FIL
Eduardo Mendoza: "La literatura sirve para acabar con la soledad"
El novelista inaugura el Salón literario de la FIL con una intervención centrada en la historia de Barcelona y en Barcelona como ciudad de escritores y libros
Eduardo Mendoza inaugura el salón literario de la FIL y quizá, en esta edición, con Barcelona como ciudad invitada, no exista un autor con mejores trigonometrías y exactitudes para celebrar un acto de semejante horizonte. «He venido porque aquí hacen una cosa muy interesante con el libro, y es divertirse. Lo alejan de esas reuniones tan serias que suelen hacerse, y eso de disfrutar con la lectura es muy importante».
El novelista, Premio Princesa de Asturias, traductor de la ONU, autor de «La verdad del caso Savolta», «La ciudad de los prodigios», «El misterio de la cripta embrujada» y «Sin noticias de Gurb», hizo hincapié sobre la fascinación que todavía los escritores ejercen en los lectores de la FIL. «Es muy interesante el encuentro con ellos. Enseguida te das cuenta de lo que han leído y de lo que no han leído, pero eso da igual; pero, sobre todo, te das cuenta de que aquello que han leído a veces no tiene nada que ver con lo que tú creías que habías escrito».
Eduardo Mendoza, que aseguró que «la literatura sirve para acabar con la soledad de manera inmediata», recurrió a la historia de Barcelona y, con un humor de alumbramiento británico, hilvanó una larga ponencia, que resultó muy concurrida y que contó con la presencia de José Creuheras, presidente del Grupo Planeta y de Atresmedia.
Comenzó su intervención reconociendo que «quizá soy uno de los últimos representantes de una época que se llamó dorada de Barcelona como ciudad literaria». El mismo día que Jaume Collboni, alcalde de la ciudad condal, presentaba su proyecto «Narrar Barcelona», una iniciativa para impulsar la residencia de escritura para autores latinoamericanos, él evocó esa época en que «los escritores americanos vivían en Barcelona o venían con asiduidad y tuve la suerte de conocer a muchos de ellos y con algunos tener una buena y larga amistad, como Gabriel García Fuentes, Cristina Peri Rossi, Octavio Paz, Julio Cortázar... Fue un momento extraordinario y casi mágico».
La Barcelona femenina
Tras admitir que no iba a aportar en su discurso nada que no se pueda encontrar en Wikipedia, comentó que «Barcelona es femenina y esto influye a la hora de mirar la ciudad. Esto es relevante porque cuando despegó como un lugar turístico, el ayuntamiento lanzó una campaña y el eslogan «Barcelona ponte guapa». Ningún grupo radical protestó. Curioso. O sea, maquíllate, adelgaza y ponte guapa», aseguró con ironía.
Mendoza arrancó reflexionando sobre el origen del nombre de Barcelona. Citó a los íberos. A los cartaginenses. A los árabes. Apuntó que «el momento fundacional de la ciudad es cuando Aníbal llegó allí con 37 elefantes. La gente de Barcelona se dio cuenta en ese instante de que formaban parte de una comunidad porque tenían que hacer frente juntos a cosas muy raras que venían de fuera».
En este recorrido por el pasado de la metrópolis reconoció que «una de las características de Barcelona es vincularse siempre al bando perdedor, aunque, después, saca mucho provecho de las derrotas». Y, por supuesto, evocó a don Quijote. «Todavía le pueden mostrar la casa donde estuvo alojado Cervantes. Está demostrado que no es verdad y se ve enseguida que es cuento».
Al recordar el siglo XIX, dijo que Barcelona es una ciudad medio gótica, que «nunca olvidó su apogeo medieval» y que lo que tenemos hoy es una urbe «con muchos dragones, como se dio cuenta mi querido amigo Carlos Ruiz Zafón». Durante el siglo XX, explicó la violencia anarquista que eclosionó y la urbe recibió el apodo de «la ciudad de las bombas». Pero enseguida dio un salto: «Yo nací en la Barcelona que vivía a la sombra de la Guerra Civil, cuando todas las familias tenían víctimas en un lado u otro, todos tenían una razón para sufrir, todos, alguien muerto, en el exilio o preso. Esa era mi infancia, pero la recuerdo con cierta felicidad, con esos terrenos abiertos llenos de cascotes. Me parecía lo corriente».
Industria literaria infantil
En esos quinquenios, declaró: «Hubo una literatura importante en el exilio, pero lo que floreció allí fue una industria literaria infantil, de tiras cómicas. Hubo una gran creatividad de tebeos, de los cuentos infantiles, humor blanco y vago costumbrismo y que influyó en mi generación y del que he sido deudor».
En este contexto, Mendoza reconoció que «para nosotros la literatura fue un baño de entusiasmo, de ilusiones al que correspondimos dándole nuestro cariño. Barcelona entonces tenía una situación especial. Vivíamos en una dictadura, pero los dictadores pasan por dos fases: la primera, por ser un guerrero, y, la segunda, un patriarca. Franco quería ser el abuelo bondadoso de una familia que se llevaba bien. España para él era una familia». En este reparto, señaló, «a Barcelona le tocó el papel de tía soltera, ahorrativa, trabajadora... pero como el poder estaba en el centro y Barcelona, en la orilla y cerca de Francia, abusando de la incompetencia burocrática de los españoles, se podía hacer lo que daba la gana, se hablaba de lo que se quería, la ciudad era una juerga. Pocas veces Barcelona ha sido tan divertida como entonces».
Un cambio sobresaliente, recalcó Mendoza, fue el turismo. «Las ciudades se preparan para recibir a estos forasteros. Qué bien que vengan a vernos. Entonces nos convertimos en la número 1. Tiene buen clima. Es luminosa. Hay playas. Es pequeña, tiene barrios distintos y lugares canallas. Ahora es una ciudad de extranjeros que trabajan en ella. Esto es lo de hoy. Pero hay que decir que Barcelona es una ciudad muy literaria y que cuando las ciudades fueron descubiertas, surgió la literatura de la ciudad, no la literatura que transcurre en una ciudad, sino la literatura donde la ciudad es la protagonista».