Literatura

Elástica memoria

Ya demostró Patti Smith en su excelente «Éramos unos niños» que la memoria puede consignar unos hechos pero teñirlos de una luz determinada. La impresión de la lectura de aquel volumen era el de la descripción de un dulce e inocente guateque de juventud para narrar lo que fueron los años salvajes del Chelsea Hotel. Se imponía el talante místico de la madrina del punk sobre el contenido, que quedaba tamizado de una luz pastel que no empañara la inocencia del joven Robert Mapplethorpe y ella misma. Y si ésa cabía como crítica para el anterior volumen, que se alzó con el National Book Award (uno de los premios literarios más prestigiosos de EE UU), en «Tejiendo sueños», otro ejercicio memorialístico, es en cambio virtud. Porque en este breve volumen, con prólogo firmado en Barcelona, Patti Smith se remonta al fantástico reino de su infancia, y en ese castillo rigen las normas de los cuentos de hadas, como ella misma describe el contenido de esta obra, aunque la artista perjura que todo ocurrió tal y como está contado. Brilla más en estos registros oníricos la prosa poética de la escritora (tanto de canciones como de textos), y los breves capítulos, entre el relato fantástico y el haiku, se convierten en un homenaje a la palabra (que fue su primera pasión antes que la música) y la fantasía. Porque, al fin y al cabo, ¿qué otra cosa si no es fantasía puede ser la memoria?