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Phoenix, «ti amo»

Los franceses seducen a Madrid con su exquisita interpretación de pop electrónico

  •  Phoenix ofrecieron un concierto rebosante de clase, entrega, simpatía y calidad
    Phoenix ofrecieron un concierto rebosante de clase, entrega, simpatía y calidad

Tiempo de lectura 2 min.

27 de julio de 2018. 10:31h

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Ulises Fuente 27/7/2018

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Todavía no ha terminado la programación de Las Noches del Botánico y ya puede decirse que son la mejor noticia en Madrid en mucho tiempo. Olvídense del Mad Cool. El formato, la calidad y la diversidad de la programación de este festival no tiene comparación y anoche Phoenix fueron el ejemplo perfecto con un concierto rebosante de clase, entrega, simpatía y calidad.

Los franceses gastaron pronto algunas de sus mejores bazas pero el show no decayó por su calidad como intérpretes y su presencia en escena, especialmente la del cantante, Thomas Mars, que se metió al público en el bolsillo con dos largas excursiones entre la audiencia. “J-Boy”, “Lasso”, “Entertaiment” y nada menos que “Lizstomania” abrieron un concierto que empezó eufórico y se dirigió después a las más relajadas “Long Distance Call” y “Trying To Be Cool” e incluso una versión guerrera de “Girlfriend”.

Después del contagioso “It’s Never Been Like That” y de aquel arrollador “Wolfang Amadeus Phoenix”, los de Mars se han esforzado por entregar discos complejos, como el psicodélico “Bankrupt!”, para más tarde perderse por el camino de la inspiración italiana, al menos en el lenguaje, con el irregular “Ti amo”, que a la mayoría le parece poco afortunado pero que una minoría muy minoritaria adora e incluso considera genial.

Se notó la brecha entre unos y otros cuando, tras “Ti amo”, pasaron a “Armistice”. Las canciones hablaron solas y el público también dio su veredicto. Quedaban “Rome”, “If I Ever Feel Better”, con ese irresistible toque funky y ese estribillo nostálgico. Para el bis final guardaban “Fior di latte”, “1901” y “Ti amo di piu”, bloque final durante el que Mars descendió del escenario y cantaba mientras decenas de móviles le apuntaban a medio metro. Estirando hasta loImposible el cable del micro, abriéndose paso entre la multitud, llegó incluso a la zona de graderío, solo con la intención de saludar y agradecer. Incluso se subió a hombros de uno (o varios, era difícil apreciarlo) espectadores para animar desde la altura al respetable. Así fue como estos seis franceses sedujeron Madrid como lo hacen cuatro tipos con camisa y pantalón pitillo a finales de julio. Por pura elegancia, eso que dicen que solo tienen ellos, y que llaman “charme“. Lo tienen, ya a raudales: solo así se explica que se puede terminar semejante conciertazo con Cicciolina en las pantallas gigantes. Fue una noche perfecta.

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