Lorenzo Quinn: «Soy un friki del control, por eso nunca me he drogado ni emborrachado»

Prepara su próxima exposición para este verano, que se verá en Ibiza, luego en Londres, en Miami y en Shanghái

El artista posa con su obra
El artista posa con su obra

Prepara su próxima exposición para este verano, que se verá en Ibiza, luego en Londres, en Miami y en Shanghái

Después de actuar con éxito, y de renegar del tipo de vida hollywoodiense, y tras un episodio pictórico que no le colma por entero, encontró la forma artística idónea para expresarse su arte en las tres dimensiones de la escultura y el idioma universal de las manos, un símbolo de su obra por el que se le conoce. Sin embargo, Lorenzo Quinn no se encasilla, es mucho más: creador de amor, de armonía, del árbol de la vida, del bien y del mal...

–Perdóneme que empiece así: es un reputado escultor a nivel mundial, al que Naciones Unidas e incluso El Vaticano le encargó obras, y ha expuesto en medio planeta, ¿pero cree que en España se le conoce por eso?

–En España se me conoce como escultor, mi nombre suena como artista, pero no se olvide que en España el artista no es algo tan mediático como un futbolista, un cantante o un actor. Desgraciadamente, el arte no llama tanto la atención. Si echamos la vista atrás a la historia de España, casi todos sus artistas han encontrado el éxito fuera y luego se les ha reconocido aquí. Los españoles necesitan que alguien extranjero les de importancia y entonces es cuando dicen: «Ah, pero si ese es español, es uno de los nuestros».

–Usted nació en Roma, ha vivido en Nueva York y Los Ángeles y, sin embargo, eligió este país para vivir hace ya 15 años...

–Sí, cuatro etapas completamente diferentes y cada una representa una forma de vivir: culturas, idiomas... En España se vive muy bien, aquí, en Barcelona, realmente la calidad de vida es única. Hace años nos paramos a pensar que necesitábamos un cambio, evaluamos varias ciudades y lo tuvimos claro: aquí tenemos amigos, el clima, la cultura, tenemos Europa... Profesionalmente, en Barcelona está el taller, donde creo físicamente la obra, y luego la vendo a través de la galería Halcyon de Londres, que son muy potentes, están también en Shangai, en India y próximamente en Estados Unidos. Así que, donde estoy situado tengo lo mejor de los dos mundos: Londres y Nueva York, pero honestamente no viviría allí porque me gusta llevar una vida más tranquila y en esos lugares todo es estrés y tráfico.

–Por cierto, si Cataluña se independizara, ¿cree que seguiría siendo el lugar ideal para crecer su familia, usted, que es hombre de mundo?

–Mire, menos mal que soy apolítico. Ya se verá qué pasa... no lo sé.

–Estudió pintura, halló un hueco en el surrealismo y, sin embargo, decidió cambiar el lienzo por el hierro. ¿Qué le llevó a ello?

–Fue muy bonito, pero no a la par que la escultura. Cuando pintas un cuadro, recibes un dinero y el comprador se lo lleva y tú te quedas sin nada. En cambio, la escultura es más compartir. Tú tienes el molde y yo, el final. Además, la tridimensionalidad de la escultura me fascina, me gusta mucho tocar, para mí es fundamental, y eso un cuadro no te lo permite.

–De hecho, las manos son el gran sello de su obra escultórica, símbolo de su inspiración...

–En muchísimas ocasiones, sí, pero ahora intento no hacer tantas porque no me quiero encasillar. Como Botero, que luego no puede escapar de sus figuras, o Giacometti. No deseo hacer sólo manos, pero es cierto que se me conoce por ellas, pero ¿por qué?, porque expongo en cinco continentes y es importante que las esculturas tengan un mensaje universal y que la gente sepa qué quiero decir, y el idioma de las manos a todo el mundo llega. Soy uno de los pocos artistas occidentales que tiene obras en los países de Oriente Medio, que por su propia religión no permite la figura humana, pero las manos sí, y gracias a ellas puedo acceder a distintas culturas.

–Interpretó a Dalí en el cine, uno de sus ídolos, y fue una actuación muy reconocida, pero decidió no seguir los pasos de su padre. ¿No era buen actor o no le gustaba?

–Mire, ahora como no actúo sí lo puedo decir. Yo creo que era bueno, de hecho gané el premio a mejor actor revelación, pero no estaba dispuesto a sufrir por el cine como lo hago por el arte, que lo haces de manera individual. En el cine estás en manos de los demás. Dependes de un director, de un guionista, de un productor, de otros actores... En el arte no sucede así. Además, soy un friki del control, por eso no me he drogado nunca, ni me emborracho, porque me da pavor no tener el control de las situaciones, y en el cine no lo tienes. También es verdad que odio oírme doblado... es como si tuvieras la idea de una escultura y otro la esculpiera. El mundo del cine es bastante superficial, pero eso no quiere decir que no volvería a hacer algún que otro papel. Lo llevo en la sangre y, como artista, es importante tener estímulos, chupamos de la vida y necesito experiencias para poder luego hablar de ellas.

–El tiempo ha demostrado que no lleva la vida de un actor de Hollywood. Se casó joven, tiene tres hijos y ya ha cumplido las bodas de plata con su mujer...

–Sí, vamos a por los 28, muy bien, súper contentos, y espero llegar a muchísimos más. Hacen falta dos personas para bailar un tango y mi esposa ha sido muy importante en todas las decisiones de mi vida. En una relación es primordial compartir y sufrir juntos, los buenos y los malos momentos. Precisamente venirnos a vivir a Barcelona fue una decisión para salvaguardar la familia, un lugar donde crecieran tranquilos y tuvieran los valores de la vida que tanto aprecio, pero dándoles también la posibilidad de que luego elijan lo que quieren hacer porque estos niños... uno habla tres idiomas y los otros dos, cinco. (Sus hijos tienen 10, 19 y 21 años).

–La mujer y la violencia de género son pilares de su obra...

–Bueno, todo escultor importante brinda una obra a algo que tenga un fuerte contenido social y esta última la dediqué a ese tema, antes había sido sobre la guerra y la próxima seguramente sobre los recursos naturales. Expondremos este verano en Ibiza y luego en Londres, Miami y Shangái.

–¿De cuál de sus piezas se siente más orgulloso?

–Me sería difícil decir cuál, pero sí es cierto que hay momentos que se ven reflejados en las de un artista y en mi caso ha sido la muerte de mis seres queridos, sobre todo, la de mi hermano en 2011, que fue muy dura. No me la esperaba y sigo sufriendo esa pérdida. Por eso, quizá, hay cuatro o cinco especiales, icónicas: «La madre de la naturaleza», «La mano de Dios», «Gravedad», «Los cuatros amores» y «Dar y recibir».