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Ian Gillan (Deep Purple): “La música hecha por máquinas no me concierne”

El cantante presenta un espectáculo junto a la Filarmónica de Praga con himnos de su banda, AC/DC o Metallica

Ian Gillan, cantante de Deep Purple
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Hace 20 años, el director de orquesta Friedman Riehle venció el aparente abismo que le separaba de Ian Gillan, el vocalista de la banda de rock Deep Purple, a quien en realidad admiraba pese a su condición de músico clásico, y le entregó una cinta de cassette. En ella, el director titular de la Filarmónica de Praga daba tienda suelta a su pasión por la música más allá de los tótems de las composiciones cultas. En aquella cinta, dirigía a sus músicos a través de un sano ejercicio, el de cambiar, por una vez, a Mozart o Beethoven por AC/DC, Queen o Black Sabbath. La grabación era una invitación al vocalista de la banda británica para hacer juntos un espectáculo que diera a sus canciones el poderío de arrollador de una veintena de músicos sonando perfectamente engrasados. El resultado fue un proyecto que desde entonces ha tenido sucesivas representaciones y que pasa de gira por Zaragoza (11 de noviembre), Barcelona (12), Vigo (18), Vitoria (19), Granada (25) y Madrid (26).

«Las sensaciones son increíbles. Tienen el poder de un sonido fantástico que lleva las canciones a una atmósfera única», dice Gillan, que revela que su relación con la música clásica viene de lejos: «Mi padre cantaba ópera y yo entré en el coro de la iglesia. Chopin o Mozart han estado en mi vida desde que era un niño. Se escuchaba muchísima clásica y estoy familiarizado con ello. Mi tío era músico de jazz y en mi familia siempre me llegaron todo tipo de estímulos. Desde niño me fascinó todo tipo de música, del jazz al blues, la clásica o las big bands de swing... hasta que descubrí el rock, claro», explica en conversación telefónica. Por eso, cantar con una orquesta no le resulta extraño: «No diría que sea desafiante. La orquesta funciona por secciones y depende de la química con el director. Pero yo conozco a los músicos que la integran y sé que les gusta el rock. Así que es fácil trabajar con ellos». Tanto, que ni hacen falta ensayos. «Yo conozco la música y ellos también, así que solo es cuestión de ponerlo en marcha. Cuando estás tratando con intérpretes de esta calidad, vale con un día». Gillan cantará temas de su banda, pero otros cantantes llevan al terreno de la Filarmónica temas muy conocidos de metallica, Black Sabbath, Pink Floyd o Queen, entre otros.

Gillan se siente como nunca: «Adoro cada minuto porque Deep Purple está revigorizado y sentimos que estamos en un renacimiento. Todo va tan bien que parece un milagro, después de tantos altibajos como hemos tenido...». Lo que sí ha cambiado es su relación con la música: «Cuando era adolescente, rechazaba a Sinatra y la música que mis padres adoraban. Trataba de destruir lo suyo para crear espacio para lo mí mismo. Es lo normal. Y a cambio mis padres y mis tíos salían corriendo con las manos en la cabeza por lo que yo escuchaba. Es parte del círculo. Cuando llegó el hip hop, traté de acercarme a él como si fuera esa versión antigua del blues hablado. Esa forma de contar historias. Pero descubrí que era incapaz de encontrar la humanidad en ello, porque la música creada con máquinas no me concierne. No me podía identificar con ello. Y me convertí, como mi padre o mi tío, en alguien ajeno. No puedo, la verdad». Para el músico, el rock no está muerto, porque además de ser un lenguaje con posibilidades creativas ilimitadas, es una actitud: «Es una plataforma para los rebeldes y los disidentes. No se trata de destruir el orden que hay, sino de usar la imaginación y de cambiar las cosas que no funcionan, y eso lo puede hacer el rock. Hay mucho territorio por explorar todavía y el género tiene la capacidad de hacerlo en el futuro».

Inevitablemente, hablamos de “Smoke on the Water”, el gran éxito del grupo y que comenzó siendo apenas una cara B: “Estábamos en Montreaux, en Suiza, grabando un disco en directo. Todo iba mal y nuestro estudio estaba en el sótano de un casino. Parece ser que alguien disparó una bengala y el techo de madera del casino se incendió. Nadie resultó herido, y nosotros veíamos el espectáculo desde el otro lado del lago Ginebra, donde nos alojábamos. Vimos la explosión y el fuego y esas ideas se quedaron en la cabeza. Resulta que teníamos que grabar rápido, se nos echaba el tiempo encima. Y el ingeniero nos dijo el último día que teníamos el estudio disponible que había un problema: ‘‘chicos, vamos siete minutos cortos’', nos dijo. Los discos, para ser grabados en vinilo, tenían que tener 38 minutos y nosotros no llegábamos”, cuenta el líder del grupo británico. La banda abrió gabinete de crisis. “No sabíamos qué hacer y alguien propuso meter una parte que solíamos hacer en las pruebas de sonido. Eran los famosos acordes de la canción, que los tocábamos para ensayar. Y entonces empezamos a improvisar con esos acordes y la imagen que tenía en la cabeza del incendio. Cuando terminamos, bueno, estaba bien. Pero nadie pensó en el tema como un single o algo parecido. Pasó desapercibida durante un año. Hasta que una persona de la compañía de discos vino a un concierto en Anaheim en Los Ángeles, y vio la reacción de la audiencia. Nos dijo: ‘‘Hey, ¿por qué no lo grabamos como single? El caso es que tuvimos que cortar la canción a tres minutos y quince segundos y ya se podía poner en la radio. En la versión original, claor, la que hicimos para rellenar el discos, era imposible, porque tenía 7 minutos. Y fue un éxito, pero es increíble cómo suceden algunas cosas en la vida”, ríe Gillan.