
Opinión
Mónica García se quita la careta y se lanza al monte
La ministra se encuentra absolutamente desprestigiada

El bocinazo final de Junts a esta legislatura no ha cogido a Mónica García en su mejor momento. En el plano sanitario, la ministra se encuentra absolutamente desprestigiada en un sector siempre propenso al peloteo genuflexo pero al mismo tiempo cainita y enemigo acérrimo de los sectarismos. El hecho de que no haya pisado aún en visita oficial un hospital de la Comunidad de Madrid en los dos años que lleva en el cargo habla bien a las claras del rechazo que teme suscitar entre los profesionales a los que debería representar, aunque solo fuera por su condición de anestesista.
En el plano político, García es víctima, a la vez que copartícipe, del cataclismo demoscópico que sufre Sumar con Yolanda Díaz al mando, del hartazgo definitivo que Podemos, Ione Belarra, Irene Montero y Pablo Iglesias provocan en la sociedad, y de la corrupción que carcome al PSOE, y que ella solo critica con la boca pequeña. A la ministra le queda únicamente la baza de Madrid, en donde confía en arañar en el futuro unos votos que la permitan opositar de nuevo en primera línea contra Isabel Díaz Ayuso a costa de los restos cadavéricos del socialismo que deje el funesto Óscar López.
La mezcla de todos estos factores explica la decisión de Mónica García de echarse al monte y redoblar sus mensajes contra la presidenta de la Comunidad, quien paradójicamente se ha convertido en la tabla de salvación a la que asirse para no tener que volver a trabajar como médico. Ninguna de sus leyes verá pues la luz, aunque de vez en cuando aluda a ellas para aparentar que sigue siendo ministra. Su discurso pivotará sobre Díaz Ayuso, la privatización, los recortes del PP, lo malas que son sus autonomías, los cribados y otros clichés que buscan el titular fácil y la fugaz aparición en webs y televisiones amigas.
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