Naomi Osaka remonta para llevarse el Open USA ante Azarenka

La nipona derrotó en la final a la bielorrusa Azarenka por 1-6, 6-3 y 6-3. Es su tercer Grand Slam

Naomi Osaka es la nueva campeona del Abierto de Estados Unidos. La japonesa de 22 años se impuso en la final a la bielorrusa Victoria Azarenka por 1-6, 6-3 y 6-3 en una hora y 53 minutos de partido. Es el tercer Grand Slam que conquista la nipona después de hacerse con el Open USA hace dos años y con el Abierto de Australia en 2019. La victoria de Osaka supone que Azarenka se despida de su sueño de convertirse en campeona de un Grande siete años después y habiendo sido madre en 2016.

El triunfo de Osaka va mucho más allá de lo que sucedió en la desierta pista de la Artur Ashe. La japonesa ya fue número uno del mundo durante 25 semanas en 2019 y vuelve a meterse de lleno en la lucha por ocupar el trono vacío del circuito femenino. En lo que ya es número uno del mundo es en ganancias: 40 millones de dólares se ha embolsado entre el año pasado y lo que la pandemia ha permitido jugar en 2020.

El partido fue un monólogo de la bielorrusa durante la primera media hora. Sus palos dejaron a Osaka temblando. Se apuntó el primer set cediendo un solo juego y cuando la final parecía encarrilada para levantar su tercer Grand Slam resurgió la nipona. La cuarta cabeza de serie regresó a tiempo. Pasó de dominada a dominadora. Azarenka se encontró con una rival que empezó a hacer daño con sus golpes y la final se prolongó hasta la tercera manga. Osaka comenzó a manejar la raqueta como si fuera la tercera de las hermanas Williams. Potencia, control, golpes profundos, saques rozando los 200 kilómetros por hora... Azarenka se quedó sin argumentos y cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde.

La victoria de Osaka es una reivindicación más del movimiento Black Lives Matter. De madre japonesa y padre haitiano, optó por renunciar a la nacionalidad estadounidense en favor de la del país asiático, pero su apoyo a la lucha contra el racismo la ha convertido en la cara visible de las protestas en el circuito femenino. Los casos de violencia policial la llevaron a renunciar a disputar la final de Cincinnati precisamente ante Azarenka. En Nueva York ha salido con una mascarilla diferente cada día con el nombre de una víctima por racismo.