El Arrebato: “Pensé que el himno del Sevilla lo haría César de Los Morancos”

Entrevista con Francisco Javier Labandón, nombre del alma de El Arrebato, que presenta un disco de colaboraciones para celebrar su 20 Aniversario de carrera y con él repasamos su trayectoria. “ Mi padre quería que fuera futbolista y no lo logré. Pero he metido un gol en el Sánchez-Pizjuán”.

Entrevista con Francisco Javier Labandón, nombre del alma de El Arrebato, que presenta un disco de colaboraciones para celebrar su 20 Aniversario de carrera y con él repasamos su trayectoria. “ Mi padre quería que fuera futbolista y no lo logré. Pero he metido un gol en el Pizjuan”.

La historia de El Arrebato es una de esas en las que se impone el gusto popular por encima de todo. No encontrarán en la prensa reseñas de sus discos ni de la mayoría de sus conciertos, por cierto, multitudinarios. Así que vamos a componer con Francisco Javier Labandón su álbum de fotos familiar y artístico de estos 20 años de carrera, que estrena disco de colaboraciones, “Abrazos” y una gira que pasa por Bilbao (27 de septiembre), Pamplona (28), Jerez (9 de noviembre), Badajoz (30), Zaragoza (27), Logroño (17), Valladolid (31 de enero), Roquetas de Mar (25), Madrid (10 de febrero), Barcelona (17 y 18 de abril), Girona (19), Sevilla (5 junio) y Málaga (13). En esta conversación, aparecen su abuela, su madre, su padre, y los recuerdos de un chico de barrio.

-Este es un disco celebración. ¿Le ha dado por pensar, hacer balance?

-”Abrazos” habla de que mi carrera ha ido de abrazo en abrazo, me siento una persona querida y eso es el mayor éxito que pueda tener alguien en su vida o su profesión. Y eso también te da un grado de responsabilidad, de estar a la altura. Por eso he buscado canciones icónicas y compañeros que fueran mis amigos, con complicidad más que interés comercial.

-¿Cómo se consigue que te quieran durante 20 años?

-Creo que tiene que ver con ser uno mismo y con que no le hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti. Y con ser sincero, como eres, tal cual. Hay que abrir más los brazos y comunicarnos más, tener más empatía.

-Hace 20 años que surgió El Arrebato espontáneamente.

-Ya antes teníamos un bagaje, una universidad, que es la de subir a los escenarios con 14 años, en las veladas. Íbamos a las asociaciones de vecinos y cantábamos y ese fue nuestro primer contacto con los escenarios. Formamos un grupo de tres, que se llamaba Piel Morena, y tuvimos cierto éxito pero aquello se deshizo. Fue mi escuela porque en mi familia no había tradición musical. Tuve que empezar de cero en un mundo complicado. Lo que me salva la vida es que compongo, que le puedo dar mi personalidad a lo que escribo, que puedo llevar mi carrera por donde yo quería o sentía y me surge la posibilidad del Arrebato. Pero claro, llamándome Javier Labandón, pues sonaba a abogado, no a artista.

-Labandón y Asociados.

-Sí. Fue gracias al Dioni del grupo Camela, que cogió una maqueta mía y apostó y la llevó a una compañía discográfia y a un mánager. Le estaré agradecido toda la vida. Y me preguntaba: “¿Cómo nos ponemos artísticamente?”. Y les dije: “Como no me llame como me decía mi abuela, que me decía arrebato porque era muy nervioso y travieso...”. Aquella era una expresión común en ella, que le decía a todo lo que le resultaba molesto. Arrebato. “¡Ay, que arrebato de moto!” O: “¡Callarse ya, que me tenéis arrebatá!”. Era una gaditana muy graciosa. Y entonces, en ese momento nos reímos pero tenía una connotación a mi abuela Leonor y así surgió. Y la verdad es que fue un arrebato. Saqué el primer “single”, “Poquito a poco”. Yo pensaba que era un buen título, porque era la manera como había llegado a la música y hoy en día es el nombre de mi casa. Fue disco de oro, de platino, empezaron a salir singles, y le gustaron a la gente. Y ahora quiero disfrutar de esto. Quizás no lo he saboreado todo lo que debía y puede que un día lo eche de menos.

-El éxito que le sobrevino no es fácil de digerir.

