y su nacimiento en la India, porque su padre era oficial del ejército británico. Es posible que se hiciera marxista por la influencia de uno de sus profesores, el economista inglés Maurice Dobb, cuyos textos fueron manuales universitarios en la España de los ochenta. Dobb le puso en contacto con la Komintern, la internacional comunista, y ahí fue donde fue reclutado por el OGPU, antecedente de la NKVD y del KGB, cuando tan solo tenía 22 años. En 1936 se unió a la Liga de amistad anglo-alemana, una organización fascista, y un año después consiguió ser asignado como corresponsal del periódico «The Times» para cubrir al bando franquista en la Guerra Civil. Stalin le encomendó la misión de asesinar a Franco, pero no tuvo el coraje suficiente.

Stalin le encomendó la misión de asesinar a Franco, pero no tuvo el coraje suficiente

A comienzos de 1938 el camión en el que viajaba fue alcanzado por un obús soviético. Sus tres compañeros murieron y él resultó levemente herido. Su pretendida adhesión a la causa y el incidente empujaron a Franco a condecorarlo en persona en Burgos el 3 de abril de 1938 con la Cruz Roja al Mérito Militar. Estuvo dos años y medio en España, y en el verano de 1941 el MI6 le reclutó para trabajar en la sección de contraespionaje. Desde ahí ascendió hasta dirigir la Sección IX, dedicada al contraespionaje soviético, donde tuvo acceso a papeles del Foreign Office, el MI5 y el Almirantazgo. Nunca fue capaz de matar a alguien con sus propias manos, pero sí mandarlo hacer. Eso pasó con Volkov, un agente ruso que iba a pasarse a Occidente y a delatar a los británicos traidores. Gran bebedor, traidor a todo el mundo, despiadado y cobarde, no tuvo impedimentos para desempeñar cargos diplomáticos incluso en Washington, donde fue el enlace entre el MI5 y la CIA.

JOHN CAIRNCROSS. Fue delatado por un espía al final de sus días. Pasó documentos ingleses y americanos a los rusos
JOHN CAIRNCROSS. Fue delatado por un espía al final de sus días. Pasó documentos ingleses y americanos a los rusosArchivoArchivo

Escándalos y bombas

Una vida más escandalosa llevó otro de los agentes dobles, Guy Burgess. Pendenciero y borrachín, le gustaba llamar la atención. Era un burgués que estudió en los mejores sitios, como el Eton College y el Trinity College. Fue en Cambridge donde se hizo comunista, como Philby. En 1935 ya estaba al servicio de la inteligencia soviética. Se colocó en puestos estratégicos como la BBC, el MI6 y el Foreing Office. Al igual que Philby entró en la red que crearon las agencias británica y nortea-mericana, y fue destinado a Wa-shington. No duró mucho en la capital de Estados Unidos debido a los escándalos públicos, y fue devuelto al Reino Unido en 1950. Al año siguiente huyó a la URSS con MacLean, otro agente doble, porque estaban a punto de ser descubiertos, según les dijo Philby.

DONALD MACLEAN. Inteligente y discreto llegó a ser primer secretario de la embajada británica en Washington
DONALD MACLEAN. Inteligente y discreto llegó a ser primer secretario de la embajada británica en WashingtonArchivoArchivo

MacLean era hijo de Donald MacLean, líder del Partido Liberal entre 1918 y 1920. Tuvo una educación izquierdista, y cultivó la amistad de James Klugmann, historiador del Partido Comunista británico, y Roger Simon, laborista. A comienzos de la década de 1930 se afilió a dicho partido. Ya en Cambridge lo reclutó Anthony Blunt para los servicios secretos soviéticos. Llegó a ser primer secretario de la embajada británica en Washington entre 1944 y 1948, y asumió el cargo de Secretario de la Comisión Conjunta anglo-norteamericana de Desarrollo Atómico. Esto permitió a MacLean pasar la información a la URSS sobre la fabricación de la bomba de uranio, y los acuerdos entre Churchill y Roosevelt. Luego fue destinado a El Cairo, donde comenzó a tener una vida disipada, por lo que fue enviado a Londres en 1951. Cuando el MI5 le pisaba los talones escapó con Burgess a la URSS. Ambos dieron una rueda de prensa en 1956 en Moscú diciendo que habían sido agentes dobles para mejorar las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Soviética.

