Sonnica la cortesana

El escritor Blaco Ibáñez
El escritor Blaco Ibáñez

Vicente Blasco Ibáñez ese gran escritor y ferviente republicano que recreó muchas de sus obras «a orillas del mar latino» y encontró fama y dinero con sus Cuatro jinetes del Apocalipsis llegando a Hollywood y morando cómo un príncipe en la Costa Azul se hubiera encontrado a gusto en el Alicante de hoy en su capital y su estupenda provincia con sus miles de turistas y su cosmopolitismo, la industriosidad de sus gentes, fabulosos trabajadores del cuero que se traduce en zapatos, bolsos y todo tipo de complementos como dicen los amigos de El Corte Inglés. Hay sin embargo un problema la Ciudad de la Luz ese proyecto extraordinario de Ciudad del Cine que ha resultado faraónico necesitaría de un nuevo Blasco Ibáñez que volviera desde sus cielos estelares para enderezar este proyecto, aprestándose a idear una nueva versión de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis distribuyendo papeles entre un gris y muy serio registrador de Santa Pola, un divino secretario general escalador y amante de la tele, un coletudo aprendiz de Gramsci y para los papeles femeninos no se olvidaría de una muy bella y castiza ex alcaldesa, de un portento de saber con faldas abogada del estado y de una benemérita descendiente de fontaneros que lleva a España en el corazón. Para los papeles de villanos reservaría papeles estelares para un adalid del derecho a decidir y para un escudero de mirada incierta que aspira a conductor o duce de sus huestes. Don Vicente solicitaría un permiso especial a las Instituciones Penitenciarias para contar con un afamado torero, una tonadillera de rompe y rasgo amen de varios conseguidores de prebendas hoy en horas muy bajas. En la época de ese horrendo neologismo el selfi que estupendo casting para un gran fabulador cómo un resucitado Blasco Ibáñez. Como segunda producción para hacer caja no vendría mal pensaría el listísimo Vicente una versión de «A los pies de Venus» con mucho morbo y mucha corrupción, que decidiría a los siempre arriesgados productores sean o no presidentes del Atlético Madrid a financiar una película con mucha carga erótica en que una audaz Mónica Bellucci se las vería con un desmayante Ronaldo en una recreación de su novela «Sonnica la Cortesana» que rodada en Alicante gozaría de un estupendo caldo de cultivo. Que audaz turista nórdica no aspiraría a languidecer en los brazos del relamido rival de Messi y que galán del golfo de Dubai o de Qatar no sonaría con un papel de este tipo en un clima berlanguiano de todos a la cárcel. Claro es que esta supuesta fábula podría terminar con nuestra bella Sonnica bañándose en la Playa del Postiguet con unos guardias esperándola en la orilla con un mandato judicial de algún juez estrella, pero según las crónicas futuras fue rescatada por dos aguerridos mozos locales Nacho y Raúl o nombres similares que se la llevaron a la isla del amor de Tabarca. Lo dicho en el bellísimo mar latino en que se vive a flor de escándalos y a los pies de Venus se forjaría una candidatura taquillera para los Goya. Gracias Don Vicente has salvado a la Ciudad de la Luz.