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Dover, rock sin complicaciones

El grupo recupera la rabia perdida en «Complications», un álbum que supone su regreso al sonido de sus inicios

  • De izda. a dcha., Samuel Titos, Amparo y Cristina Llanos y Jesús Antúnez
    De izda. a dcha., Samuel Titos, Amparo y Cristina Llanos y Jesús Antúnez
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de marzo de 2015. 02:57h

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Madrid. 13/3/2015

La única consigna era: «Queríamos hacer un disco de rock y nada más», dice Amparo Llanos, guitarrista de Dover, para definir el octavo disco de estudio del grupo, «Complications» (Sony), un trabajo directo, de vuelta a la raíz. Y es que los madrileños se fueron durante los últimos años por las ramas de la electrónica «Follow the City Lights» (2006) y de los ritmos africanos «I Ka Kené» (2010), y no crean, pagaron por ello en forma de críticas. «Nos han preguntado mil veces que cuándo volvíamos al rock. Bueno, pues cuando nos ha apetecido», dice Amparo Llanos. Uno de los factores para esta vuelta fue la gira del 15º aniversario del mítico «Devil Came to Me», que reeditaron el año pasado y que la banda llevó por toda España con cierta nostalgia y emoción. «Era el momento de volver», añade su hermana Cristina. Presentan el trabajo en directo el próximo miércoles en Madrid.

«Sin duda que ha tenido un efecto importante el hecho de dejar en barbecho la imaginación. Este disco es el colofón de un aprendizaje, que se ha traducido en una nueva forma de hacer lo anterior, bajo un estímulo nuevo», explica Amparo sobre los renovados bríos que se aprecian en «Complications», que, con más limpieza y sin duda mejor sonido que en sus comienzos, dejan en «Too Late» y «Like a Man», temas a la altura de sus discos más exitosos. «Cristina estaba en racha, completamente sembrada –explica Amparo–. Traía al estudio una canción cada semana. Así que, en tres meses, ya lo teníamos». «Nunca me había pasado. Jamás había sido capaz de sentarme a trabajar y a escribir todos los días, y mucho menos obtener resultados. Incluso, por la euforia, si durante varios días no salía algo, me enfadaba. Insistía y seguía hasta dar con ello», explica la menor de las hermanas. La manera de hacer el disco también tenía que ser simbólica. En su estudio de Madrid, nada de grabar en Seattle o Los Ángeles, como algunos discos anteriores. «En primer lugar, por una cuestión de lógica de trabajo. La dinámica de composición fue en el local, luego la grabación debía hacerse en nuestro estudio», comenta Jesús Antúnez, batería de Dover y productor de este álbum. «Teníamos miedo de que alguien de fuera pudiera desvirtuar lo que queríamos. Somos un grupo que tiende a cerrarse sobre nosotros y a tener nuestro mundo, que es el que nos funciona. Luego está el exterior», dice Cristina. «Es el sentido de nuestra vida. El grupo es lo que provoca tensiones y y al mismo tiempo es lo que consigue que desaparezcan», tercia su hermana. Es decir, que, a pesar de los cambios estilísticos de los últimos años, todo son decisiones internas, no se permiten injerencias. «Al entorno lo escuchamos, pero, si dice algo con lo que no estamos de acuerdo, no le hacemos caso. Pensamos: ‘‘Está loco, no sabe lo que dice’’. Y seguimos nuestro camino», señala la cantante. ¿Y la compañía? «Nada, no les dejamos ni acercarse por el local. Les damos la maqueta: ‘‘Estas son las canciones’’». Parece un sello muy comprensivo, ¿no? Amparo: «Bueno, lo tenemos firmado por contrato (risas). De otra manera, sería impensable para nosotros...”.

Tenerlo en el contrato

No hay cálculo comercial en las decisiones estilísticas. «Eso es imposible, aunque creo que sí que ocurre en parte de la industria...», señala Cristina. «¡Por eso hay que tenerlo en el contrato!», interrumpe Amparo. «Algunos buscan el éxito basándose en estadísticas de lo que está vendiendo y piensan que puede funcionar un tipo de disco, pero a veces son cálculos inexactos y siempre pasajeros», opina Samuel Titos, bajista. Hay algo en «Complications» que suena a lo anterior y también hay algo que no, pero es difícil explicar qué. «Nosotros tampoco podemos. Las canciones salen del corazón, no de la cabeza, y no se puede analizar. Pero eso es lo mejor de todo: que ahí está nuestro presente, no un intento de copiarnos a nosotros mismos hace 15 años». Su trayectoria y su estilo les han colocado en una posición particular, difícil de encajar en una categoría. Amparo: «Yo diría que llegamos al gran público, ese que trasciende un solo gusto y le podemos interesar a alguien que escucha heavy, indie, flamenquito o lo que sea». «Hemos tocado en festivales como el Sonorama, en el Viña Rock, con 40 Principales... ¡hasta con Napalm Death!», recuerda Cristina. ¿Y lo de las complicaciones del título? Están presentes. En las nuestras a veces pasan muchas cosas a la vez», señala enigmática Cristina.

«COMO UN PSICOANÁLISIS»

Las letras del grupo, desde el «Devil Came to Me» que todo el mundo recuerda, «no son proclamas, sino que más bien entran en el capítulo de psicoanálisis», afirma Cristina Llanos, que tiene su propio estilo de escribir diferenciado del de su hermana. Amparo: «Las letras que yo escribo surgen más de un lugar del inconsciente, como si piensas en escribir una poesía», describe la guitarrista. A su lado, Cristina precisa que su estilo tiene más de «conversación», como si formasen parte de una historia más grande de la que se extraen unas palabras, con un estilo más coloquial.

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