Cultura

El bestiario de las catedrales: ¿Qué simboliza una serpiente, una sirena, un león y un dragón?

Las catedrales son libros en piedra. «La biblia» de los que no sabían ni leer ni escribir. Una manera de edificar y, también, de inculcar las distintas enseñanzas morales, doctrinales y religiosas de entonces a través de episodios del Antiguo y Nuevo Testamento. El cincel hacía de estilográfica y el maestro que impartía lecciones eran los relieves de los capiteles y los frontones. Pero las claves de aquella cultura esculpida, que durante la Edad Media, y más allá, alimentó un imaginario de quimeras y bienaventuranzas, se ha ido perdiendo en la marea de los siglos. Hoy sus figuras resultan un misterio y su significado espolea la fantasía de los visitantes y de algunos con una marcada tendencia al esoterismo. ¿Pero cuál es la interpretación de esas aves, bestias y criaturas fantásticas? Mario Agudo aporta algunas claves en su libro «El bestiario de las catedrales» (Almuzara), donde se encontraran algunas claves esenciales para saber leer las portadas de estos edificios y aclara muchos preámbulos y temas relacionados con ellas. Estás son algunas de ellas, explicadas de manera sucinta y breve:

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1) La serpiente: no podía ser otra forma. Aunque en otras culturas más primitivas estaba relacionado con cultos distintos, en el cristianismo su vinculación está clara desde el Génesis, cuando se convierte en la incitadora de la desobediencia de Adán y Eva. Es la representación del diablo.

2) Harpías: Una figura monstruosa desde la antigüedad. Es una figura híbrida que reúne una parte humana y otra de ave. Posee cola de serpiente y tiene lengua bífida. En el caso de reconocerla en un capital, hay que relacionarla con la presencia de algún mal, sino, directamente con el mal. «Si llevan gorro frigio pueden simbolizar la lujuria», matiza el autor de esta obra.

3) Centauros: estas criaturas, mitad hombre y mitad caballo, son conocidas desde Grecia. De hecho, el tutor de Aquiles fue un centauro llamado Quirón, quien manejaba el arco. Su existencia, durante el cristianismo, pasa a representar la doble lucha del alma humana. Por un lado, sus aspiraciones de elevarse sobre lo terreno y sus tentaciones, mientras que, por el otro, marca su inclinación hacia la lascivia. Mario Agudo especifica: «En el medievo aparecen disparando su flecha en señal de amenaza, aunque también se representan en combate con otras criaturas como las sirenas».

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4) Sirenas: Son conocidas desde la «Odisea». Ulises decide escuchar su canto, que ha llevado a muchos marineros a la perdición. Durante el medievo su iconografía cambia y son retratadas con una parte de pez. Representan el mal y la perdición. Su presencia puede suponer la destrucción o corrupción de un hombre a sus cantos (interprétense como tentaciones).

5) Gorgonas: Proviene de la cultura griega, donde había tres. La más conocida de ellas era Medusa, a la que mata Perseo. Cualquier hombre que la mirara quedaba petrificado, por eso, el héroe griego emplea un escudo para matarla. Su representación en una catedral o una iglesia hay que interpretarla como una especie de «espejo en el que se reflejan nuestros pecados para dejarnos petrificados».

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6) Dragón: es el símbolo del mal. Por eso siempre aparece San Jorge luchando contra él. Una manera de reflejar la lucha del bien contra el mal.

7) León: Es un símbolo de Cristo. Pero, en el tetramorfos simboliza San Marcos (el águila sería San Juan, el toro o buey San Lucas y el hombre, San Mateo).

8) La paloma: es el espíritu santo

9) El ave fénix: proviene ya de la cultura egipcia y en el cristianismo, como en el caso de la tierra de los faraones está vinculado con la resurrección.

10) El camello y el elefante: El primero, aunque también pueden significar más cosas, suele simbolizar el largo y duro camino que los creyentes deben recorrer y los obstáculos que deben superar para alcanzar la perfección o encontrarse con Dios. En el caso de los elefantes, que suele aparecer siempre con el lomo cargado, es una manera de alertar a los fieles de cómo pesan los pecados y lo fuerte que se tiene que ser para soportar su carga.

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