Atletismo: el récord más antiguo de la velocidad tiene los días contados

El noruego Warholm se queda en Estocolmo a 9 centésimas de la marca de Kevin Young en 400 vallas en 1992. Bruno Hortelano se lesiona en su regreso al 200

El de Estocolmo, en la reunión de la Liga de Diamantes, iba a ser el primer 200 de Bruno Hortelano en dos años. Es la prueba que va a preparar para los Juegos Olímpicos de Tokio y en la que sueña, incluso, con ganar una medalla. Se pone el listón alto porque considera que sólo con ese pensamiento se puede llegar lejos. Falta que las lesiones le permitan ver si está preparado. En julio de 2018 batió el récord de España (20.04) y la última vez que disputó el doble hectómetro fue en agosto de ese mismo año, en Getafe (20.56). El curso pasado estuvo casi en blanco por un problema en el tendón de Aquiles y ayer volvía a su distancia, después de dejar buenas impresiones en el 150 que corrió en Andorra, y en los dos 100 que hizo en Italia. Pero antes de la mitad de la prueba, zas: el latigazo en la pierna izquierda y a parar. Había salido bien, pero... «Ha sufrido un tirón en el isquio. En la última serie del calentamiento notó algo. La salida bien, pero ha notado que se le subía el isquio en la curva, le ha dado un tirón y para evitar algo peor, ha decidido parar. Lo médicos le han vendado», explicó en redes sociales su representante, Alberto Armas.

El noruego Karsten Warholm lo tiene en sus piernas. Lo tiene. Le falta clavarlo, que todo salga de cara. En la capital sueca, un toque en la última valla le impidió superar el récord del mundo más antiguo que queda en carreras. En los concursos es otra cosa: las mejores marcas de la historia de longitud, peso, altura, disco o martillo se remontan a finales de los ochenta o principios de los 90. En carreras, en hombres, sólo resisten los 46.78 de los 400 metros vallas que logró Kevin Young en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Warholm se quedó en 46.87, plusmarca europea y segundo mejor registro de siempre. El toque en la última valla le impidió hacer historia. Claro que lo mismo le pasó a Young en el obstáculo final en la Ciudad Condal. No se sabe cuando, pero el récord caerá. Tan claro lo tiene todo el mundo que Noah Lyles, el hombre destinado a ser el nuevo Bolt, aseguró en Twitter que lo que le sorprendía era que no hubiera batido el registro. Pero no tuvo bastante Warholm. Parece que no ha roto un plato mientras se peina su flequillazo, pero menudo bestia. Apenas había pasado una hora y media desde su carrerón y como en los 400 lisos quedaba una plaza, decidió competir también. Y pese a que no es su prueba y al esfuerzo acumulado, también ganó con unos notables 45.05. Ahí, sí, por fin, parecía que estaba cansado.

La otra prueba estrella de la reunión eran los 1.500, en los que el keniano Cheruiyot volvió a poder con otro noruego, otra estrella, Jakob Ingebrigtsen, en la última recta, mientras que Jesús Gómez acabó cuarto. La otra participante española fue Esther Guerrero, en un 1.500 en el que se corrió mucho (ganó la británica Muir por debajo de cuatro minutos) y la catalana hizo marca personal 4:03.13.

En pértiga, Duplantis superó de los seis metros (6,01) y ganó. Pero no pudo con los 6,15.