Cargando...
Sección patrocinada por

Ópera

Crítica de 'Werther': Cuando Ismael Jordi es Werther, debut definitivo en Málaga

Pocas óperas reflejan con tanta precisión el espíritu del Romanticismo francés como la obra de Massenet inspirada en la novela epistolar de Goethe

Imagen de ópera basada en la novela epistolar «Las desventuras del joven Werther», de GoetheImagen de ópera basada en la novela epistolar «Las desventuras del joven Werther», de Goethe Teatro Cervantes

"Werther", de Massenet. Ismael Jordi, RihabChaieb, Alfonso Mujica, Aitana Sanz, Fernando Latorre, José Antonio Ariza, Luis Pacetti, Clara Fernández Lozano, Manuel Sánchez Bello... Orquesta Filarmónica de Málaga. Pueri Cantores Málaga. Dirección musical: Audrey Saint-Gil. Dirección de escena: Paul-Émile Fourn. Teatro Cervantes. Málaga, 28-XI-2025.

Pocas óperas reflejan con tanta precisión el espíritu del Romanticismo francés como "Werther"de Massenet(Viena, 1892). Basada en la novela epistolar de Goethe, la partitura traduce en música la tensión entre individuo y sociedad, deseo y deber, sensualidad y renuncia. Massenet concibe su obra como un drama sinfónico de introspección, donde la línea vocal y la orquesta comparten idéntico peso expresivo. La orquestación, rica en colores suaves, tiene una textura típicamente “massenetiana”: maderas de timbre melancólico -corno inglés, clarinete- y una cuerda que rehúye la densidad wagneriana para buscar transparencia camerística, exceptuando el más dramático tercer acto y algún momento del cuarto. A ello se une la escritura vocal, que combina el "cantabile" italiano con prosodia francesa. Es una ópera que exige control del "legato", dominio de la dinamia y absoluta coherencia texto–música. Cualquier exceso gestual o de volumen destruye su fragilidad emocional.

Todos tenemos en la mente el Werther de Alfredo Kraus. En el Teatro Cervantes de Málaga se confirmó la madurez artística de Ismael Jordi, que ya venía avisando desde el concierto de Vigo hace unos días con la misma obra. Jordi ha sabido reflejar el dolor de Goethe destilado en notas musicales. El tenor se halla redefiniendo sus límites, buscando colores más oscuros en su centro sin perder su facilidad en el agudo, así como en el "legato", las medias voces, filados y pianos. En Málaga ha superado la técnica para adentrarse en el terreno de la pura emoción. Ha ensanchado el instrumento, ganando en cuerpo y proyección, pero -y esto es crucial- sin sacrificar ni un ápice de esa elegancia aristocrática que es su sello. Desde su entrada en el primer acto, con "O Nature, pleine de grâce", Jordi dejó claro que su Werther no es un verista desbocado ni un llorón romántico; es un poeta al borde del abismo. El momento cumbre, previsible pero no por ello menos impactante, fue el "Pourquoi me réveiller". El jerezano puso su técnica al servicio del drama. No buscó el brillo externo, sino la intención; todo brotaba desde la dinámica interna del personaje. Atacó los agudos con su seguridad habitual, pero lo que realmente cortó la respiración del público malagueño fue el "diminuendo" posterior, esa capacidad para recoger el sonido y dejarlo morir en un hilo de voz que, paradójicamente, llenaba cada rincón del teatro.

Cierto es, todo hay que decirlo, que debutaba escénicamente en el personaje y que aún le queda trecho por recorrerlo en este sentido y también que el timbre de su voz es el que es. De ahí también su mérito: saber imponerse a sus limitaciones con la técnica. Me dijo una vez, hace muchos años, Carlo Bergonzi: “¡Qué hubiera sido yo de haber contado con una voz como la de di Stefano!”.

La mezzo RihabChaieb se impuso tras el descanso, con belleza, poderío vocal y dramático. Su "Va!laissecouler mes larmes" mostró un lirismo contenido, fraseado con el vibrato controlado, pero con emoción. Junto a Jordi creó un dúo intenso y veraz. Una muy buena Charlotte. Lo que a ella le sobró de caudal en algunos momentos, le faltó a la bonita voz de la Sophie de Aitana Sanz, en ocasiones sepultada por la orquesta. Logró evitar esto Alfonso Múgica en el papel del aburrido Albert. Cumplió sin objeciones el resto del reparto.

A la Orquesta Filarmónica de Málaga le queda camino por recorrer para ser comparable en el foso a otras de nuestras orquetas. Sonó basta bajo una Audrey Saint-Gil a la que le faltó lirismo en los dos primeros actos y sobró contundencia en los dos últimos.

Malo es que una dirección de escena haya de ser explicada en el programa de mano para ser entendida. Es lo que sucede con muchas regias actuales y con ésta de Paul-Émile Fourn. Explica de Werther que “he querido simbolizar esta locura a través de un inmenso cuadro que evoluciona a la par que sus obsesiones, desde una escena de 1893 hasta una evocación de Magritte. Werther es un hombre que vuelve constantemente a una galería para admirar un cuadro que representa a la casa del Bailli. Poco a poco, el lienzo empieza a cobrar vida y los personajes lo invitan a vivir con ellos”. Cuadros que obligan a que la pareja protagonista se hable de espaldas y a que muchos personajes permanezcan inmóviles. Sorprendentemente no hubo protestas para él al final. Grandes ovaciones para la pareja protagonista y muy especialmente para Ismael Jordi.