Miguel Ors, hasta el último día

Maestro periodista, ha fallecido a los 91 años. Conoció a los más grandes del deporte español en una época en la que los protagonistas eran cercanos a los reporteros. El viernes envió su última columna para este periódico

Miguel Ors, con el rey Juan CarlosManuel H. De LeónLa Razón

Miguel Ors (Barcelona, 1928) guardaba en la memoria de sus 91 años el archivo del deporte español de los últimos 70 años. Lo hizo todo cuando todo empezaba. Cuando los deportistas españoles empezaban a asomarse al mundo y nacía Televisión Española. Desde el Paseo de la Habana, adonde llegó sin saber nada de la tele, pero con ganas de saberlo todo, contó las primeras hazañas deportivas de una España en blanco y negro.

Disfrutó de una época en la que los periodistas podían acercarse a los protagonistas. Conoció a Bernabéu, al que admiró hasta el final, y se convirtió sin querer en asesor deportivo de Franco, que incluso le consultó la conveniencia de mandar al entonces príncipe Juan Carlos de Borbón a competir a los Juegos Olímpicos. «La televisión miente, le creía a usted más alto», le dijo el dictador cuando le conoció. «Es un honor estar a la altura de su excelencia», le respondió Miguel, que se recreaba al contar la anécdota con esa voz tan característica que le permitió entrar en los hogares españoles durante tantos años.

Así era él. «Joder, Miguel, de derechas y del Atlético. Sólo te falta ser catalán», le dijo una vez un compañero en Radio Intercontinental. Su respuesta fue sacar el Dni. «Mira», le dijo. «¿Qué pone ahí?». «Miguel Ors. Barcelona», leyó el compañero sin que ninguno de los dos pudiera evitar la risa.

Ors fue protagonista de una época en la que se confundían las distancias entre el reportero y el protagonista. Allí estaba él, llamando al timbre de la casa de Di Stéfano cuando Don Alfredo acababa de regresar después de su secuestro. Contó cinco Mundiales de fútbol, seis Juegos Olímpicos de verano y uno de invierno. Y pudo ver en directo a Muhammad Alí, uno de sus deportistas más admirados, cuando se enfrentó a Alfredo Evangelista por el mundial de los pesados.

El boxeo siempre estuvo presente en su vida. Una de sus grandes pasiones, como el mar. No por casualidad el título genérico de su columna en LA RAZÓN era «Red de Arrastre». Antes, en «Abc», se llamaba «Desde mi batel». El mar, del que disfrutaba en su querida Águilas, su refugio de verano. Esos viajes eran lo único que le hacía faltar a su cita semanal con los lectores. Cada viernes estaba su columna en el correo de la sección de Deportes. Y si no estaba normalmente era la técnica la que fallaba. No él.

La excusa era el deporte, pero nunca dejó de interesarle España ni la política. En su diario semanal mezclaba a Pablo Iglesias con Messi y no solía dejar indiferente. Era costumbre en los primeros años de vida de este periódico recibir la llamada de un lector, «el anticuario del Rastro», que no podía evitar enfadarse con cada columna de Miguel. Pero tampoco podía dejar de leerla.

«Estoy jodido», dijo en la despedida que acompañaba en el correo su última columna. Llevaba tres días con fiebre por culpa de una infección que se extendió hasta llevárselo. Se marcha dejando la memoria de lo escrito y lo contado. A nosotros, nos deja a su hijo Javier, nuestro compañero y amigo. Puede marcharse orgulloso.