Cuando el cine muestra las historias detrás de los refugiados

Eduardo Moyano publica «Peligro: refugiados», que desea hacerlos visibles

Escena de «Pequeño país», película dirigida por Éric Barbier que actualmente está en cartelera y que aborda el genocidio de Ruanda. Debajo, el autor del libro
Escena de «Pequeño país», película dirigida por Éric Barbier que actualmente está en cartelera y que aborda el genocidio de Ruanda. Debajo, el autor del libroLa RazónLa Razón

Con frecuencia vemos en televisión imágenes de personas refugiadas o de inmigrantes, escenas a veces dramáticas de niños ahogados o muertos en mitad del desierto, hechos por desgracia cada vez más habituales ante los que podemos sentir impotencia unas veces y otras, cierta indiferencia. “Algunas nos impactan y se nos quedan en la retina, como la de Aylan, aquel niño sirio muerto en la playa, las del padre y el hijo que murieron en la frontera de México o la del niño que salvó el guardia civil de las aguas hace poco, pero suceden diariamente y muchísima gente muere en el mar jugándose la vida por intentar alcanzar un mundo mejor en el que va a ser muy difícil entrar y adaptarse a una sociedad que, generalmente, los rechaza”; esto afirma Eduardo Moyano que publica “Peligro: Refugiados” (Ediciones de la Torre).

Un campo de refugiados en Grecia FOTO: ORESTIS PANAGIOTOU EFE

Para el periodista y escritor, ex director de Radio Exterior de España y presentador de “El Ojo Crítico”, este es el tercer libro que escribe vinculado a los movimientos migratorios y el exilio. En él ahonda en la situación de las personas refugiadas -casi 80 millones en todo el mundo- con el cine como referente. “Hablo de refugiados por cuestión de guerras, por problemas de raza, de religión, por cuestiones sexuales y, cada vez más, por el cambio climático”, asegura. Un porcentaje de las ventas del libro irá destinado a los programas de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Su objetivo es hacer visibles a los refugiados, “que cine y documentales sirvan como testimonio y denuncia”, además de “reconocer la labor y el trabajo de ONG como CEAR, Acnur, Amnistía Internacional, Cruz Roja, Médicos sin fronteras, o Save the Children, que cumplen una labor fundamental y a veces se juegan la vida, como la cooperante española recientemente asesinada. Para Moyano, “sería fantástico que estas películas se vieran en institutos y colegios adaptadas a la edad de los alumnos, que pudiesen debatirse y conocer lo que pasa, porque es algo que se van a encontrar pronto. La UE no encuentra la solución, da dinero a países limítrofes como Turquía, Libia o Marruecos, pero eso no soluciona nada, hay que trabajar en los países de origen, intentando ayudarlos y formarlos en colaboración con las autoridades de cada país. Europa se aprovechó de ellos y ahora debería devolverles algo”. Películas como “Adú”, “Pequeño país” o “Deephan” y documentales como “Fuoccoammare”, “Érase una vez en Venezuela” o “Muros”, ayudan a tomar conciencia.

Moustapha Oumarou (izda.) y Adam Nourou en la película "Adú" FOTO: IMDB

En el periodismo existe el dilema de si hay que mostrar ciertas imágenes en los informativos o no, ¿es positivo? “A veces se hace pornografía del dolor -apunta Moyano-, se exhiben y manosean demasiado, como el caso de Aylan, que casi parecía un muñeco tirado. Hay que informar y nada más, lo que se hace después es un “reality” abusando de las imágenes”. Los refugiados no son números. “Detrás de cada uno hay una persona que huye de una situación terrible de violencia (lo que le pasaba a Adú cuando se va con su hermana); hay pobreza económica, hambre y miseria; huyen de guerras, como en Siria, refugiados en su propia casa, como “Alma mater”, una de esas películas esenciales que describe de manera directa y claustrofóbica una guerra de once años, gente con una vida y un país normal, que han sido destrozados; o los venezolanos, que unen una crisis económica fortísima y problemas políticos con el régimen de Maduro”.

Intolerancia y odio

El título es concluyente y muy significativo. ¿Por qué y para quién son un peligro los refugiados? “Determinados sectores de la derecha internacional y de la sociedad los considera una amenaza, son muy sensibles a que lleguen, no les gusta”. Y advierte: “Quede claro que no soy de los que piensan que todo el mundo que quiera puede entrar directamente a un país europeo porque es imposible, no tenemos tanta capacidad, pero hay quienes los criminalizan, cualquier robo, crimen o acto violento, se lo adjudican como si fuesen los malos de la historia. Hay intolerancia y odio, les molesta que se les dé, comida, casa…lo que sea, creyendo que van a perder algo, pero no perdemos nada, no quitan trabajo, hacen los que no quieren los nativos. Es increíble el odio mostrado a la chica que abrazó al refugiado en Canarias, cómo la atacaron, las barbaridades que se dijeron, incluso a las ONG que los ayudan”, se lamenta. El título es irónico porque los que llegan lo hacen deshechos y con muy pocas ganas de causar problemas a nadie después de años jugándose la vida intentando llegar a Europa”, afirma Moyano.

A veces parece que se nos olvida que somos un país de emigrantes, que los españoles salimos de nuestras casas hacia Europa o América para sobrevivir. En los años 60, gente analfabeta de Extremadura, Andalucía o Castilla, cogía una maleta atada con una cuerda, se subía a un tren y emigraba a países donde nadie sabía español y ellos desconocían el alemán, francés, inglés… el régimen franquista lo ocultaba, no se hablaba de emigración, era como si no existiera y el cine la contaba a través de comedias y con una cierta nostalgia y deseo de volver a su país, que es lo que en principio quieren todos los refugiados y emigrantes del mundo”, asevera. Nunca antes ha habido más muros ni más fronteras que en el siglo XXI, blindados ante la “amenaza” de refugiados e inmigrantes. “En 1989, cuando cayó el muro de Berlín había 11 fronteras protegidas, ahora en 2021 hay 70. Recomiendo el documental “Muros”, que cuenta cómo es la vida a uno y a otro lado del muro. Sobre esto, recojo unas palabras del Papa Francisco que son muy significativas: “Vergogna, e una vergogna””, concluye.