Las víctimas de la operación Market Garden

Prisioneros de guerra alemanes en Cherburgo
Prisioneros de guerra alemanes en Cherburgo

La invasión de Polonia por nacionalsocialistas y soviéticos en septiembre de 1939 no alteró la vida en Holanda. El reino de los Países Bajos, con la reina Guillermina I al frente, declaró la neutralidad de su país. No cambiaron de decisión ni siquiera después de que Dinamarca y Noruega, otros dos neutrales, fueran invadidos por Alemania. La Wehrmacht calculó que un solo día les bastaría para dominar los Países Bajos. De hecho, los daneses resistieron al invasor únicamente dos horas. No así los noruegos, que aguantaron de abril a junio de 1940.

No fue un día, sino una semana lo que duró la independencia de los Países Bajos. El brutal bombardeo de Rotterdam, que causó casi mil muertos, puso fin a la resistencia oficial neerlandesa. Guillermina I había huido a Reino Unido, y el primer ministro, sin conocimiento de la reina, regresó poco después a Holanda para negociar la colaboración con los nazis. No era necesario. Berlín nombró un gobernador para la región, al austriaco Seyss-Inquart, quien contó con el Movimiento Nacional-Socialista de los Países Bajos, liderado por Anton Mussert. Estos nazis neerlandeses formaron cinco regimientos y un cuerpo policial.

La persecución de judíos se inició pronto. En julio de 1940 fueron obligados a abandonar el ejército, luego la administración y la Universidad; incluso quedaron prohibidos para ellos los cafés y los cines. Los Países Bajos eran desde 1933 un país de refugio para los judíos alemanes, donde instalaron con normalidad sus familias y negocios. En enero y febrero de 1941 comenzaron las persecuciones contra los establecimientos judíos, a imitación de la “Noche de los cristales rotos”. Cien mil personas fueron deportadas a campos de exterminio. Los neerlandeses protestaron con una huelga el 25 y 26 de febrero, en Ámsterdam, que se extendió a otras ciudades, pero que fue sofocada con facilidad.

Es cierto que hubo resistencia, pero en menor grado que en Polonia o Grecia. Los neerlandeses no resistieron de forma violenta, sino recolectando información, con sabotajes y dando refugio a los perseguidos en su ruta hasta España. La Resistencia holandesa la compusieron algunos militares junto a civiles liberales, socialdemócratas y católicos, ya que los comunistas se mantuvieron inactivos hasta que se rompió el pacto de Alemania con la URSS en 1941.

Los grupos resistentes organizaron un enlace con el Servicio Secreto de Inteligencia Británico. El historiador Antony Beevor, en su reciente libro “La batalla por los puentes. Arnhem 1944” (Crítica, 2018), calcula que podían llegar a las 2.000 personas sumando a los miembros de varias organizaciones. Nunca llegaron al número ni a la fuerza de los colaboracionistas, agrupados en divisiones militares bajo el mando alemán, quienes lucharon contra la Resistencia y los paracaidistas lanzados en Arnhem (Países Bajos) en septiembre de 1944.

Fue la “Operación Market Garden”, la mayor maniobra aerotransportada de los Aliados, con unos 35.000 hombres dirigidos por el mariscal Montgomery, cuya finalidad era tomar el puente de Arnhem sobre el Rin y facilitar la invasión de Alemania. El objetivo era adelantar a la URSS en la toma de Berlín, que avanzaba por el norte llevando a cabo, en palabras del historiador Antony Beevor, “el fenómeno de violaciones masivas más importante de la historia”. El deseo era terminar la guerra antes de fin de año.

El plan resultó un fracaso. Entre otras cosas porque en Arnhem estaba acantonado el II SS Panzer Korps (Bittrich), integrado por Divisiones Acorazadas de las SS. Los alemanes, además, habían conocido con antelación parte de las acciones aliadas. Con numerosas bajas de británicos, norteamericanos y polacos, las tropas de Montgomery seretiraron el 25 de septiembre. La población sufrió entonces el tercer saqueo, según cuenta Antony Beevor.

La ocupación nazi de la región se había basado en el expolio desde que comenzaron a perder la guerra con la invasión de Italia en 1943. La llegada de las fuerzas aerotransportadas aliadas supuso el segundo saqueo, aunque esta vez incruento. Sin suministros, los soldados tuvieron que alimentarse con lo que encontraron. No obstante, el tercer saco fue el peor.