Entre Stalin e Isabel II

Anthony Blunt era aristócrata, criado en un ambiente conservador y anglicano. En Cambridge despuntó como historiador del arte, especialmente medieval y moderno. Pronto fue llamado por la Corona, e Isabel II lo nombró protector de la colección de arte del Palacio de Buckingham. Incluso fue reconocido con el título de «Caballero Comandante de la Orden Victoriana». La NKVD, antecedente del KGB, captó a Blunt en 1931, cuando tenía 25 años. No se puede achacar al universitario que conociera a la URSS solo por los libros o la propaganda occidental, porque en 1935 viajó al país de Stalin y regresó al Reino Unido más marxista-leninista que nunca. Consiguió infiltrarse en el Ejército como capitán en la Policía de Seguridad de Campo, y se trasladó a Francia en 1939. También comenzó entonces su relación con el MI5, el servicio de inteligencia interior británico.

ANTHONY BLUNT. Fue historiador de arte y llegó a trabajar en el Palacio de Buckingham para la reina Isabel II
ANTHONY BLUNT. Fue historiador de arte y llegó a trabajar en el Palacio de Buckingham para la reina Isabel IIArchivoArchivo

En 1963 fue descubierto Kim Philby, que huyó a la URSS, y al año siguiente Blunt. Sin embargo, este llegó a un acuerdo: desveló la red de espionaje soviético en el Reino Unido a cambio de su inmunidad y de continuar su trabajo junto a la Reina. No fue hasta 1979 que no lo supo la opinión pública, cuando Margaret Thatcher, la Primera Ministra británica, desveló el escándalo de su traición para quitárselo ya de enmedio. El quinto de Cambridge fue John Cairncross, quien no reconoció su trabajo de agente doble hasta el final de sus días. Fue Oleg Gorievsky, espía del KGB, quien lo delató en 1990. No obstante, fue pillado en 1951 por una nota que había pasado a Burgess.

Después de un duro interrogatorio, en el que debió cantar que fue fichado por los soviéticos en 1937, fue despedido del MI5 y emigró a Estados Unidos. Había entregado a los comunistas, entre otras muchas cosas, los códigos Lorenz para descifrar los mensajes del alto mando británico. Gracias a su paso por el MI6, la inteligencia exterior británica, tuvo acceso al Proyecto Manhattan para construir bombas atómicas que, por supuesto, pasó inmediatamente a los rusos. Ninguno de ellos fue feliz a lo largo de su vida. Alguno justificó su traición por motivos espúreos y poco creíbles, y todos murieron solos. Aún se habla de ellos en el Foreign Office.

HAROLD PHILBY. Estuvo en España y llegó a ser distinguido en Burgos con la Cruz Roja al Mérito Militar
HAROLD PHILBY. Estuvo en España y llegó a ser distinguido en Burgos con la Cruz Roja al Mérito MilitarArchivoArchivo

Entre la literatura y la realidad

Las décadas de 1950 y 1960 fueron la época dorada de las novelas de espías, que contaron con John Le Carré con su «El espía que surgió del frío» (1963) como gran patriarca. No en vano fue uno de ellos a las órdenes de Kim Philby. También Graham Green, informador del MI6, quien escribió «El tercer hombre» (1950) y «Nuestro hombre en la Habana» (1958). De esa época fue «Casino Royale» (1953), en la que Ian Fleming presentó a James Bond, agente del MI6. Charles McCarry, norteamericano, fue agente de la CIA de 1958 a 1967 en Europa, Asia y África, y luego se dedicó a escribir novelas. Otro americano es Frederick Forsyth con «El día del Chacal» (1971) y «Odessa» (1972). Casi todas han sido llevadas al cine y a la televisión, lo que ha contribuido a que sea un género que no ha perdido fuerza.