El nuevo rostro de Ana Frank

Una biografía y una nueva edición de su diario redescubre su personalidad

La joven Ana Frank
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Una biografía y una nueva edición de su diario redescubre su personalidad

«El diario de Ana Frank» es uno de los libros más famosos de la segunda mitad del siglo XX. Se han vendido alrededor de 30 millones de copias y su autora se ha convertido en una de las mártires y representantes más conocidas del exterminio que los nazis protagonizaron durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Una nueva edición al inglés de esta obra ha proporcionado a los lectores la oportunidad de enfocar el rostro de la niña que se escondía detrás de ese diario, según informa «The Guardian».

Está incluido en un volumen de «Obras completas» y, aparte de la colección de cuentos cortos de la autora y la novela que dejó incompleta, se han añadido las tres versiones que existen de diario. La primera, la más primitiva y la más inocente, es la que redactó entre principios de mayo de 1943 y finales de ese mismo año. Ana Frank acometió la revisión de estas páginas y el resultado fue otra versión que va desde 20 de junio de 1942 hasta marzo de 1944. La comparación entre ellos permite observar cómo la autora ha madurado, su voz se ha vuelto más grave, más consciente, más profunda, como si los hechos que vivía a su alrededor la hubieran convertido, de manera prematura, en una adulta. Aquí puede palparse el talento de una escritora que, si no hubieran asesinado en Auschwitz junto a miles de personas, habría podido convertirse en una novelista excepcional. La tercera versión que existe es la que publicó el padre de Ana durante 1947 y que después se popularizó, aunque apareció mutilada, sin los pasajes referidos a la sexualidad y otros asuntos espinosos, muy incómodos en esa época.

La novedad que ha supuesto esta edición, y una nueva biografía escrita por Bart van Es, ha permitido recobrar la voz del único superviviente que conoció personalmente a Ana Frank. Albert Gomes, que en la actualidad tiene 89 años, y que, de hecho, aparece citado por ella en sus cuadernos, quien lo define como alguien «realmente listo». Ambos se habían encontrado en el Liceo judío de Amsterdam y durante un mes mantuvieron un contacto diario. Él mismo pasó por la experiencia que Ana Frank. Los dos estuvieron escondidos juntos a sus familias para escapar de las redadas ordenadas por los alemanes. Fueron unas semanas intensas, salpicadas de emociones. El propio Albert Gomes admite, como recoge «The Guardian», que al leer por primera vez esa obra, «yo mismo la podía haber escrito». Pero aquí introduce un matiz importante, que es lo que marca la diferencia: la personalidad, que hizo que ella afrontara la realidad de una manera más madura que muchos de los niños escondidos que había a su alrededor.

Albert Gomes, que entonces era un chaval retraído, tímido, más dado a la introspección y que le costaba abrirse a los demás, recuerda cómo una lección de biología había acabado para él de una manera vergonzosa, con los alumnos riéndose de él, y que la primera persona que después se acercó a él fue precisamente Ana Frank. En aquel momento ella una muchacha alegre, más comprometida con su evolución y el magnetismo que creaba a su alrededor que con la llegada de las tropas del Tercer Reich y la amenaza que supuso para millones de personas. Albert Gomes relata cómo hablaba sin cesar, los castigos que padecía por parte de los profesores, las lecturas que la mandaban y cómo escribió un poema satírico sobre un cisne malvado que la profesora consideró tan bueno que obligó a Ana Frank a leerlo en voz alta en clase. Después, sobrevinieron los hechos que casi todos conocemos: cómo se escondió y cómo su familia, a diferencia de la de Albert Gomes, que escapó por muy poco, fue atrapada por los nazis y enviada a Auschwitz. Al cabo de un mes sólo quedaba el padre con vida.