Raquel Lanseros: “La protesta y la denuncia tienen cabida en la poesía”

Ha sido Premio Andalucía de la Crítica por su obra «Matria», una mirada hacia la realidad desde su parte más íntima

Raquel Lanseros / Foto: Rubén Mondelo
Raquel Lanseros / Foto: Rubén Mondelo

Ha sido Premio Andalucía de la Crítica por su obra «Matria», una mirada hacia la realidad desde su parte más íntima.

Raquel Lanseros llena las conversaciones de música. Su timbre suave y empolvado es tan extraordinario que no solo escucharla recitar, sino reír, provoca conmoción. Y es de risa fácil. O mejor, de sentimiento transparente. Se le nota en la mirada y en su poesía, siempre personal, distinta y cargada de reconocimientos. El último, el Premio Andalucía de la Crítica, que un jurado distinguido le ha concedido por su recién publicada «Matria» (Visor), al considerarla «una obra rompedora que, partiendo de la herencia de la tradición, posee una serie de valores poco frecuentes en la poética contemporánea».

–¿Qué es «Matria»? El término no existe para la RAE, pero tiene historia...

–Es verdad. No está recogido en el diccionario. Sin embargo, sí tiene vasta raigambre literaria. Lo utilizaron literatos de tanta solvencia como Borges, Unamuno, Virginia Woolf, Isabel Allende, Julia Kristeva... Así que es un término que, aunque oficialmente no se ha recogido como propio del español, sí circula de manera extraoficial como una realidad que no es opuesta a la patria, sino que es otra forma de entender la identidad.

–La matria no es el opuesto de la patria, pero sí tiene algo de femenino. Y en su libro cabe algo tan femenil como la maternidad, ¿no es así?

–En el libro solo hay un par de poemas que hablan de la maternidad, pero, efectivamente, la matria es fecunda, es femenina, es la tierra generadora de vida, y obviamente la maternidad tiene mucho que ver con todo eso. La propia y la ajena. En el libro yo vuelvo los ojos a los padres y a los abuelos y, por consiguiente, también al hijo.

–La maternidad en abstracto tiene espacio en «Matria», pero ¿y su reciente maternidad?, ¿ha cambiado su visión de la vida y su poesía?

–Creo que la maternidad es bastante poética. A mí me ha significado una reflexión. Yo, que ya soy dada a reflexionar sobre el tiempo, en este caso la maternidad y ese contraste temporal entre lo que significa una vida y otra y el lapso común que tienen ambas si se dan bien las cosas y la contraposición de presente, pasado y futuro me han hecho llegar a muchas conclusiones, o por lo menos a plantearme muchos interrogantes casi de orden metafísico. Y eso sí tiene que ver con la creación poética. Es una de las semillas que están en el germen de la concepción de «Matria».

–También parece estar presente en su libro una necesidad de vivir intensamente, casi de hacerlo dos veces...

–Sí. Y lo digo en el último poema: «Escribo porque mi ambición mayor es volver a nacer». Es exactamente así. No es una sensación angustiosa, sino más bien vitalista, de toma de conciencia quizá de la finitud, de lo efímero, que, por otro lado, es algo que nos pasa a todos los seres humanos una vez que hemos transitado unos años. Esa toma de conciencia del valor de la vida a pesar de los pesares, que también se cuentan en el libro, sí que hace que surja esa ambición casi absolutamente enloquecida de volver a nacer, de vivir dos veces y que una vida no baste. Ese «affaire» de más vida, que se filtra a través de muchos de los poemas del libro, reconozco que es uno de mis pensamientos recurrentes.

–De todos sus libros, ¿este es el más comprometido?

–En este quizá esté más agudizada esa faceta de compromiso con el tiempo que me ha tocado vivir. Y quizá también, a su vez, se bifurca, porque por un lado hay una denuncia tácita de algunas de las injusticias que a mí me producen mucha desazón, pero además hay bastante memoria histórica y homenaje a todos los que tuvieron que pasar por tantas cosas para que hoy estemos aquí. La protesta, la incomodidad y la denuncia también tienen cabida en la poesía: En este caso me pareció necesario incluirlas.

–Esa es, tal vez, la única mirada exterior del libro. Las otras las hace hacia su propio interior.

–La idea de «Matria» era hacer una especie de aproximación literaria a lo que yo llamo el origen o el núcleo, esa cripta interior que está en lo más hondo de nuestro ser. Y eso incluía proyectarse hacia fuera, porque la identidad tiene mucho de colectivo, de cultural, pero también era necesario un viaje hacia el interior, que incluye la memoria, los recuerdos, el ajuste de cuentas con uno mismo en el mejor de los sentidos... Es posible que este sea mi poemario más personal o más íntimo. Al menos cuenta con esa introspección al desnudo.

–¿La poesía salva a quienes la escriben o a quienes la leen?

–Creo que por igual. Yo me siento igualmente interpelada o revigorizada cuando escribo y cuando leo que, obviamente, son dos esfuerzos de índole diferente; pero creo que en poesía es casi al cincuenta por ciento la autoría de quien escribe y quien lee, que la interpreta, la interioriza, la descodifica y la hace suya.

–Su poesía, traducida a varios idiomas, además de acaparar premios se vende muy bien. «Matria» aparece en las listas de los libros más vendidos, ¿se puede vivir de la poesía?

–Escribí «Matria» sin estar dispuesta a hacer un menoscabo de la calidad a favor del éxito comercial, así que me da mucha alegría que se venda. Vivir de las ventas no es posible a tiempo presente, por lo menos entre los poetas que conozco. Pero hay artículos, jurados, conferencias, recitales, lecturas... Si se suma todo es posible que alguien pueda aventurarse. A mí me da mucho miedo. Soy profesora de universidad de manera voluntaria. Llevo toda la vida metida en la docencia, salvo unos años, pero es que a mí profesionalizar la escritura, sobre todo la poesía, me da un poco de temor, porque no sé hasta qué punto esa necesidad crematística imperiosa pudiera condicionar lo que uno escribe.

Personal e intrasferible

Raquel Lanseros nació en Jerez de la frontera en 1973. Está casada, tiene un hijo, se siente orgullosa «de lo vivido» y se arrepiente «de lo no vivido». Perdona «pero no suelo olvidar» Se ríe «con muchísimas cosas» y llora «con la pérdida de las personas». A una isla desierta se llevaría «a otra persona», no es maniática, le gusta comer y beber «de todo y de cualquier país», sueña mucho «con volar o sentirme flotando, sin hacer pie». Y su vicio es «estar un poco enganchada a la tecnología». De mayor le gustaría ser «joven otra vez» y si volviera nacer «volvería a ser poeta».