Historia

El canto del cisne de la Guerra de las Comunidades

Se cumplen quinientos años de la derrota de los comuneros en la batalla de Villalar, fin de un conflicto que marcó el tránsito de la Castilla medieval a la España moderna de los Austrias

Doña María Pacheco, última líder comunera, recibe las noticias de la derrota de Villalar y de la ejecución de su marido, Juan de Padilla.
Doña María Pacheco, última líder comunera, recibe las noticias de la derrota de Villalar y de la ejecución de su marido, Juan de Padilla. FOTO: . La Razón

Calificada por autores como José Antonio Maravall y Joseph Pérez como la “primera revolución moderna”, la Guerra de las Comunidades se tradujo para la Corona de Castilla en el tránsito de la Edad Media a la época Moderna. Los intereses dinásticos del nuevo monarca, el borgoñón Carlos de Gante, chocaron de pleno con los de una sociedad dinámica en la cual distintos sectores sociales, apartados hasta entonces del poder político, buscaron el modo de expresar y promover sus intereses, no siempre concordantes.

En la rebelión comunera confluyeron aspiraciones de lo más variopintas, algunas de carácter reformista, que pretendían devolver la corona a la senda de racionalidad fiscal de los Reyes Católicos; otras, abiertamente revolucionarias, como las de los campesinos que se alzaron contra sus señores, y unas y otras contrarias al poder absoluto, pues, como advertía Íñigo Fernández de Velasco y Mendoza, condestable de Castilla, a Carlos I, en septiembre de 1520: “[…] como los pueblos van gustando de libertad, hallanse tan bien con ella que si v. m.t tarda, quando quiera remediallo no podra”.

Varios eran los agravios que denunciaban los comunes castellanos, que afirmaban, en un manifiesto publicado en Valladolid el 26 de septiembre de 1520, que “metidos extranjeros en la governacion de los dichos rreynos tan sin piedad fuesen despojados y tiranizados dellos en tanto deservicio de sus magestades y daño particular y general de todos”. La unión de las ciudades castellanas perseguía revertir dichos males, y la Santa Junta que se formó en Ávila y luego en Tordesillas era el órgano que se juzgó más a propósito para ello: “desta manera las cibdades e villas e comunidades deste Reyno se hazen muy fuertes y poderosas, y se guardaran sus leyes y fueros no consintiendo que se quebranten”.

La revuelta social que acontecía en paralelo y sus consecuencias fueron temidas en particular por el estamento nobiliario. Así, los jurados de la ciudad de Granada, leal al rey, reprocharon a sus homólogos comuneros que “los efetos que de aquella [rebelión] se an seguido an seydo levantamiento de pueblos gran desasosyego tumultos escándalos muertes derribamientos de casas daños de hasiendas los tratantes e mercaderes y labradores y oficiales dexados e perdidos sus tratos e oficios puestos en armas y en batallas”. La subversión social deviene, en las misivas del almirante de Castilla, Fadrique Enríquez de Velasco, la principal amenaza para el interés general: “Al Reino no le combenia que estubiesse gente junta considerando que los labradores dexaban de arar i sembrar, los artífices de obrar, los mercaderes de tratar”.

En su vertiente militar, el conflicto vio cómo formas de organización heredadas del medievo coexistían con las más novedosas armas de la época, los cañones de asedio, la disputa por cuya posesión precipitó los acontecimientos. Las tropas comuneras de Juan de Padilla se hicieron con un número considerable de piezas, varias de ellas de elevado calibre, como las llamadas San Francisco, Serpentina y Culebrina. En total, según Adriano de Utrecht, el tren comunero que entró en acción contra el castillo de Torrelobatón estaba formado por “seys piezas gruesas y cinco falconetes con setenta barriles de polvora, quinientas o seyscientas pelotas y treynta otras pelotas de piedra”. La Guerra de las Comunidades no fue ajena, pues, a la llamada “Revolución militar”.

A la postre, sin embargo, la alta nobleza abrazó la causa carolina y su esfuerzo permitió vencer a los comuneros en Villalar el 23 de abril de 1521. Los capitanes Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado fueron ejecutados al día siguiente. Mientras eran conducidos en sendas mulas a la plaza mayor de Villalar, un pregonero anunciaba: “Mándanlos degollar por traydores y alborotadores de pueblos, y usurpadores de pueblos”, a lo que Bravo replicó: “Mientes tú y aun quien te lo manda decir: traydores no, mas zelosos del bien publico sí, y defensores de la libertad del Reyno”.

Por su parte, Padilla interpeló a este: “Señor Juan Bravo, ayer era dia de pelear como caballeros, y oy de morir como Christianos”. Comenzaba entonces, para una Castilla que veía a su monarca coronado sacro emperador y que conquistaba en las Indias el imperio mexica, una nueva etapa de su historia en la que, a costa de su efervescencia política, iba a convertirse en el núcleo y principal sostén de la monarquía europea y universal de los Austrias.

FOTO: DF Desperta Ferro Ediciones

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