Miguel Poveda: «Arrancar gira en el Teatro Real es un reto apasionante»

Hoy sale a la venta «El tiempo pasa volando», un doble disco que conmemora el 30 aniversario del artista en la música

Miguel Poveda / Foto: Luis Díaz

Hoy sale a la venta «El tiempo pasa volando», un doble disco que conmemora el 30 aniversario del artista en la música.

El título del último disco de Miguel Poveda –que sale hoy a la venta– resulta muy revelador: «El tiempo pasa volando», un doble CD con temas inéditos y otros que homenajean a artistas consagrados del flamenco que sembraron la semilla de su pasión por la música.

El pasado 19 de noviembre se cumplieron tres décadas desde que Poveda se subió a un escenario por primera vez, allá por 1988. Ahora, como si se tratara de una película, los recuerdos se agolpan en la cabeza de Poveda mezclados entre el orgullo de haber logrado un sueño y la melancolía del tiempo pasado que parece haberse esfumado entre los dedos de la mano sin apenas haberse dado cuenta.

–Presentará su disco en el Teatro Real la noche del 7 de diciembre. ¿Qué supone un escenario así?

–Da mucho vértigo, pero es un reto apasionante que me gusta mucho. Podía haber empezado en otras ciudades y luego llegar al Teatro Real más rodado, pero creo que la emoción de estrenarse en un escenario así también tiene su encanto. Esto me pone las pilas.

–¿Cómo será esa cita?

–Muy divertida, porque son canciones que llevo impregnadas en mi piel. La primera parte son esos temas que emocionan, pero que tienen un punto desinhibido. Luego es un recital de cante y un recorrido por las coplas que tanto me gusta. Y cerraremos con García Lorca y los temas de «Enlorquecido», aunque también habrá alguna que otra sorpresa. Sin duda será una gran celebración.

–Este nuevo disco es una mezcla entre la pasión por lo nuevo y el respeto a lo tradicional, sirviendo de homenaje a sus raíces. ¿Cuáles son esas fuentes de las que usted bebió siendo un niño?

–Por primera vez en este disco dejo ver esas raíces con las que yo forjé mi pasión por la música, artistas que escuchaba de niño como Los Chichos, que me encantaban, Tijeritas, que era mi ídolo... Es algo que uno nunca dice, no porque lo haya querido ocultar, sino porque no le das tanta relevancia, pero ahora ha llegado el momento de destacarlo, porque es de recibo contar mi verdad de estos 30 años y esa parte del pasado es esencial para entender mi música posterior.

–¿Siempre soñó con dedicarse a la música?

–Sí. La verdad es que no tengo el recuerdo de haber querido ser otra cosa que no fuese cantante, artista o músico. Eso lo tenía claro desde bien pequeño.

–¿Cómo empezó todo?

–Arrancó cuando apenas tenía unos diez años, con un juego de niños en el barrio, porque la Asociación de Vecinos tenía un pequeño local donde hacíamos festivales de playback y cada niño movía la boca al compás de las canciones. Además, mi madre y mi tía cantaban, lo que me permitía visitar las peñas culturales andaluzas. Todo eso fue creándome afición, aunque no me subí a un escenario hasta que no tuve 15 años, cuando me atreví a cantar con mi primo mientras él tocaba la guitarra.

–¿Por qué lo ha títulado «El tiempo pasa volando»?

–Porque es una realidad y ha pasado más rápido de lo que yo hubiese querido, sobre todo por aprovechar el tiempo para aprender más. Pero cuando tienes 20 años no existe esa conciencia y se le tiene menos respeto al tiempo.

–¿Cambiaría algo?

–Si pudiera volver atrás aprendería a tocar más instrumentos.

–¿Cómo se ha transformado el mundo de la música en estas tres décadas?

–En mis inicios había mucha más presencia de la música en la televisión y eso, tristemente, se ha perdido. La tele pública debería tener un compromiso más firme con la música en directo. Por otro lado, aunque ahora se venden menos discos, todo está más globalizado y hemos avanzado en la manera de llegar a la gente, aunque eso lleva ligada la exigencia de una inmediatez que resulta peligrosa, porque el talento hay que cultivarlo con calma.

–Los inicios nunca son fáciles. ¿Mereció la pena el esfuerzo de los primeros años?

–No fue sencillo porque el flamenco tradicional, que es el estilo de música que yo escogí para comunicarme, no era fácil para despuntar en Barcelona, una época en la que, además, las máximas figuras estaban activas. Pero nunca tuve prisa. Mi obsesión era aprender y crecer artísticamente, sabiendo que se trataba de una carrera de fondo en la que hacían falta ingredientes como el tesón y la constancia acompañados de ilusión.

–¿Este disco aniversario supondrá un antes y un después en su carrera?

–En apenas un año he sacado tres discos, pero con este último trabajo vuelvo a mi punto de partida para que la gente sepa por qué y cómo he llegado aquí. Una vez hecho este álbum, lo que me gustaría es desconectarme y limpiar la mente, resetear y esperar a ver qué me ofrecen la vida y la música para volver a embarcarme en el camino de la inspiración.

–Después de 30 años, ¿qué nos queda por ver de Poveda?

–Espero que queden muchas cosas para seguir sorprendiendo al público. Quiero volver a traspasar fronteras y embarcarme en la aventura de conquistar otros lugares.