La isla más protegida de todo el mediterráneo

El intento de atentado de Don Juan Carlos I por parte de ETA convirtió a Mallorca en uno de los territorios mejor vigilados por las Fuerzas de Seguridad

El intento de atentado de Don Juan Carlos I por parte de ETA convirtió a Mallorca en uno de los territorios mejor vigilados por las Fuerzas de Seguridad

Desde que la banda terrorista ETA intentó matar al Rey Juan Carlos I en agosto de 1995, hace ya casi veintiún años, Mallorca se ha convertido cada verano en la isla más vigilada del Mediterráneo. Proteger a Felipe VI y a su familia requiere poner en escena un espectacular dispositivo de seguridad compuesto por más de 250 agentes, entre los que hay expertos en explosivos, tiradores de élite y buceadores de la Benemérita. La ardua tarea de los escoltas comienza semanas antes de que la Familia Real llegue a Palma. Inspectores de Policía del Grupo de Información de la Comisaría Especial de Seguridad de la Casa Real proceden al registro minucioso de todos los establecimientos públicos que tienen previsto visitar los monarcas e incluso investigan a los empleados y camareros de esos locales. Los funcionarios de un organismo especial de la Dirección General de la Policía, dedicado en exclusiva a la protección del Rey, vigilan también a los huéspedes e inquilinos de los edificios próximos al Palacio de Marivent. En concreto, 220 agentes de la Policía Nacional formaban en verano de 1995 el primer cinturón de vigilancia y contravigilancia. Un dispositivo coordinado por un segundo grupo de inspectores de paisano que permanecía en el interior de Marivent. Cada vez que la Familia Real salía a navegar varias dotaciones de submarinistas de los Grupos de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil, especializados en la desactivación de explosivos, inspeccionaban las profundidades de Porto Pi, donde atracaba el yate regio Fortuna, o del Club Náutico de Palma.

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Una vez en el mar, los monarcas estaban custodiados por buques militares que, desde una distancia prudencial, impedían a cualquier embarcación extraña acercarse al «Fortuna». Además, varias patrulleras estaban al corriente cada día del denominado «plan de tareas» de Don Juan Carlos, donde se especificaban todos los desplazamientos a bordo de sus yates.

A la Familia Real se la protege por tierra, mar y aire. Una orden gubernamental de 1990 prohíbe a cualquier aeronave sobrevolar la zona donde residan los Reyes a una altitud inferior a 1.500 metros. Esta prohibición no afecta a los helicópteros de la Policía ni de la Dirección General de Tráfico. Ni un solo viaje de la Familia Real se realiza sin que antes el Grupo de Información, compuesto por inspectores de Policía, haya inspeccionado minuciosamente el lugar que tienen previsto visitar los monarcas o sus hijas. Y esa labor incluye el exhaustivo examen del subsuelo: sótanos y alcantarillas, así como los sistemas de alumbrado, cocinas, aparatos de aire acondicionado, dobles techos.

Esta unidad de escoltas está formada por alabarderos (que son miembros de la Guardia Real), Guardia Civil y Policía Nacional. Hombres duramente entrenados en el manejo de armas y en artes marciales, trajeados de azul oscuro o gris marengo, con corbata de la Casa Real o pasador con el escudo real, y unos diminutos auriculares para recibir órdenes de sus superiores. Algunos de ellos han recibido instrucción en El Escorial, en cuya academia se imparten cursos para la Unidad Especial de Intervenciones (UEI) y los Grupos Antiterroristas Rurales (GAR).

w un búnker subterráneo

Por último, la Unidad de Apoyo se divide en tres secciones: una, de servicios de reconocimiento, integrada por funcionarios de Policía que disponen de perros adiestrados en la detección de explosivos; otra, de protección, encargada de controlar todos los accesos a los edificios; y una, de tráfico, que vigila los itinerarios de las comitivas oficiales.

Dos expertos estrategas militares, antes que el coronel Guillermo Quintana-Lacacci, jefe de Seguridad de la Casa Real cuando ETA intentó acabar con la vida de Don Juan Carlos, han dirigido esos mismos servicios desde que éste fue designado Rey, en 1975. El primero de ellos fue el coronel Manuel Blanco Valencia, que estuvo cerca de diez años al frente de la seguridad, hasta que fue relevado por José Luis Ferreiro. La Familia Real está a buen recaudo en Marivent. En un búnker subterráneo de un edificio adyacente se encuentra el inaccesible centro de comunicaciones que vela por el secreto de las conexiones y la seguridad de los habitantes de palacio. En su azotea hay una pista de helicópteros.

El despacho del monarca, antes Juan Carlos I y ahora Felipe VI, es alargado, con dos ventanales altos y estrechos orientados a levante y al norte. En su habitación de trabajo llama la atención la existencia de tres teléfonos. Uno oscuro y antiguo, con llave de seguridad; otro más normal y un tercero, que reposa sobre una mesilla y que se parece al teléfono rojo que todo Jefe de Estado debe tener siempre a mano. Cuestión de máxima seguridad.