Maiakovski, su amante y el marido

Una de las más pintorescas vanguardias de principios del siglo pasado fue el Futurismo, estética inspirada por Marinetti, quien postulaba una visión sensual, audaz y combativa de la vida y del arte, junto con la adoración de un maquinismo industrial expresada en la célebre convicción de que un automóvil de carreras era más bello que la escultura clásica de la Victoria de Samotracia. En las postrimerías de la Rusia zarista, procedente de una bohemia antiburguesa y con una clara vocación contestataria, se gestará un futurismo bolchevique que acabará casando mal con la rigidez ortodoxamente comunista. El poeta, dramaturgo y activista cultural Vladimir Maiakovski encarnará como nadie el ruido y la furia de esta extravagante modernidad.

Realizando en una recreación novelada de las andanzas y visiones de tan atrabiliario personaje, Juan Bonilla (Jerez, 1966) publica «Prohibido entrar sin pantalones», curioso título que remite al cartel que presidía la entrada a la ciudad de México, toda una declaración de intenciones para el lector desavisado, que encontrará en esta singular novela un alegato en favor de la creatividad extrema, la libre interpretación artística y la gozosa locura poética.

Nos sumergimos en el obsesivo amor de Maiakovski hacia la joven Lily Brik, sin oposición del complaciente marido y sólo interrumpido por otra musa: Tatiana Yákovleva; y todo ello en el marco de curiosas situaciones: el robo de «La Gioconda», la toma del Palacio de Invierno en San Petersburgo, el encuentro de Maiakovski con Trotski, su relación con la poetisa Anna Ajmátova, su paseo por las calles de Moscú disfrazado de oso, su éxito como rapsoda de sus propios versos ante audiencias multitudinarias o su incursión en el cine soviético. Minuciosamente documentada, con un estilo ocasionalmente próximo a los textos futuristas, esta novela es, sobre todo, una reflexión sobre la ética del arte imaginativo e irreal, una lograda fábula sobre esos otros mundos que también están en este.