Las autoridades alemanas ordenaron la evacuación masiva de Arnhem, que eran 150.000 personas. Beevor recoge en su libro los duros testimonios que dejaron los testigos. El plan era encontrar a los resistentes y a los soldados aliados que se habían quedado aislados. Las casas se fueron vaciando una a una con una violencia extrema. Mientras, los edificios del centro ardían por el bombardeo. Los habitantes salieron a pie de la ciudad, con un trozo de tela blanca atado al brazo que les identificaba como no combatientes. Luego, las tropas alemanas saquearon la ciudad a su antojo.

Seyss-Inquart, el Reichskommissar nombrado por Hitler para gobernar los Países Bajos, ordenó después el bloqueo de alimentos a la zona todavía controlada por la Wehrmacht. Quería castigar el refugio que los neerlandeses de Arnhem habían dado a los paracaidistas, y la huelga de protesta de los ferroviarios neerlandeses. Fue el “Hongerwinter” (Invierno del Hambre). Cuando el transporte de alimentos se levantó parcialmente, los canales se habían congelado y no era posible el paso de barcazas. En su retirada, además, el ejército alemán voló los diques y el país se inundó y heló.

A finales de noviembre las raciones diarias de los neerlandeses habían caído a mil calorías, la mitad de lo necesario, y en febrero de 1945 a poco más de 500 y 300. La gente comenzó a comer los bulbos de tulipán y remolacha. No había combustible, por lo que los neerlandeses quemaron muebles, traviesas del tren, vigas y cualquier cosa que les calentara. Las muertes por frío e inanición alcanzaron la cifra de 20.000 personas.

Los testimonios del hambre son estremecedores. Las personas deambulaban por las calles, entre la nieve, buscando comida y leña. Las actividades económicas se paralizaron. El silencio llenaba las calles. Las mascotas desaparecieron. Las autoridades organizaron reparto de alimentos con cupones de racionamiento, pero las tiendas y los almacenes estaban vacíos. A veces se repartía caldo de patatas sin pelar en cocinas al aire libre.

En abril de 1945 la aviación aliada comenzó a lanzar alimentos sobre los Países Bajos, en zonas previamente señaladas. Fue la “Operación Maná”, a la que siguió la “Operación Chowhound”. Suecia envió miles de sacos de harina con los que se cocinó el llamado “pan sueco”.

Era la primera vez que se producía una hambruna en un país rico, por lo que fue objeto de estudio pasado el tiempo. Los niños concebidos durante ese invierno, entre 1944 y 1945, han padecido más diabetes, enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud que los nacidos antes o después. Eran más delgados y bajos. Arnhem fue una de las ciudades que más sufrió la represión a través del hambre y el frío. Walter Cronkite, corresponsal norteamericano que acompañó a las tropas que liberaron la zona, escribió que encontró a los holandeses supervivientes como “niños vestidos con los trajes de sus padres”, con la ropa colgando “sobre los cuerpos demacrados”.

Audrey Hepburn

El caso más conocido de víctima del Hongerwinter es el de la actriz Audrey Hepburn. Era hija de un inglés y una baronesa neerlandesa, ambos simpatizantes del nacionalsocialismo. La familia, ya con los padres divorciados, se trasladó a Arnhem en 1939. Audrey tenía diez años, igual que Ana Frank. Allí estudió piano y ballet en plena guerra. Ya en la edad adulta recordaba los fusilamientos de resistentes en Arnhem, entre otros de su tío, y el envío de judíos en tren a los campos de exterminio. Con el bloqueo nazi sufrió la hambruna, lo que la provocó anemia y dificultades respiratorias toda su vida.

Movimiento Nacionalsocialista de los Países Bajos

El Movimiento Nacionalsocialista de los Países Bajos (NSB) no fue muy numeroso antes de la invasión. Liderado por Anton Mussert, llegó al 4% de los votos en las elecciones provinciales de 1939. Con la ocupación nazi, el NSB se convirtió en el único partido legal. Fue entonces cuando se produjo su crecimiento: 100.000 neerlandeses se afiliaron. Tras la guerra, la mitad de ellos fueron investigados por traición y represión de sus compatriotas, realizada incluso durante el Invierno del Hambre. Mussert fue arrestado, juzgado y fusilado el 7 de mayo de 1946.