Cultura

Oscar 2019: Premio a la conciliación

¿Por qué ganó la peor cinta?

¿Por qué ganó la peor cinta?

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Cuando Rami Malek pronunció su discurso de mejor actor por «Bohemian Rhapsody», sentó las bases de esta insípida ceremonia de los Oscar. Al definir a Freddie Mercury según su identidad sexual y en calidad de inmigrante, estaba tocando el hueso de lo políticamente correcto de una edición obsesionada por la mirada conciliadora. O lo que es lo mismo, Hollywood como apoteosis de lo integrador en tiempos divisivos.

Decimos «supuestamente» porque tiene bemoles defender un «biopic» tan convencional como el del líder de Queen. Obviamente, a Bryan Singer, el presunto director del filme, ni se le había invitado ni se le esperaba. Era el elefante en la habitación –ese presunto pederasta que no tiene nombre– de una ceremonia que cubrió su expediente reivindicativo concediéndole a Spike Lee sus primeros cinco minutos de gloria con una estatuilla en la mano. Trump se llevó su aplaudida colleja e «Infiltrado en el Kkklan», su premio de consolación al mejor guión adaptado. La Academia hizo lo que debía. El Oscar a la mejor película a «Green Book» así lo atestigua.

Es difícil imaginar una cinta más preocupada por hacer amigos, por limar asperezas, por invocar el espíritu de Frank Capra en esta época de insultos abrasivos y muros insalvables, que la primera de Peter Farrelly en solitario. Frente a «Roma», «Green Book» era una solución de consenso. No porque las excelencias de la película de Alfonso Cuarón no se lo merecieran, ni tampoco porque su mirada sobre la vida de una criada indígena en el seno de una familia de clase media del México de los años setenta sea especialmente subversiva.

Que «Roma» hubiera ganado el Oscar a la mejor película habría significado, por un lado, ratificar la llegada de Netflix a Hollywood por la puerta grande, y, por otro, permitir que México, con una cinta hispanohablante, le pasara la mano por la cara a sus competidoras estadounidenses. «Roma» sigue siendo extranjera, por si a la América demócrata le queda alguna duda.

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Si se trata de lavar conciencias, la Academia tiene suficiente con una preocupante, retrógrada revisión de un conflicto racial que está lejos de resolverse en la era del recalcitrante trumpismo. Siempre, eso sí, nos quedará regocijarnos con la Olivia Colman de «La favorita» y el merecido Oscar a «Spiderman, un nuevo universo».