J. Carlos de Ramón y Aurora Nacarino-Brabo: «Una reforma constitucional tendría hoy padres y madres»

40 jóvenes nacidos en democracia relatan en «La España de Abel» su manera de vivir dentro de la Carta Magna.

40 jóvenes nacidos en democracia relatan en «La España de Abel» su manera de vivir dentro de la Carta Magna.

Cuarenta años de Constitución dan para un buen relato. Así lo entendieron Juan Claudio de Ramón y Aurora Nacarino-Brabo, que con motivo del aniversario del 6 de diciembre se pusieron manos a la obra para alumbrar 40 relatos escritos por 40 jovenes españoles contra el cainismo. «La España de Abel» (Deusto) es un ensayo coral que recoge las vivencias y experiencias de una generación nacida en Democracia. Sus coordinadores explican que el relato «tenía que ser plural porque España lo es». El antecedente surge tras el otoño de 2017 por los «sucesos un poco traumáticos en Cataluña» que dejaron al país « bajo de autoestima», según sus coordinadores.

–¿España se parece a la Constitución?

–Aurora Nacarino-Brabo: La Constitución no es un país sino un texto jurídico, valido hoy en día. Se encuentra a la altura de las constituciones más progresistas y liberales. Es el dibujo de una España tras 40 años de dictadura. Plural y descentralizada, con una vocación de respetar a las minorías, los derechos individuales.

En estos momentos de división y ataques a la unidad del territorio, ¿cómo se puede cuidar la Constitución?

–Juan Claudio de Ramón: Hay que verla como lo que es: un buen texto. Es útil y ha permitido la creación en pocas décadas de un país decente, que ha alcanzado estándares de vida muy elevados. Cuidar la Constitución es no sacralizarla, hay que concebir la idea de que se puede reformar siempre desde el consenso y con la voluntad de preservar lo bueno que hemos heredado.

–A.N.-B.: Para cuidar la Constitución hay que cuidar la convivencia, porque la carta Magna es un marco para ello, dentro del cual podemos caber todos pero siempre que se respete esa convivencia dentro de la pluralidad.

–¿Estamos a la altura del reto de salvaguardar la Constitución?

–J.C.de R.: No se trata tanto de salvaguardarla, sino de lo que ha permitido: la connivencia de los españoles y la creación de una sociedad próspera. El libro está escrito bajo la hipótesis de trabajo de que el número de españoles que acepta esta herencia de sus padres y que quiere legarla a sus hijos es mucho mayor de los que quieren tirarlo por la borda.

–A.N.-B.: Hay una opinión común entre los escritores de este libro de que España sigue siendo un país razonablemente bueno para vivir.

–¿Tenemos más o menos libertad, 40 años después?

–A.N.-B.: Es indudable. Este país se parece muy poco a aquel que protagonizó la Transición, es mucho más libre también porque nos hemos desprendido de algo que coartaba la libertad: la amenaza del terrorismo. La España de 2018 es mucho más libre y mejor.

–¿Ser constitucional es también ser patriota?

–A.N.-B.: Patriotismo es un término complicado.

–J.C de R.: La Constitución habilita en España, quizá por primera vez, una modalidad de patriotismo muy fecundo que es la del patriotismo constitucional, el sentimiento de que la patria consiste en la libertad común que está cifrada en un conjunto de leyes que la protegen. Existe una manera de identificar la Constitución con la patria, pero no es la única, y no tiene por qué ser la idea que manejan algunos partidos.

–A.N.-B.: El valor que puede tener España como nación es por la comunidad de ciudadanos que la conforman. No tenemos un amor a España crítico, el país nos gusta en tanto que es un Estado de Derecho en el que se respetan las libertades.

–Si hoy hubiese que redactar una Constitución... ¿quiénes serían los padres y madres de la constitución?

–A.N.-B.: Podemos decir que una reforma constitucional en este caso tendría padres y madres.

–Con el conglomerado de partidos actual, ¿se podría haber llegado a una Constitución como la vigente?

–J.C.de.R.: La Constitución fue fruto de un periodo de emergencia nacional donde todos los partidos dieron lo mejor de sí para alcanzar consenso. A pesar de que la vía política, efectivamente, está más marcada por el conflicto que por el consenso, estoy convencido de que si nos pusiéramos a la tarea de reformar, nuevamente emergería la voluntad de consenso.

–¿Abrir la Constitución para determinadas cosas puede tener como consecuencia acabar con ella?

–J.C.de R.: Las reformas parciales son habituales en todos los países.

–A.N.-B.: No creo que esté amenazada. La única forma de asegurar su pervivencia es adaptándola a su tiempo. Tan arriesgado es querer demoler todo el edificio constitucional como pretender tener una Constitución rígida pero quebradiza como el cristal.

–Algunos partidos intentan feminizar la Constitución...

A.N.B.: Creo que todo el mundo está de acuerdo en que habría que eliminar la preferencia del varón sobre la mujer. No sé cuánto más se puede feminizar el texto legal.

–Tenemos constitución para rato?

–J.C.de R.: No pienso que la Constitución esté en peligro.Por mucho que reneguemos de España, aquí siempre volvemos, según reflejáis en el libro.

–A.N.-B. He vivido fuera y dentro. Coincidí con los españoles que encontré en que todos teníamos la idea de volver a casa.