La periodista y escritora Marta Robles
La periodista y escritora Marta Robles©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Marta Robles: «Hay poderosos que por una pasión pueden perder hasta su reino»

Publica «Pasiones carnales» (Espasa), donde repasa los amores de los reyes desde la reconquista hasta el siglo XX

Este es un cartapacio de amores de todo rasero e índole. De amores que nacen con el baldón de lo prohibido y la ilicitud, y de amores que crecen y aumentan en la hoguera de los sentimientos más honestos, pero que comparten un vértice común: conjugan con las fuerzas arrolladoras de la inevitabilidad. Estas páginas que nos trae Marta Robles en «Pasiones carnales» (Espasa) son ricas por su anecdotario de alcoba, pero también por lo que tienen de recorrido y sondeo histórico. Aquí están los amores que cuestan reinos y los amores que los forman; los amores que vienen malditos y los que llegan tocados por la buenaventura; los amores que provienen del arrebato y los que se fraguan en la pasión. Pero por debajo de esas atracciones lo que surge es un repaso de la historia de España a través de nuestras dinastías monárquicas, desde el año 711 hasta Alfonso XIII.

–Sexo y poder.

–El sexo es poder y el poder es sexo. Hay una curiosa simbiosis entre ellos. Todos los poderosos tienen la potestad de tener sexo con quien quieran y el sueño de muchas personas es tener poder para tener sexo. El poder ejerce mucho influjo sobre aquellos que no lo tienen. Es su erótica. Hay gente que está con personas sin encanto solo por el poder. Pero, como el sexo lo desbarata todo también hay poderosos que pueden perder hasta su reino por una pasión. Después puede crecer hasta el amor, aunque el primer arrebato siempre es carnal. Pero por donde puedes perder los papeles es por la carne. Seas poderoso o no.

–¿Y el poder es nocivo?

–El poder cambia a las personas para mal. Hay que tener una pasta especial para que no destruya la mejor parte del hombre. El poder corrompe. Da la impresión de que las personas poderosas son diferentes. Cambia el comportamiento. Te das cuenta incluso en circunstancias pequeñas. Imagina cuando el poder es mayor e incide sobre todo.

–¿Con qué mujeres se identificaría en este libro?

–Las mujeres han cambiado mucho a lo largo de los siglos. Yo soy una mujer de mi tiempo. Me costaría elegir a una. Pero sí escogería aspectos concretos de ellas. Sería un poco Robocop. Me gusta la valentía de Leonor de Guzmán, la cercanía de Isabell II, a pesar de sus defectos, pero ella me despierta ternura; la sexualidad de Beatriz de Bobadilla, aunque no su maldad... una de las que me gustan es Juana La Loca a pesar de sus celos, porque me pareció generosa con su marido y con su padre. Luego también he descubierto una parte de Isabel La Católica que me gusta.

–Dos amantes de reyes: Zaida y Raquel. Una musulmana y una judía.

–La pasión rebasa todos los prejuicios en cualquier época. Zaida se convirtió en amante y reina. Raquel estuvo siete años de concubina. Con ellas, sus respectivas cortes se volvieron musulmana y judía. Las pasiones cambian la historia, el interior de las personas y hasta la deriva de los acontecimientos. Tanto Raquel como Zaida resultaron unas mujeres irresistibles y enloquecieron de amor a los reyes. También existe una razón. En esos tiempos, las judías y las musulmanas eran más sexys que las cristianas. La higiene era distinta y ellas eran más limpias, delicadas y estaban depiladas. Además eran mejores conocedoras del sexo y la pasión. Esto influyó también en que despertaran pasiones mayores.

–Las mujeres ejercieron el poder en la Historia.

–En muchas ocasiones no han sido las protagonistas principales, pero han movido los hilos desde la trastienda. Hay mujeres que han influido y cambiado los acontecimientos. La propia Leonor de Guzmán, durante 23 años, actuó de reina y aconsejó con mucho acierto al rey. Fue esencial para la historia, aunque después le cediera el papel principal al monarca. Pero todas ellas han dejado su huella.

–¿Qué reyes fueron más fervorosos en sus amores?

–La diferencia con los monarcas es que antes tenían un poder absoluto y tenían mayores veleidades por el sexo y por el poder. No debería suceder tanto, pero los poderosos, y en esto da igual que sean reyes, políticos o empresarios, se sienten distintos a los demás y consideran que tienen potestad para afrontar determinadas cosas, específicamente en el mundo de la carnalidad.

–¿Preferencias?

–Es diíficl juzgar a las personas desde otros momentos de la historia. Hay que comprender y conocer la época en que reina cada uno de ellos. Los reyes más antiguos, a pesar de su gran poder, al menos salían a luchar al campo de batalla. Pero tengo simpatía al que consideran el mejor rey de España, Carlos III. Cambió muchas costumbres y se implicó en temas sociales... Y no desbarró nada en el sexo. Cuando su esposa murió, se controló.

–¿Qué dinastía ha tenido más debilidades?

–Pensamos en los Borbones y creemos que los Trastámara y otros reyes no tienen aventuras, pero no es así. Fernando el Católico usaba la cantaridina y Felipe II tuvo incontables amantes. Incluso una colección de pintura erótica. Cada uno tiene lo suyo.

–Es la colección de pintura real.

–Era su colección particular. En algunos de sus cuadros distingues su rostro. Le debió servir para ponerse a tono. Una ayudita nunca viene mal.