-Es, como decía aquel, que te confunde, como la noche. De repente tu mundo cambia, y yo era un chico humilde de barrio de Sevilla y pasas a ser alguien conocido y te dan la mejor mesa en un restaurante. Empiezas a tener cierto poder social. Y hay que tener los pies en la tierra, saber digerirlo. No eres consciente. Pero yo estaba casado, ya tenía familia, y eso me hizo tener los pie en la tierra.

-Tiene una voz reconocida, ¿cuál es el mensaje de su música?

-Me preocupa mucho el mundo de las emociones. La gente me ve como un artista de buen rollo, siempre con la sonrisa y me parece correcto, porque es una imagen mia buena y trato de seguir siendo yo mismo. Yo creo que salgo a mi madre porque no tengo una foto de ella que no esté sonriendo o algun recuerdo de ella que no sonriera. Y trato de buscar ese mundo de las emociones, no soy un artista dramático. A veces tengo un mal día y me pongo a componer sobre un conflicto, pero cuando llego al estribillo quiero darle una solución porque mi personalidad es optimista. Y soy incapaz de dejar un drama sin resolver. Mis canciones le cantan a los momentos, soy amante de la cotidianeidad que dejamos pasar de largo y que es el paraíso y no lo hemos vivido. Y trato de reflejarlo para que le remueva a la gente.

-¿La política o los temas sociales no le interesan?

-Los temas sociales sí. Siempre he metido alguna implicación social. La política, no. Al principio, cuando pretendía ser un hombre, me gustaba. Pero luego me di cuenta de que la política no se puede entender. No le veo sentido porque te das cuenta que es como una profesión y debería ser una vocación: hacer algo por el pueblo y crear cosas. Pero es algo que quieren tener todos los políticos, de una esquina a otra: su sillón o su posición.

-Me ha hablado de su familia, su abuela y su mujer...

-Creo que es el gran éxito de mi vida. Ha habido veces en la vida en que he reculado y me he dado cuenta de lo importante de la vida, los pequeños momentos, las cosas sencillas y estar agarrado. Imagínate que llegas a 60 años y mucho éxito musical y estas solo.

-Entonces es la antiestrella del rock.

-Bueno, no es antiestrella, es que me ha dado mucho vértigo despegarme. Soy una perona muy familiar y que ese barco me lleve lejos me da miedo.

-No se iría a Miami a vivir.

-No, qué va, no me voy ni de Sevilla... ni a Madrid que es preciosa. Me gusta mi pueblecito y mi gente.

-Pues de Sevilla no hemos hablado y el gran éxito en estos 20 años es el himno del Sevilla.

-Yo ya era conocido, pero aquel fue un éxito grande que lo eclipsó todo. Había hecho el “Búscate un hombre que te quiera” que era anterior, y había vendido millón y medio de discos. Y un amigo, que era sevillista, me dijo que el club recogía propuestas de himnos y que hiciera yo uno, porque soy aficionado. Y yo no tenía fe en el concurso, pensaba que lo iba a hacer César de los Morancos que está metido ahí siempre y compone bien. Pero bueno, me picó el gusanillo y le iba dando vueltas a la cabeza. Me acordaba de mi padre que era muy sevillista. Pero es que siempre decimos que el fútbol son 11 tíos detrás de un balón, y, si lo miras básicamente, es así. Pero para mí el fútbol es ir de la mano de mi padre cada domingo cuando él descansaba y que él me fuera hablando. Y los abrazos... Para mí el fútbol son abrazos. Él era una persona que no expresaba el cariño y en el fútbol te daba unos abrazos... que los mejores que me dio en su vida han sido con un gol del Sevilla. Por eso el fútbol no son solo 11 tipos detrás de un balón. Es una tradición y unas vivencias que forman parte de tu vida. Mi padre tenía el sueño de que fuera futbolista. Y no lo pude ser pero de alguna manera metí un gol en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Seguro que él lo ha visto desde algún sitio.

-Bueno, imagino que los del Betis no le darán abrazos.

-(Risas) El mánager que tenía en aquella época y alguna gente de mi compañía discográfica me dijeron que no lo hiciera. Que me iba a posicionar en la ciudad, que me iban a dar una.. Pero pudo más mi ilusión que aquello y no he tenido nunca problemas. Bueno, alguna guasa, simpática. Y bueno, siempre me han reconocido que el himno está bien. Y me siento querido como te decía al principio hasta por los béticos.