Cultura

Miami Basel: A la hoguera con las vanidades

La franquicia estrella de la suiza Art Basel aterriza en la ciudad del sureste de Florida con la intención de establecer una bisagra económica estratégica entre Norteamérica y Latinoamérica

La franquicia estrella de la suiza Art Basel aterriza en la ciudad del sureste de Florida con la intención de establecer una bisagra económica estratégica entre Norteamérica y Latinoamérica.

Publicidad

El próximo jueves arranca una nueva edición de Miami Basel, una de las citas imprescindibles del calendario artístico anual. La franquicia estrella de la suiza Art Basel aterriza en la ciudad del sureste de Florida con la intención de establecer una bisagra económica estratégica entre Norteamérica y Latinoamérica. Y la primera cuestión que surge es conocer cuánto de realidad y cuánto de ficción existe en este desembarco multimillonario que anualmente colapsa hasta la más mínima arteria de Miami. La marca «Basel» es como un gran ovni que, cada doce meses, desciende del cielo, crea un entorno de glamour y precios desorbitados durante cuatro días, y posteriormente desaparece, dejándolo todo en silencio. La actividad artística que acoge Miami durante el resto del año no se aproxima ni por asomo al relato de exceso vivido durante estos días de diciembre. Cierto es que, poco a poco, se inauguran nuevos espacios de exposición permanentes y los datos del comercio artístico pican hacia arriba. Pero, indudablemente, la distancia sideral que existe entre la realidad ordinaria y la de la Feria lleva a pensar que, a lo largo de esta semana, Miami vive su Brigadoon particular en el que la fantasía en realidad aumentada falsea los datos groseros y tozudos. Como toda gran feria, Miami Basel funciona como un auténtico sistema solar. En torno a ella, otras veinte ferias de menor escala y temática diversa, completan una vuelta completa alrededor de su radiante astro, buscando obtener la mayor cantidad de luz posible. Entre ellas destaca la prestigiosa Pinta –especializada en arte latinoamericano, y con unas expectativas de afluencia que apuntan a los 50.000 visitantes–, Aqua Art Miami –destinada a artistas emergentes o en mitad de sus carreras–, Wonder –que reúne las obras de artistas menores de 18 años–, o Cuban Basel –con más de veinte artistas cubanos de diferentes generaciones–. Como es posible apreciar, la pulsión por segregar por edades, nacionalidades, sexos, religiones convierte a este intenso programa paralelo en una caricatura de la pluralidad que preside el mundo artístico actual. ¿Para cuándo una feria específica para el arte de los párvulos, tan apreciado por las vanguardias históricas? Si ya se sigue la trayectoria de los futbolistas desde cuando todavía no saben hablar, el arte no puede ser menos.

En Miami Basel, y pese a esta sobredosis de ferias y eventos de todo tipo, el arte puede llegar a ser lo de menos. Conciertos –como el de la cantante Rosalía–, alfombras rojas, photocalls hasta para entrar al baño, modelos y actrices amadrinando galas benéficas –como el caso de Eva Longoria– o prestándose incluso como obra de arte –tal es el ejemplo de la brasileña Isabeli Fontana, ángel de la marca Victoria’s Secret–. Cuanta mayor es la envergadura y repercusión de la feria, más sobresaliente el grado de tonteo y de impostura de superlujo. Las clases sociales se miden por quién accede con mayor rapidez al recinto y quién performa con mayor lujo de detalles los estereotipos de la fauna artística. Cualquier excentricidad cabe: es la hoguera de las vanidades.