El Shakespeare de Hopper no convence

El cuadro de la estatua del bardo en Central Park al atardecer salió a subasta en Sotheby’s por 7 millones de dólares. A pesar de las altas expectativas y de la escasez de obras de Hopper en el mercado, no hubo ofertas

"Shakespeare at Dusk", de Edward Hopper
"Shakespeare at Dusk", de Edward Hopper

El cuadro de la estatua del bardo en Central Park al atardecer fue subastado anoche en Sotheby’s y delata el gusto del artista estadounidense por la literatura en general y la poesía de Shakespeare en particular

En la mente de miles de personas, Nueva York existe como una isla sobrepoblada en la que la gente camina, como millones de hormigas, entre los rascacielos. Sin embargo, hay rincones de la ciudad en los que la calma aún es posible. A ciertas horas, algunos recodos de Central Park son especialmente propicios a la tranquilidad. Es esa ciudad cansada que se mete a la cama cuando cae el sol la que retrató Edward Hopper en “Shakespeare at Dusk” (1935). El cuadro de la estatua del bardo mirando hacia los edificios en una solitaria tarde de otoño fue subastado el lunes en Sotheby’s pero no recibió ninguna oferta.

Kayla Carlsen, directora de American Art de dicha casa de subastas, afirmaba semanas atrás al "Art Newspaper"que “el mercado de Hopper se ha recalibrado” en el último año. Como ejemplo, citaba las exitosas ventas de tres de sus cuadros: “Chop Suey” (1929), que se subastó en Christie’s por más de 91 millones, con lo que se quebró el récord de venta del artista por más de 50 millones; “Two Comedians"(1966) que se vendió por 12,5 millones de dólares en Sotheby’s, y “Bridle Path” (1939) cuyo precio inicial era cinco millones pero terminó cerrándose en más de diez.

Por lo tanto, el fracaso de “Shakespeare at Dusk” fue seguramente una gran sorpresa para la casa. Aunque Carlsen no contestó a las preguntas que este diario envió por correo electrónico, el resultado de la subasta habla por sí solo: apenas se vendieron 33 de los 85 lotes que se pusieron en venta.

Aunque forma parte de la famosa serie de Hopper dedicada a Nueva York, que desarrolló desde el comienzo de su carrera hasta su muerte en 1967, es también uno de los pocos lienzos del artista estadounidense en que puede señalarse en un mapa el punto exacto de la ciudad que eligió retratar. Se trata del extremo sur del Central Park Mall, una especie de bulevar interno creado en 1857 por Frederick Olmsted y Calvert Vaux, los arquitectos del parque neoyorquino. La estatua de Shakespeare es obra de John Quincy Adams Ward, autor también de la de George Washington ubicada en el Federal Hall.

El aire de nostalgia, misterio y soledad es evidente en la obra, y la historiadora Gail Levin, autora de una biografía de Hopper, sugiere que posiblemente ese retrato del día que se va y la oscuridad que llega haya sido motivado por el luto: el artista acababa de perder a su madre en marzo de ese año. En todo caso, la influencia de la literatura y la poesía, en particular la de Shakespeare, era evidente en gran parte de su obra. El propio Hopper solía citar fuentes literarias para explicar el sentido de sus cuadros.

En su libro, Levin afirma que su esposa, la también pintora Josephine Nivison-Hopper, registró en sus diarios cómo a él le gustaba leer al bardo mientras ella lo retrataba. “Mientras él posaba, y mientras ella se encargaba de las tareas de la casa, Edward tomó la costumbre de leerle en voz alta. Algunas veces eran canciones de Shakespeare, otras el poema “Ballade des dames du tempes jadis”, de François Villon, o ensayos de T. S. Elliot”.

Un poema de Shakespeare en particular parece haber sido la inspiración para el cuadro que Hopper le dedicó:

Mira en mí, solo aquella, mal época del año,

cuando hojas amarillas, ya pocas o ninguna,

de las ramas, aún cuelgan, tiritando de frío,

en el ruinoso coro, donde cantaron aves.

Mira en mí, solamente, en el ocaso del día,

como tras el crepúsculo se esfuma en occidente,

poco a poco, robado, por la trágica noche,

gemela de la muerte y todo su reposo.

En mí, ves el rescoldo de aquel divino fuego,

que sobre las cenizas de su juventud yace,

como el lecho de muerte, en que debe expirar,

consumido por todo lo que fue su alimento.

Esto ves, con lo cual, hace a tu amor más fuerte

Para amar bien aquello, que pronto dejarás.