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El primer corazón artificial que latió

  • El primer corazón artificial que latió

Tiempo de lectura 4 min.

24 de julio de 2019. 03:42h

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Jorge Alcalde Madrid. 24/7/2019

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El pasado mes de junio el Hospital de Bellvitge vivía una de las jornadas más emocionantes en su historia reciente. Anunció a los medios de comunicación que había procedido a implantar con éxito un corazón artificial en un paciente de 30 años con una hipertensión pulmonar grave. Era la segunda vez que una operación de estas características se realizaba en España. Y es que un corazón artificial no es como un corazón natural. Se trata de una máquina compleja: el dispositivo, que incluye dos ventrículos artificiales que sustituyen a los naturales, se conecta mediante dos tubos a una consola portátil externa. Los impulsos que se generan en la consola externa se transmiten por un sistema de aire y vacío a los ventrículos artificiales que activan el mecanismo de bombeo de la sangre dentro del cuerpo.

Tecnología avanzada, de vanguardia, pero tecnología vieja... porque cuando se implantó en el mundo el primer corazón artificial corría el año 1969. Medio siglo ha. Ese año, el cardiólogo del Hospital de Texas Denton Cooley se encontró con un caso realmente complicado. Haskell Karp, paciente de 47 años, estaba a punto de morir por culpa de una insuficiencia cardiaca. No tenía tiempo para esperar un donante. Así que Cooley decidió probar con él un prototipo de máquina cardiaca diseñada poco antes por el doctor DeBakey con fondos de los Institutos Nacionales del Corazón. Era un dispositivo mecánico, no muy diferente en esencia al implantado este año en Bellvitge, que serviría de puente hasta la llegada de un corazón de donante para el enfermo. La intervención fue todo un éxito. Karp vivió los tres días que faltaban hasta que obtuvo un órgano natural de donante. Lástima que solo dos días después de recibir el corazón vivo falleció a causa de complicaciones inesperadas. ¿Qué habría ocurrido si hubiera permanecido con su máquina artificial? ¿Habría sobrevivido más tiempo? ¿Cuánto?

Una agria polémica

El caso Karp ha pasado a la historia de la medicina. A pesar de su triste desenlace nadie le quitará a Cooley haber sido capaz de implantar antes que nadie un aparato que simula el corazón humano. Hubo, eso sí, una agria polémica al respecto. Se acusó a Cooley de haberse saltado los protocolos éticos de su especialidad médica al implantar un aparato que no había sido debidamente testado antes en seres humanos. Ni siquiera había suficiente evidencia en animales.

En realidad, las acusaciones fueron promovidas por el doctor DeBakey, quien reclamaba que su dispositivo hubiera sido utilizado sin su permiso. Sea como fuere, lo cierto es que un comité de ética terminó condenando a Cooley por uso ilegítimo de la experimentación en humanos y le obligaron a solicitar permisos de experimentación para el resto de sus operaciones futuras. Por si fuera poco, la viuda de Hakell Harp demandó al equipo médico para solicitarles 5 millones de dólares de indemnización. La demanda fue desestimada en 1972.

Durante el juicio, los abogados preguntaron al doctor Cooley si se creía el mejor cardiólogo del planeta. «Por supuesto», respondió. «¿No considera su respuesta una falta inadmisible de modestia?», le replicó el abogado. «Bueno, no puedo mentir. Estoy bajo juramento». Así era Denton Cooley, el cirujano que implantó el primer corazón artificial de la historia el 4 de abril de 1969.

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