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Colgada del feminismo

  • Colgada del feminismo

Tiempo de lectura 4 min.

14 de febrero de 2018. 02:58h

Comentada
Óscar REYES .  14/2/2018

Una camiseta de «Sons of Anarchy» llama la atención de Virginie Despentes (Nancy, 1969). «Me encanta la serie –dice–, es muy de la escuela masculina clásica». El comentario podría pasar desapercibido si no saliese de la boca de una controvertida eminencia del feminismo a nivel global. Matiza que ficciones que representan tan fuertemente la hombría como esa no hacen daño mientras no monopolicen y exista la posibilidad de consumir otro tipo de contenidos protagonizados por homosexuales, transexuales, mujeres solteras, personajes que, por aclamación popular, la industria acepta cada vez mejor. Si no fuese así la propia Despentes no podría haber publicado la trilogía «Vernon Subutex» (Literatura Random House), de la que ha lanzado recientemente su desenlace en español.

Ha sido un éxito en Francia, en parte porque las palabras de Despentes siempre congregan bastantes oídos a su alrededor. Es de esas personas de las que se dice que abren la boca y sube el pan, sobre todo cuando habla de feminismo. Su ensayo «Teoría King Kong» la encumbró como una de las voces de este movimiento que todavía confunde un poco a la autora: «A veces me planteo escribir de nuevo algo que resuma el feminismo, pero resulta muy complicado encontrar un hilo conductor. Es un caos de discursos, hay unos que te interesan, otros que solo una parte y algunos que los tomas aunque estés en contra... Existe mucho conflicto entre feministas, pero veo un sentimiento común por resolver lo que significa ser mujer y cuáles son las trampas que queremos denunciar». El fenómeno #MeToo, que anima a contar testimonios de abusos sexuales y ha tomado una dimensión global al desvelar acoso en la industria cinematográfica, le parece a Despentes una herramienta fantástica por la que canalizar las reivindicaciones feministas: «No se trata únicamente de conocer los abusos, sino de tomar conciencia de que hay productores de sesenta años que hacen películas porque lo que quieren es ver chicas desnudas en las pantallas. Así sabemos que hemos llegado hasta este punto y ahora tenemos que proponer otra cosa», añade.

Toma de conciencia

No obstante, el movimiento sufrió uno de sus grandes golpes en Francia, cuando un grupo de artistas lideradas por Catherine Deneuve firmó un manifiesto en su contra. Despentes comenta que ello en realidad es «una lucha de clases»: «Ellas son las ricas, la mayoría provienen de clase alta, y avalan a los nuevos ricos que están hartos de que se pongan límites a su poder y quieren acostarse con quien quieran. Pero fíjate, escriben que les molesta que se use la palabra ''víctimas'' para las chicas del #MeToo. A mí eso me suena al rico que le dice al pobre que se queja demasiado», asegura la escritora sin apenas despeinarse.

Una gran parte de las mujeres que rubricaron el texto que se publicó en «Le Monde» pertenecían a la industria del cine francés, en la que, continúa, «todos sabían de sobbra lo que hacía Harvey Weinstein con las actrices y, sin embargo, las mandaban a Estados Unidos para que se reunieran con él. Me preocupa la ausencia de ternura que tienen estos hombres hacia las chicas», añade.

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