Cultura

El porqué de los apodos de los reyes de España: el Impotente, el Hechizado, el Doliente...

Un repaso a los sobrenombres que han llevado algunos monarcas de nuestra historia

Felipe II fue conocido como el Prudente y también como El Demonio de Mediodía
Felipe II fue conocido como el Prudente y también como El Demonio de Mediodía

Probablemente a todos los reyes de España les gustaría haber pasado a la historia con un sobrenombre como el Grande. Tal es el caso, por ejemplo, de Juan II de Aragón. Pero solo unos pocos han tenido esa fortuna, ya que la mayoría han tenido que entrar en los libros con apodos no tan elogiosos.

Es el caso de Carlos II, rey entre 1665 y 1700, a quien se llamó el Hechizado porque se llegó a creer que sus inacabables defectos físicos e intelectuales se debían a que había sido víctima de la brujería.

No hallaban otra explicación a que tuviera la cabeza cubierta de crostas, a que padeciera raquitismo, a que sufriera crisis epilépticas y a que fuera mentalmente retrasado.

En aquel tiempo no se tomó en cuenta que todo ello pudiera deberse a la consanguinidad de sus padres (Felipe IV y Mariana de Austria eran tío y sobrina). Teorías posteriores han añadido que padecía hidrocefalia, es decir, un exceso de líquido cefalorraquídeo en la cocorota.

Carlos II también era impotente, pero tenía suficiente con arrastrar el apodo de el Hechizado y, de hecho, ya hubo un monarca que pasó a la historia con este apelativo derivado de su incapacidad para reproducirse.

El Impotente

Era Enrique IV el Impotente, que reinó entre 1454 y 1474, y fue incapaz de engendrar hijos con su primera mujer, Blanca de Navarra. Con la segunda, Juana de Portugal, le costó 7 años y acabó naciendo Juana, pero las malas lenguas decían que, en realidad, era hija de su valido Beltrán de la Cueva y por eso la motejaron como Juana la Beltraneja.

El Doliente

A Enrique III, rey entre 1390 y 1406, se le conoció como el Doliente por su precaria salud. Se cree que a partir de los 17 años comenzó a sufrir algún tipo de enfermedad, probablemente neurológica, la cual producía cuadros clínicos cada vez más frecuentes y con gran deterioro orgánico.

Tan frágil era su salud que murió a los 27 años. Testimonios de la época subrayan su delgadez y debilidad, su mal color y su carácter melancólico. Hay quien asegura que fue tuberculoso y murió a causa de dicha enfermedad, pero esta tesis flaquea porque no tiene en cuenta otros factores como los cambios en su rostro y las dificultades en el lenguaje descritas por el historiador de la época Hernán Perez de Guzman.

El Descuidado

A Juan I de Aragón se le llamó el Cazador, aunque otros fueron menos irónicos y lo motejaron como el Descuidado porque no disfrutaba con las tareas de gobierno. Al parecer, el monarca dedicaba buena parte de su tiempo a sus aficiones personales, particularmente a la caza, aunque también disfrutaba con la astrología, las letras y las artes.

Debido a esta dedicación a sus aficiones, las finanzas y los negocios públicos de la Corte quedaron en manos de su esposa, Violante de Bar.

El Emplazado

A Fernando IV de Castilla, rey entre 1295 y 1312, se le llamó el Emplazado porque dos caballeros, los hermanos Carvajal, a quienes mandó ejecutar emplazaron a la muerte al monarca por lo que vieron como una irreparable injusticia.

Los acusados de asesinato reclamaron su inocencia, pero el rey ordenó que los despeñaran. Ante esta condena, los hermanos Carvajal emplazaron al rey ante el Tribunal de Dios a los 30 días de su ejecución dando a entender así que recibiría su merecido. Y lo cierto es que así fue porque Fernando IV murió en ese tiempo después de echarse a dormir.

Cabe explicar que el monarca tenía fama de comer y beber y desmesuradamente, aunque nadie sospechaba que su muerte se hallaba cerca. En la tradición popular cobró vida la presencia figurada de los Carvajales en el momento de la muerte y existen lienzos que representan a los hermanos como espectros. El tema se hizo muy famoso en la literatura de la época y Bretón de los Herreros estrenó un drama titulado Los Carvajales en 1837.

El Pasmado

A Felipe IV, rey entre 1621 y 1665, se le llamó el Pasmado por el aspecto de su rostro y Torrente Ballester llegó a publicar una novela con este mismo título. También Imanol Uribe dirigió una película siguiendo esta novela que protagonizó Gabino Diego.

Pero Felipe IV recibió más apodos, entre ellos ‘el rey Planeta’ por la amplitud de sus dominios mundiales. Curiosamente, tan enormes fueron sus territorios como pequeños sus viajes porque Felipe IV no llegó a salir nunca de España.