Grecia, indignada por el hormigonado de la Acrópolis

Las críticas entre los expertos aumentan al estar asfaltándose algunos caminos con el objetivo de facilitar la visita a las personas con discapacidades

Partenón, joya arquitectónica de Atenas
Partenón, joya arquitectónica de AtenasALKIS KONSTANTINIDISREUTERS

El objetivo es positivo, pero las vías para alcanzarlo son, para los griegos, pésimas. En un lugar arquitectónico y grandioso como es el de la Acrópolis de Atenas, no hace falta ninguna renovación ni mejora. Quizá, una adaptación para facilitar que todos puedan visitarla, pero mientras menos se modifique y más se preserve su originalidad, mejor. Al fin y al cabo, el Partenón no es tanto un foco turístico como una joya del Patrimonio mundial, que se debe cuidar y mantener. No obstante, para algunos expertos esto se está ignorando con la instalación de un nuevo camino pavimentado con hormigón en gran parte de la colina.

Este proyecto se inicia con el objetivo de facilitar la visita a la Acrópolis a las personas con discapacidades. De nuevo, la causa de esta modificación es positiva, pero se podrían haber tomado otros medios que no afectaran al paisaje histórico tal y como se conoce. Explica a “The Guardian” Tasos Tanoulas, hasta hace poco director de restauraciones de la zona, que lamenta la decisión de cubrir gran parte de la pared de la roca con hormigón armado: esta medida conduciría “a la degradación del paisaje natural y una devaluación de la roca como monumento natural por derecho propio, como fortaleza natural”, explica.

Obras de renovación y adaptación de la Acrópolis de Atenas
Obras de renovación y adaptación de la Acrópolis de AtenasEPA

Por tanto, la polémica está servida, pues también Yannis Hamilakis, profesor de arqueología y estudios griegos modernos en la Universidad de Brown, asegura que estos cambios “equivalen a un escándalo de proporciones globales”. “Lo más escandaloso, quizá, es que esos trabajos se han realizado sin un estudio sistemático previo”, continúa, “son claramente un intento de recrear una Acrópolis imaginada en el siglo V a.C., un sueño colonialista y nacionalista neoclásico, que converge con la agenda del gobierno para una mayor comercialización del sitio”.

En este sentido, lo que más preocupa a los griegos es que se complazca más al turismo de masas que a la salvaguarda del sitio histórico. Añade Manolis Korres, arquitecto que ha presidido durante bastante tiempo la restauración del Partenón, a “The Guardian”, que “muchas generaciones de eruditos han tratado de poner orden a este caos, incluido yo mismo”. Se refiere a las explosiones, incendios, saqueos, terremotos y olas de visitantes que han ambientado durante años a la Acrópolis. Y asegura que “la cuestión es salvaguardar lo que hay aquí. En un hospital hay que cuidar a los pacientes y, para mí, los pacientes son piedras”.

Todo ocurrió durante la pandemia. Durante los seis meses que los templos estuvieron cerrados al público, se aprovechó para adaptarlos a las nuevas necesidades. Se instaló un ascensor para transportar sillas de ruedas que sustituía a uno más antiguo que dejó de funcionar hace años. Esto, aunque haya sido cambiar uno viejo por uno nuevo, también ha despertado polémica. Pero las críticas mayores han sido respecto al antiguo camino Panatenaico, que ha sido reemplazado por uno asfaltado. Más de 3.500 personas han firmado en una carta que pide la eliminación de este hormigonado.

“Es como si el Partenón mismo hubiera sido bajado al nivel de la calle y rodeado por un pavimento de cemento”, dice Despoina Koutsoumba, presidenta de la Asociación de arqueólogos griegos. “Ha habido una gran presión, especialmente de la industria de los cruceros, para aumentar la capacidad de visitantes de modo que se puedan acomodar multitudes más grandes”.

No obstante, hay a quienes les parece positivo este cambio. Cada año, más de 100 personas resultan heridas por la resbaladiza superficie de algunas zonas de la Acrópolis. “Muchos se rompen las piernas”, explican a la publicación británica algunos guías turísticos. Y añade una de ellas, Athina Pitaki, que “he estado aquí el tiempo suficiente para ver todos los cambios y en realidad es mucho mejor ahora. No ha afectado a los monumentos”, asegura, “siguen siendo tan impresionantes como siempre y, por primera vez, la gente puede disfrutarlos sin temer que estén a punto de caer”.